Jaime Castrejón Diez
El dominó político
Las campañas políticas llegan a su fin, con una característica: son los partidos los que son reconocidos, nadie conoce realmente a los candidatos. Esto le da un nuevo perfil al proceso. Como antes no había duda cual partido tenía todas las de ganar, el problema del reconocimiento de las personas era menor. Con el cambio del equilibrio de las fuerzas electorales la situación cambió y los partidos utilizan sus recursos retóricos y de propaganda para tratar de mantener ciertas ideologías y perfiles porque a los candidatos casi no se les conoce. Si a esto agregamos que las candidaturas son parte de la estrategia de quienes dominan los partidos y tienen puestos los ojos no en esta elección sino en la que sigue, la identidad o virtudes o defectos de los candidatos no importan.
Estas nuevas circunstancias traen una reacción interesante que muestra esa mutación muy clara. Antes PAN y PRD protestaban porque el partido en el poder inauguraba obras y presentaba programas y esto se consideraba que se trataba de influir en la elección. Ahora toman esa nueva posición PRI y PRD y si alguna vez llega a gobernar el PRD, entonces PRI y PAN protestarán. Los nuevos equilibrios del poder traen consigo una mutación en las actividades. Recuerdo en las épocas príistas a un conocido político, que ahora protesta, que decía: “El que manda, manda y luego vuelve a mandar”. Que las situaciones han cambiado no hay duda, pero ¿no le falta algo a nuestra democracia? O lo que sobran son los partidos.
Los que conocemos la retórica electoral sólo sonreímos con las posiciones de indignación de aquellos a quienes conocemos sus comportamientos anteriores. Lo triste de esta situación es que lo único que queda claro es que los grupos políticos de cualquier signo no saben como adaptarse a las nuevas circunstancias. ¿Es cuestión de principios? Creo que no, es escuetamente la lucha por el poder prescindiendo de argumentos ideológicos o éticos. Los que ya están se quieren quedar, los que están afuera quieren entrar. Este es el simplismo que priva en esta elección y ante el vacío de liderazgo y de personalidades lograr números se ha convertido en la razón de ser de los partidos. No importa si en el futuro tengamos una Cámara de Diputados gris, lo que importa es aumentar los números, la calidad ha dejado de ser un objetivo.
La posición cínica no es de los analistas, es de la “clase política” que no tiene más argumentos que descalificar al adversario. Un viejo político dijo un día: “La política es como el dominó: se respeta la mano, se repite la ficha y se le rompe la madre al de al lado”.
Con este rústico y folklórico marco teórico analicemos a los partidos.
¿Se respeta la mano? Empezando por el partido que tiene la presidencia creo que no; el Presidente Fox dice una cosa y el Jefe Diego la contradice y luego se queja del “fuego amigo”, claramente no se respeta la mano, ni siquiera se sabe quien es “mano” en este juego. ¿En el PRI? Las zancadillas son iguales: Madrazo vs Labastida, Salinas vs Zedillo; en fin la feria de las broncas. En el PRD, aún cuando todos se dan por muertos es Cuauhtémoc vs López Obrador, Rosario vs las tribus, los crédulos vs los incautos. Claramente ninguno de los partidos grandes respeta la mano salvo para hacer una señal obscena a sus compañeros.
¿Se repite la ficha? Tampoco, cada quien juega con sus propias reglas y “este es el juego de Juan Pirulero”, parece ser la ideología reinante en los tres partidos. Casos tan claramente vergonzosos como el pleito de Madrazo contra Berrueto que llegó hasta la Corte. Esto hace dudar de que Madrazo sea la mano en el PRI o que sus huestes entendieron qué ficha repetir, todo parece que el mensaje es claro: “¡Yo mero soy el candidato!”, pero la militancia y el electorado ven con recelo esta actitud que los puede llevar a mayores divisiones.
¿Romperle la madre al de al lado? Si, al de al lado, al de enfrente, a sus amigos, a sus cuates, a todo aquel al que se le pueda romper algo y que se deje. Ante la ausencia de candidatos con arrastre, lo más sobresaliente de la campaña han sido los pleitos internos. Lo malo es que esta es una elección que está destinada al abstencionismo, porque ni a los partidos ni a los grandes actores de la política les importa.
Después de analizar la política actual de México llega uno a la conclusión de que la lucha libre, sin reglas y sin límite de tiempo es un deporte fino.




