Héctor Manuel Popoca Boone
¿Ya lo asaltaron?
Si no es así, es usted un ciudadano que ha tenido verdaderamente buena fortuna y suerte en demasía. A partir de la encuesta nacional de inseguridad en las entidades federativas, se captaron las amargas experiencias, el testimonio y la visión de los múltiples mexicanos que han pasado por esa terrible por lo sufrible y no deseada situación.
En el primer semestre del año pasado se registraron 3.7 millones de víctimas en el ámbito nacional. Pero son muchas más, porque buena parte de los atracos no fueron denunciados ante las autoridades correspondientes o captados en la encuesta. Además la víctima no es sólo la persona agraviada, sino también quienes conviven con ella. El miedo, la impotencia, el dolor, la rabia y la indefensión se propaga a familiares, vecinos y amistades. Por si fuera poco, uno de cada cinco hogares con víctimas de asalto o robo, tuvieron la mala fortuna de sufrir estas afrentas en más de una ocasión, durante el semestre del levantamiento de la encuesta.
La delincuencia es de suyo grave porque desgarra a la sociedad en su esencia; al minar moral, física y económicamente a su núcleo fundador y aglutinador que es la familia. Según los interfectos, los delincuentes son sobre todo hombres jóvenes y los delitos más generalizados son el robo o el asalto en la vía pública, en casa habitación y en el transporte público.
La mitad de los delitos se cometieron con violencia y la mayor parte de las veces la víctima fue amenazada con pistola. Es impresionante el mercado negro de armas en nuestro país. Cualquiera puede allegarse una arma de cualquier tipo. Solamente uno de cada cinco delitos es ejecutado por delincuente solitario, la mayoría de ellos son ejecutados en complicidad y contubernio por dos o más personas; que por lo mismo, entran en una espiral de mayor organización, frecuencia y violencia, de la que resulta después difícil de desprenderse. Sus familiares, las colonias en que habitan y barrios, poco a poco, se tornan en cómplices de protección y encubrimiento de la acción de los cuerpos de seguridad pública. Quien entra a delinquir en asociación, difícilmente pude después salir por voluntad propia.
Roban los jóvenes por diversas causas y circunstancias. La económica reside en el hecho que por más de dos décadas, no ha habido creación de empleos suficientes para los hombres y mujeres que llegan a la edad de convertirse en personas económicamente activas. Los insuficientes trabajos que se ofrecen son poco estables y con salarios bajos, o por el contrario, muy exigentes en sus requisitos de ingreso.
La desintegración familiar, ante la necesidad imperiosa de salir a buscar el sustento cotidiano, empujando también a la madre y a las hermanas, hace que muchos niños y adolescentes permanezcan en la calle mucho tiempo, expuestos mediante varias formas de violencia, intimidación, chantajes y presiones a incursionar en las actividades delictivas.
El cine y la televisión son dos escuelas subliminales para la delincuencia y el crimen. Por una parte, difunden mensajes y ejemplos donde se despierta el deseo y el apetito para la vida fácil, consumista, suntuaria y hedonista que no está al alcance del ciudadano medio, no se diga del pobre. Por otra parte exhiben que el delinquir con astucia y aprovecharse del prójimo son condiciones necesarias para tener dinero fácil y ascender en la escala social; mostrando artes y medios de toda naturaleza para lograrlo.
Otra circunstancia favorable para una carrera delictiva son las diversas formas de comercio informal, ambulante o callejero, que se constituye en un mercado ideal para objetos robados por la inexistencia de registros y facturas; además que constituyen espacios urbanos alterados que impiden una adecuada vigilancia. Los delincuentes tienen en el desorden urbano un verdadero escudo y garantía de impunidad para actuar.
Medio propicio lo es también la falta de vigilancia y control riguroso del transporte público urbano, suburbano y federal, en donde se cometen gran cantidad de delitos, secuestros express y violaciones, además de los robos a los pasajeros. Donde a los choferes se les atribuyen fuertes sospechas de colusión con los delincuentes, no se diga los que operan transportes piratas. Camionetas de carga y motocicletas que circulan sin placas, nos explican por qué son medios ideales para asaltar automovilistas en los congestionamientos vehículares, altos de las esquinas o a peatones indefensos. Hoy en día, los teléfonos celulares, aparatos inalámbricos de intercomunicación y sistemas de transmisión por radio, mediante bandas especiales, permiten tener un alto grado de eficacia a los hampones.
Cada vez más, en los actos delictivos, se encuentran involucrados policías en activo o ex policías que cuentan con alta capacidad del know how sobre el asalto, robo o secuestro. Por último, 82 de cada 100 delitos no se denuncian ante el Ministerio Público. La respuesta ciudadana se sintetiza en dos frases: desconfianza en la autoridad y porque al final de cuentas, es pérdida de tiempo.
PD. En el entorno de un pueblo pobre, tienen su razón de ser los políticos. Dentro del contorno de un pueblo en progreso, tiene su razón de ser el estadista.




