Arturo Martínez Nateras
Fabrica de Letras
Respetar al IFE
El IFE es el único árbitro del mundo al cual no hay que mentarle la madre.
La prolongada lucha por un sistema electoral democrático tuvo en su creación un logro fundamental.
El IFE es la autoridad político-electoral más respetable del país y, como le encanta decir a Pepe Woldemberg, árbitro del proceso electoral, es el fruto de un cambio sustantivo en materia polítco-electoral. Antes del IFE vivimos la era del dominio del gobierno sobre las elecciones que tenía en la Comisión Federal Electoral a su correa de trasmisión. En ella predominaban el gobierno y el partido del Estado.
El IFE está integrado por un total de 26 consejeros, nueve con derecho a voto, que son los consejeros ciudadanos y, diecisiete, sin voto que son el secretario ejecutivo, los representantes del poder Legislativo y los de los partidos políticos nacionales. El IFE tiene entre sus facultades relevantes, que lo hacen una institución innovadora en el sistema político, la facultad de elaborar y proponer su presupuesto.
Los consejeros ciudadanos del IFE son elegidos con el voto de las 2/3 partes de los diputados o de los integrantes de la Comisión Permanente (mayoría calificada), para un lapso de siete años y entre ellos designan al Presidente. Los consejeros perciben ingresos similares a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El IFE tiene una sólida y bien acreditada autoridad moral y ha ejercido ejemplarmente sus funciones. Desde su fundación la honestidad electoral se ha enriquecido y la cultura del fraude y de la corrupción se han debilitado notablemente. La organización, el desarrollo, la calificación de las elecciones salieron de la nota roja. Hoy el voto se cuenta bien y vale. El IFE actuó atinadamente en el caso de los recursos desviados de Pemex y seguramente que resolverá de acuerdo a derecho el caso de Amigos de Fox.
Los integrantes del IFE actual fueron elegidos en 1996 y terminan su mandato en octubre de este año. José Woldemberg K. por ningún motivo buscará un nuevo periodo como Presidente.
Hay infinidad de pendientes que fortalecen la tesis de la urgencia de una nueva generación de reformas en el sistema electoral mexicano.
Algunos partidos, de manera relevante el PRI, editorialistas y medios despliegan una ofensiva de críticas encaminadas a desacreditar al IFE. En el fondo se encuentra un esfuerzo deliberado para forzar una involución del carácter autónomo del Instituto, de la naturaleza ciudadana, no partidista de los consejeros. Todo lo contrario. Pasadas las elecciones del 6 de julio ocupará uno de los puntos de la agenda nacional la elección del nuevo Consejo. Los consejeros ahora más que hace seis años deberán ser ciudadanos conocedores, respetados, desligados de la militancia partidista. Me parece oportuno que la Cámara de Diputados integre una comisión de propuestas abierta a la sociedad y que no sean ya sólo los partidos, por conducto de los diputados quienes monopolicen el derecho a postular. Aquí esta el problema de fondo.
Por lo pronto es pertinente contrarrestar la campaña de descrédito. Las reglas del juego del sistema electoral mexicano están contenidas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales y todos los ciudadanos estamos obligados a atenernos a sus normas, especialmente los candidatos y los partidos políticos. Los medios de comunicación, los líderes de opinión están obligados a contribuir a crear una cultura de respeto pleno e incondicional al Estado de derecho. Después del 6 de julio empieza el tiempo de tronar cuetes, de debatir, dialogar y proponer el sentido y el contenido de la reforma electoral que evidentemente es necesaria rumbo al 2006.
Cajita de Olinalá. Dispongo de ejemplares de la Constitución y del COFIPE para los lectores que los soliciten. [email protected] http://es.geocities.com/amnateras




