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Jorge Alfaro: en el arte, tanto el creador como el consumidor debe comprometersen

Xavier Rosado * Para el escultor Jorge Alfaro, tanto el artista, como el consumidor de arte, deben comprometerse con su pintura, arriesgándose a proyectar las fibras internas de su ser, sin preocuparse si el resultado es comercial o no.

“Todos los artistas que han trascendido en la historia, son aquellos que han expresado su propio arte, sin importarles la reacción del público, eso es lo que falta en México. La figura del indígena es muy bonita, se vende muy bien y entiendo a los que lo hacen porque hay que comer, pero eso es superficial, debe haber un espacio también para la expresión individual”, manifestó el escultor.

Aunque nació en la ciudad de México en 1963, llegó a Acapulco en 1967 en donde creció en un contacto pleno con el mar, aelemento que le agrada sobremanera.

La pasión por el arte llegó a él casi por herencia, transmitida por su padre, el arquitecto José Luis González Alfaro, quien participó en la construcción del hotel Acapulco Princess.

A los 18 años, en la búsqueda de una especialización en las artes plásticas, se vio obligado a viajar a la capital del país para estudiar tres años en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda, del Centro Nacional de las Artes, donde obtuvo las bases y la técnica de su disciplina predilecta, la escultura.

“De ahí me fui al Instituto de Artes Plásticas de Taxco que entonces era del gobierno del estado de Guerrero. Estudié un año y medio talleres libres de escultura. Ahí te decían ‘agarra tu piedra y aviéntate’ no era tanto seguir el método como en La Esmeralda, con esa experiencia fue donde realmente me convertí en escultor”, expresó Jorge Alfaro, como lo conocen en el ámbito cultural.

Manifesto que la abundancia geológica del lugar, le ayudó a perder el miedo a meter el cincel en el mármol, en la cantera o el ónix, ya que en Taxco, todos estos minerales y más, podían recogerse incluso del suelo, sin necesidad de comprarlo.

Además de concluir sus estudios en Taxco, tuvo la oportunidad de viajar a Suecia, donde tomó un curso de cerámica, material que le gustó para enfocarlo a la escultura.

“Ultimamente he estado trabajando en cerámica, buscando que se reconozca y se entienda que es escultura, porque la cerámica es tomada como artesanía, yo doy la calidad de escultura a las piezas con un trabajo de días y en algunos casos hasta de semanas, con resultados muy positivos”.

Anunció que dentro de un año aproximadamente, tendrá el material suficiente para dar una exposición en la que incluirá temas como la locura, los indigentes, y el erotismo, para los que no solamente usará cerámica sino también mármol, bronce y también algunas pinturas.

“Desde 1986 radico en Acapulco y aquí he trabajado como se ha podido; lo que hecho es buscar trabajos relacionados con la escultura que me den para vivir, que me den trabajos por encargo sin estar empleado en una empresa, para seguir en mi taller, con los mismos materiales, pero sin abandonar la carrera.

“Yo podría irme a una compañía publicitaria como diseñador, tener una chamba, salir a las siete de la noche, pero esto no me permitiría seguir trabajando como escultor, porque se requiere además de tiempo, un espacio adecuado y tu integridad física, porque requiere mucho desgaste”, manifestó Alfaro.

Dijo que su carrera como escultor ha sido pagada principalmente por sus los encargos especiales que le hacen, como escultura urbana y trabajos de decoración y arquitectura.

“Los encargos son obras que generalmente son para decoración, los arquitectos dicen quiero una cabecera de cama, una fuente, objetos de diseño especial; pero también está la otra parte la obra urbana, los monumentos cívicos que eso es escultura, pero no es mi escultura, aunque me da para vivir”, indicó.

“Si yo por mi gusto decido hacer un personaje, yo me involucro con él y lo desarrollo pero si alguien me encarga una obra es su interés personal y ya para mí se convierte solamente en un contrato”.

Entre las obras que Jorge Alfaro ha hecho para la imagen urbana se encuentra la escultura ecuestre de Simón Bolívar que está ubicada en el colegio del mismo nombre en Granjas del Marqués y el busto de tres metros de altura que está en el colegio de Palma Sola.

