La virgen de Juquila me inspiró a dar masaje, dice Elsa Pérez Gil, La Oaxaca
Xavier Rosado * Elsa Pérez Gil va y viene en las playas de Caleta y Caletilla con una bolsa de plástico en la que guarda los pocos enseres necesarios para dar un masaje “relajante” a orilla de esas tradicionales playas.
Menudita y morena, le dicen La Oaxaca por ser originaria de Cacahuatepec, la tierra de Alvaro Carrillo. Tiene el don de convencer, porque no hay turista que se niegue a someterse a las delicias de sus suaves mano y de su aceite, que –según ella– contiene los secretos para curar “todas las dolencias del cuerpo”.
Sus manos han recorrido los cuerpos de Verónica Castro, Sergio Sendel y el Borrego Nava, clientes que son su orgullo, y lo corrobora enseñando las fotografías que así lo demuestran.
“Es que me buscan porque yo fui la primera que empezó lo de los masajes en Acapulco; a mí no me gusta presumir, pero yo y doña Mary fuimos las primeritas, cuando yo llegué de allá de Huatulco, donde también había empezado esta moda”, expresó.
Con su trabajo ella sola ha sacado adelante a sus 12 hijos, quienes la mayoría tienen una carrera técnica o su preparatoria terminada; su marido la abandonó hace ocho años, cuando se embarazó de su hijo el más pequeño.
“Yo no me preocupé porque Dios me quiere mucho y siempre está conmigo; así que tuve que empezar a trabajar y de qué pues, si nunca había aprendido a hacer nada. Pues que me voy a Juquila a ver a la virgen y le dije: virgencita, dentro de toda tu santidad ilumíname para conseguir un trabajo que me deje para sacar a mis hijos adelante, y mira, pues aquí estoy”, agregó.
Dijo que nadie le enseñó a dar masajes, sino que la virgen de Juquila, le dio la inspiración para darlos y también aliviar a la gente que solicita sus servicios. También hace trencitas y hace limpias con albahaca.
“A ver güerito, ven para acá, se ve que te tienen mucha envidia”, le dijo a uno de sus clientes y le pasó el ramo de albahaca por todo el cuerpo, especialmente en la nuca, en las manos, en el estómago y en la espalda, luego lo golpeó con las hojas por todo el cuerpo, su cliente solamente cerraba los ojos.
Luego le enseñó el manojo: “mira cómo se secaron las hojitas, para que veas que no es cuento lo que te digo, tú no tienes odio en tu corazón, pero a ti hay gente que no te quiere”.
Para los masajes da un tratamiento diferente, ella misma promueve las bondades de sus servicios.
“Esto es muy bueno, vas a ver, nadie aquí da los masajes como yo además (saca una sábana de su bolsa) traigo mis cosas limpias, para que la gente se anime a darse un masaje conmigo”, expresó.
El servicio consiste en que el cliente se acuesta boca abajo y La Oaxaca aplica su aceite –preparado con sábila y canela, como confesó ya que entró en confianza– en la espalda, brazos y en las piernas, haciendo presión en los puntos donde se acumula la tensión.
Después, boca arriba el cliente, da masaje en los muslos, en el pecho y en el estómago. Una vez relajados estos puntos, el cliente se debe sentar para recibir el masaje en las sienes, en los hombros, brazos y en las palmas de las manos.
Acerca de los artistas que le han requerido sus servicios, comentó que vienen con ella año tras año, que ya la conocen y la buscan cuando llegan; “sobre todo porque platico con ellos, yo creo que les caigo bien”.
“Por ejemplo, Verónica Castro es una señora bien linda, yo por lo regular cobro 50 pesos por masaje, pero ella, sin que yo le pida, me dio 200 pesos; es muy agradable, está chaparrita también, casi como de mi tamaño”, platica entre risas.
Dice que después de que ella y su comadre, doña Mary, comenzaron a prosperar en el negocio de los masajes playeros, llegaron muchas otras mujeres a querer dar el mismo servicio que ellas, sin embargo, comenta que han degradado el masaje porque no lo saben dar adecuadamente.
“Yo les he dicho que aprendan bien, que usen buenos aceites, que sepan qué es lo que le duele a la gente para que por lo menos lo curen de su mal; pero no, piensan que las quiero mandar, que las quiero quitar del negocio, cuando aquí hay para todos y ya mejor no me meto con nadie”, dijo la masajista.
“Como ven que a mí me va muy bien, pues han llegado muchas otras a querer hacer lo mismo, yo nunca les digo nada, pero luego aquí hay señoras muy malas, que les echan montón a las que quieren venir a vender aquí y luego hasta las golpean y las sacan de la playa con malas formas”, denunció La Oaxaca.
La masajista está acreditada para hacer trencitas por la Unión de Trenzadoras Típicas y Prestadoras de Servicios Turísticos de Caleta y Caletilla A.C. y comenta que nadie puede dar estos servicios si no está autorizada por esa agrupación.
“Pero hay que estar preparados, yo por ejemplo hablo inglés y un poco de francés pero porque fui a estudiar ocho meses a la academia de inglés y además sé aplicar la psicología con mis clientes, para darles ánimos, que se recuperen de sus tensiones cuando andan por acá de vacaciones, pero bueno cada quien…”.
“Por ejemplo, el masaje que doy en las sienes, también tiene un propósito además de relajar al cliente; con esto yo estoy transmitiendo energía positiva a través de mis manos, para que sus problemas se solucionen. También cuando les sobo la columna, les doy terapia para que caminen bien, derechitos”.
Dijo que la virgen de Juquila, le ha ayudado a ser sensible a las dolencias de la gente, a sentir el pulso, a detectar cuando las articulaciones no funcionan adecuadamente, los puntos que hay que estimular en los pies para calmar los nervios.
“Aquí en los pies es donde acumulamos más tensiones y si llegamos a la casa y después de quitarnos los zapatos, pisamos el suelo frío, por eso vienen las reumas, pero para eso estoy yo aquí, para quitarles las dolencias”, dijo finalmente.




