Netzahualcóyotl Bustamante Santín
PRD, escisiones y reencuentros
El viernes 27 de abril, la efímera ex presidenta nacional del PRD, Rosario Robles Berlanga, estuvo en Acapulco para apoyar la candidatura de Enrique Peña Nieto, aunque aclaró que lo hacía sin estar formalmente en el PRI. Días después, el 2 de mayo, los ex integrantes de la corriente Nueva Izquierda, René Arce, Víctor Hugo Círigo y Ruth Zavaleta ofrecieron al candidato priísta el respaldo de su grupo conocido como “Movimiento de Izquierda Alternativa”.
Siguiendo con el ejemplo en Guerrero, René Lobato y Heriberto Noriega Cantú se pronunciaron en similares términos, en un acto efectuado en Acapulco este sábado.
Son todos ellos, militantes de izquierda que sucumbieron a la tentación de rendirse abiertamente al priísmo, al ver canceladas sus posibilidades de crecimiento y fuerza al interior del PRD.
En realidad estos personajes siempre se mantuvieron condescendientes con los panistas (como sucedió con Zavaleta durante el periodo en que fue presidenta de la Cámara de Diputados) y con los priístas.
Trabaron, estrecharon y cultivaron una relación política estratégica con Felipe Calderón a quien reconocieron como presidente legítimo, pese a la postura contraria asumida por gran parte de la militancia perredista. En esa lista de colaboracionismo figura también el senador Héctor Bautista cabeza del grupo Alianza Democrática Nacional (ADN) acompañado de Ángel Cedillo y Luis Sánchez.
En el Congreso Nacional perredista efectuado en agosto de 2007, en la mesa temática correspondiente a la Línea Política, una mayoría encabezada por Nueva Izquierda se opuso a la propuesta de no tener acercamientos con el gobierno encabezado por Calderón.
A partir de entonces quedó claro que Los Chuchos habían trazado ya un distanciamiento con la posición de Andrés Manuel López Obrador y buscaban diálogo y hasta conciliación con el calderonismo.
Esa actitud de benevolencia les fue recompensada un año después al ser ungido Jesús Ortega presidente nacional del sol azteca, por un mandato del tribunal electoral federal, validando con ello, un cuestionado proceso de elección interna.
En 2009, el ex guerrillero René Arce y sus amigos Círigo y Zavaleta se separaron del PRD en protesta por la puesta en marcha de una operación política en Iztapalapa mediante la cual se desconoció a la candidata oficial del PRD (esposa de Arce) y se impuso a Juanito como candidato a Jefe delegacional de esa demarcación.
Ya antes López Obrador había marcado un deslinde de ese trío, al acusar a Zavaleta de haberse dejado “agarrar la pierna” por el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, tras una reunión sostenida con éste en enero de 2008. La entonces presidenta de la Cámara respondió al jefe de Gobierno que era un “buscapleitos de taberna”.
Rosario Robles tenía tiempo fustigando al PRD y ahora se ha abierto de capa para respaldar abiertamente la candidatura presidencial de Peña Nieto “porque es el único que tiene propuestas claras para México” según ha dicho.
La ex pareja sentimental del empresario argentino mexicano Carlos Ahumada, que desde su expulsión del PRD ha buscado desesperadamente acomodo en otro partido, ha llegado al extremo de alinearse al priísmo como una estrategia de mantenerse en la vida pública y política. En algún momento se habló de que ella sería la posible candidata del tricolor a la Jefatura de Gobierno de la ciudad de México en lugar de Beatriz Paredes. Quizá en el PRI valoraron que corrían el riesgo de tener una candidata sumamente vulnerable.
De René Lobato y Noriega Cantú su actuar es conocido. Miembros del grupo político de Armando Chavarría (antes Lobato fue fiel seguidor de Félix Salgado), en la pasada campaña a gobernador el ex dirigente estatal del sol azteca expresó su desacuerdo con la candidatura de Ángel Aguirre (el candidato “prestado” por el PRI al PRD según René Juárez) y apoyó a Manuel Añorve.
Lobato y Noriega pertenecieron al Polo Guerrerense de Izquierda, una suerte de representación tricolor en el PRD local, a juzgar porque algunos de sus miembros se reunían públicamente con Rubén Figueroa, Añorve y otros no precisamente para tomarse la foto sino para tomar acuerdos.
La salida de ambos personajes no sorprende, es la consecuencia natural de su comportamiento político reciente. Por lo menos fueron consecuentes e hicieron pública la decisión de adherirse al PRI, aunque otros sin abandonar el PRD trabajen políticamente para aquel partido.
Estos dos personajes más bien son la avanzada del PRD en el tricolor. Recuérdese que Armando Ríos Piter buscó a Rubén Figueroa para pedirle apoyo a su postulación a la Cámara de Diputados según confesó el entonces presidente estatal del PRI, Marco Antonio Leyva; recuérdese que Sebastián de la Rosa buscó a Héctor Astudillo para que encabezara la candidatura a la gubernatura (y más recientemente se habría reunido con Claudia Ruiz Massieu al no saberse favorecido con la candidatura al Senado); y qué decir de David Jiménez Rumbo y sus furtivos encuentros con Figueroa.
A la luz de estos acontecimientos, puede entenderse la transitoria presencia del conspicuo priista César Flores Maldonado en el PRD, a donde ingresó a través del PGI.
En fin, que nadie debiera asombrarse de la diáspora ni las defecciones perredistas; pasada la elección todos aquellos personajes que abandonaron esta formación política volverán por sus fueros con total libertad sin ninguna sanción por haberse ido a otro partido, se reencontrarán con sus antiguos compañeros y además reivindicarán y defenderán –como lo acaban de hacer Jiménez Rumbo y Ríos Piter– “el legado histórico” que representa el PRD y la izquierda guerrerense.




