Carlos Pérez Aguirre
La continuidad de la corrupción
Gobierno tras gobierno los ciudadanos de Guerrero no hemos visto recientemente más que una sucesión de mandatarios estatales y sus administraciones acusados e involucrados en problemas de corrupción. Así fue con Rene Juárez, con Zeferino Torreblanca y ahora Ángel Aguirre.
Cuando Zeferino ganó la gubernatura por aplastante mayoría, con el mandato de ese voto lo que la población mas deseaba era erradicar la corrupción, la falta de cumplimiento de promesas, el nepotismo, la demagogia, el uso personal de los recursos públicos, el enriquecimiento de funcionarios.
Recordemos que Zeferino arrancó aplausos en su toma de protesta –de hecho la más larga ovación a una de sus promesas fue cuando anunció que revisaría y castigaría los casos de corrupción que se detectaran–. Ya en el poder, inició auditorías en varias dependencias y destacó el caso de la Secretaría de Salud en donde se detectaron millonarios desvíos (por cierto hoy los involucrados ocupan de nueva cuenta importantes puestos, incluso en subsecretarías donde se manejan recursos millonarios).
Sin embargo, una vez concluido el sexenio no hubo castigo para los implicados, pero pronto se entendió la razón del encubrimiento: una aún más escandalosa corrupción entre la que destacaba la descubierta en esa misma Secretaría de Salud y también en el área de Finanzas de la Secretaría de Educación Guerrero, ambas dependencias manejadas por amigos del entonces gobernante, hoy boyantes inversionistas derrochadores de recursos.
Esa situación marcó la ruta del descrédito del gobierno zeferinista, luego también se corroboraron sus acuerdos con el cacicazgo figueroista.
Hoy de nueva cuenta se repite la historia y después de una gran alharaca mediática que culpó con pruebas de los desvíos, desfalcos, malversaciones y hurtos en las áreas ya mencionadas del gobierno anterior, el actual gobierno del estado recula e incumple su deber: no hace nada para castigar las corruptelas detectadas y hoy nos enteramos que ha exonerando a funcionarios del gobierno zeferinista de la responsabilidad por haber comprado un helicóptero chatarra que nunca pudo volar y que costó nada menos que, según la información periodística, más 39.5 millones de pesos.
Todo fue entonces un acto de demagogia y pirotecnia barata para que la ciudadanía pensara que este gobierno sí era diferente y cumplía. Pero evidentemente no, y la pregunta es ¿por qué?, ¿acaso por que está realizando las mismas prácticas? Esa información se filtra día a día a la prensa y reseñan ejemplos diversos como el caso de las despensas, artículos eléctricos y materiales, que estaban prácticamente escondidos en diversas bodegas, pues no se habían repartido para el fin a que estaban destinados, que era cubrir las necesidades de los damnificados por las lluvias del año pasado.
Ahora vemos el uso de estos artículos en campañas para los júniors, denuncias del gran nepotismo fomentado con recursos públicos, como una abultada nómina desviada para uso de parientes y amigos. Estos son desvíos que en su momento deben ser investigados por el gobierno federal y sobre todo por el próximo gobernante, pues de no hacerlo así, se desprestigiará de manera rápida ante la falta de sanciones a los funcionarios y gobernantes corruptos. Cabe señalar que un resultado de esa corrupción es también el agravamiento de la delincuencia, por que cada vez con la sustracción –robo– de los recursos públicos, se invierte menos y se crean menos fuentes de empleo y la brecha entre los que algo tienen y los que nada tienen se amplía.
Y sin expectativas muchos jóvenes por desgracia delinquen, con el objetivo de mejorar en algo su condición. Así, la corrupción nos afecta en diversas formas, no genera obras, no genera empleos y sí genera frustración y hambre, o sea, el caldo de cultivo para la delincuencia. Por ello el próximo gobierno deber como prioridad encarcelar a los corruptos.