Otro de sus monumentos urbanos, encargado directamente por la compañía que urbanizó la colonia Luis Donaldo Colosio, fue la imagen de este extinto político, meses después de su asesinato.

“Tardé seis meses en desarrollar esa escultura y lo interesante de ella es la posición en la que está el personaje, porque está dando un paso al vacío o un paso a la muerte, como se quiera interpretar. Y yo lo pensé así porque en cierta forma, las acciones de Colosio, sus discursos fueron como un paso al vacío para él”, explicó.

Mencionó que en su momento la estatua causó cierto desconcierto entre los políticos que vinieron a inaugurar la colonia, especialmente el entonces presidente de la república, Ernesto Zedillo, quien se rehusó a inaugurar la obra cuando vino a cortar el listón para la unidad habitacional Colosio.

“A pesar de que era un encargo para una obra cívica, busqué la forma de expresar algo por medio de la escultura, quise decir algo importante, algo que nos había llegado a todos de una u otra manera, la vida y los proyectos inconclusos de Colosio”.

Manifestó que en Suecia también hizo algunos trabajos arquitectónicos, una fuente-recibidor y también algunas esculturas en madera en palo de rosa El espíritu y la carne así como algunas en barro que surgieron del curso que tomó en aquél país.

En cuanto a su obra personal, mencionó que desde su regreso a México comenzó a trabajar en talla en madera, lo que culminó en una exposición individual, Madera de libertad en la que exhibió 13 piezas en madera.

En cuanto a los temas que motivan su creatividad como artista, comentó que en sus primeros años, tuvo una época de búsqueda de la libertad y el desarrollo personal, el conflicto que surge al encontrarse con sí mismo.

“El artista es conflictivo o no es artista. Cuando una persona que se dedica al arte tiene resueltos todos sus problemas, su trabajo resulta superficial, algo light, como Botero o Marta Chapa. Casi todos los artistas llevan una lucha intrínseca, el mismo proceso de creación resulta apocalíptico, una obra de arte siempre es un parto, un espejo de ti mismo”, dijo el escultor.

En la búsqueda de su expresión individual, mencionó que también buscó en el erotismo donde marcó su conflicto interno.

“Hice varias esculturas donde no aparece la cabeza de la mujer, eso no tiene nada qué ver con la negación de la inteligencia de la mujer, porque soy feminista al 100 por ciento, es solamente una expresión particular que todavía me queda por definir ya que no me percaté de ello hasta que terminé las esculturas, que ninguna de ellas mostraba su rostro”, confesó.

Después de la madera vino la talla en ónix y en mármol, el trabajo sobre piedra, “esto lo consideré un avance técnico porque implica mayor dificultad, más riesgos al trabajar la obra, pero no un mayor valor artístico, porque una talla en madera tiene tanto valor como un mármol”.

“Toda esta etapa fue figurativa, con temas específicos, pero después comencé a trabajar con la figura humana como base, pero rompiendo con esquemas, empecé a ser figurativo, a manejar símbolos como lo terrenal, la naturaleza, los instintos, lo espiritual, lo divino, lo intelectual, lo creativo, los valores del ser humano, todo en diversos elementos de mis obras”, expresó.

En cuanto a la siguiente exposición que tiene preparada, mencionó que está trabajando para presentar 10 esculturas en cerámica, mármol y bronce y 10 cuadros en técnica mixta.

“Voy a utilizar el tema de la exposición erótica que vaya más allá de las mujeres sensuales o las parejas, sino más hacia la relación sexual, el éxtasis, el orgasmo. Creo que debemos comenzar a ver un tipo de arte más comprometido, menos comercial, que ponga en riesgo al artista, que provoque que te difamen, que te tachen de loco, depravado, cualquier cosa, pero que genere una impresión permanente en el público.

Agregó que así como el artista asume su compromiso, el comprador debe aquirir el suyo con obra que contenga un significado implícito.

“No se han comprometido a comprar obra que implique un riesgo, el comprador debe aprender a comprar arte que tenga un compromiso que no se ha asumido, una obra que manifieste un drama, una expresión política, emocional, social, sexual, pero que diga algo y vaya más allá del elemento decorativo”, finalizó.

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