Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

CARTAS (Respuesta del reportero Aurelio Peláez )

Señor director: 

De pronto me levanto y soy omiso y misógino, falso e ignorante, doloso y tendencioso. Lo peor, güevón. Total, una verdadera cucaracha kafkiana. No me reconozco en el espejo de la maestra Ojeda.

Creo que por mi bien debí haber mencionado que la señora Ojeda estuvo en el presídium y que Morlino era un eminente discípulo de Sartori, pero a veces lo noticioso no es lo más importante, según se lo escuché a un maestro de periodismo.

Defiendo primero el texto: es una crónica, no una nota, y como tal, sujeta a apreciaciones personales que son, por supuesto, debatibles. Decidí optar por la crónica porque llegué tarde al evento –mi reloj detector de la puntualidad ajena se descompuso– y en el piensa piensa que hago, me encontré a un cuate universitario rondando en el pasillo con cara de ‘me estafaron, el aparato traductor se oye mal y el Morlino de vastísimo currículum está en un rollo muy conceptual, no te perdiste nada mejor acompáñame por unos cigarros’.

Eché un vistazo al salón y me causó curiosidad la gran presencia de políticos, y creo que referí como 40 nombres. Mi trabajo me dije, puede venir por ahí.

No referir a la señora Ojeda en mi crónica fue cierto una omisión, pero no un acto de misoginia. A la señora la entrevisté al final de ese mismo acto en un tema en que aludió a derechos de la mujer, nota ésta así en que referí su posición textual y que apareció el mismo día de la crónica sobre la presentación de Morlino. A la diputada Adela Román la mencioné en su función de política, no de mujer, y en muchas entrevistas que le he hecho la he buscado en su papel de política. En la crónica las mujeres salen ganando, por que se refieren los traspiés de más de tres “varones”, no sé si los contó.

Otro hincapié: cómo ser reportero y no morir en el intento. A lo mejor en Madrid los reporteros sí son felices pero aquí la hacemos de todo. Quizá por eso no asimilé las aportaciones científicas del ponente. En mi descargo puedo decir que apliqué la regla del control de daños e intenté una apretada síntesis para los lectores de El Sur –con algo de fuente indirecta– con el riesgo de ser cachado en error por los especialistas. No siempre se es feliz en el intento.

En este trabajo uno corre el riesgo diario de que se le juzgue por una nota. Soy reportero y no creo que mi humilde trabajo lacere la imagen de un prestigiado político. Ya quisiera yo que me citaran en el Correo de la calle, de Italia: “Morlino, el discípulo más directo y allegado a Sartori, vapuleado por crónica de reportero tercermundista. Florencia clama: vendetta”.

Por lo demás, el reconocimiento que dio al politólogo el alcalde Alberto López Rosas, me pareció un exceso. Vaya, ofende mi estatus como ciudadano tal acto de queda bien de los promotores del mismo y del presidente municipal.

 

Atentamente

Aurelio Peláez

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