Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

CARTAS (De Pablo Morales, sobre el desplegado firmado por Joel Castillo)

Señor director:

Mucho agradeceré la publicación en su prestigiado diario de nuestros comentarios en relación a la inserción pagada a nombre del contador público Joel Castillo Gómez, quien la firma como fundador del Partido de la Revolución Democrática.

Por principio de cuentas le recordaré que su acercamiento a nuestro partido se da en 1998, luego de que su partido, el Revolucionario Institucional, decidiera que la seccional de la colonia Brisas del Mar fuera la señora Fe Cristina de Sarabia; debo decirle que fue hasta el proceso de elección interna en 1998 cuando empieza a participar, primero en apoyo del compañero Félix Salgado Macedonio, y después del doctor Jaime Castrejón Diez.

Coincidimos en algunas apreciaciones sobre el profesor Horacio Baena y la señora Lucía Juárez, a quien su servidor conoció en la colonia Zapata, cuando ella era seccional del PRI y su servidor secretario de organización del PRD, en aquellos años difíciles de plena construcción de nuestro partido.

Efectivamente la constancia, la entrega, la convicción, el respeto a nuestros principios, a los derechos de los demás, el reconocimiento al trabajo partidario, deberían ser valorados y reconocidos por nuestra dirigencia. Hoy, lo que prevalece es el oportunismo, el agandalle, el nepotismo y la imposición. Como ejemplo: el caso de los regidores y síndicos de nuestro municipio, quienes llegaron a ocupar estos espacios, algunos gracias a la cercanía con el entonces candidato a presidente y otros más lo resolvieron negociándolo con el actual presidente municipal y directivos de nuestro partido. Algunos en pago de aceptaciones anteriores; aunque con esto se tuviera que romper con toda una historia en la lucha social, casos como el de un regidor de Ciudad Renacimiento, quien en la elección presidencial del 2000 se dedicaba a la mapachada por el Revolucionario Institucional; o como el de Plan de los Amates, quien se quitó la playera del PRI, cuando supo que lo habían integrado en la planilla de regidores del PRD. Otro más inteligente, en la elección interna del PRI en el 2000 apoyó a Ernesto Rodríguez Escalona para que fuera candidato y posteriormente diputado federal, y el caso más sobresaliente de nuestros ediles es el de aquel que fue uno de los más destacados promotores del partido México Posible.

Es cierto que nuestros estatutos facultan a la dirigencia nacional para imponer candidatos, en aquellos estados, municipios, distritos en donde el PRD no tenga presencia o no se den los acuerdos entre los aspirantes, que no fue el caso de Acapulco, en donde sí se dieron acuerdos entre los aspirantes y la dirigencia nacional para la realización de una encuesta, cuyos resultados no se dieron a conocer, violando con ello los derechos y los principios de los militantes y estatutos del partido.

Desafortunadamente el neopragmatismo que se vive en nuestro instituto político hace que algunos compañeros que hoy ostentan la “concesión del partido”, piensan que la sociedad a nombre de quien ellos se ostentan como sus representantes, cree las verdades que ellos inventan, no se acuerdan o pretenden ocultar su propio origen y la forma cómo llegaron a ocupar los cargos que han tenido. Se les olvida que quien acuñó aquellos calificativos “del partido de la violencia y la sangre”, de “los huarachudos apestosos”, hoy se construyen edificios de cuatro niveles en pleno centro de la ciudad; se nos olvida de cómo el actual presidente municipal fue impuesto como candidato a diputado federal en 1997 en el Frente Cívico por el contador público Zeferino Torreblanca Galindo, provocando con ello la primera división interna de este pequeño núcleo de ciudadanos. Se nos olvida también que la golpiza que nos propinaron los antimotines frente al hotel Princess, fue ejecutada por el actual presidente municipal por órdenes de su entonces jefe, el extinto José Francisco Ruiz Massieu.

Nos quieren confundir ahora con la supuesta recuperación para los acapulqueños del antiguo edificio del ayuntamiento del centro, cuando fue él mismo quien firmó la venta de éste a la CAPAMA, en el trienio de René Juárez Cisneros, y que lo único que desconocen los acapulqueños es en dónde quedaron los millones de esta venta ilegal.

¿Pensaron acaso que desconocemos que la campaña en contra de los disidentes de nuestro partido se orquestan desde la oficina de la presidencia? Y si no es así, ¿de dónde pagó Joel Castillo Gómez las inserciones publicadas en los principales diarios de nuestra ciudad?

 Atentamente
Pablo Morales García

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