* Xavier Carreto A *
A Rosalba López Salgado, maestra ejemplar
Una responsabilidad de nuestra sociedad es reconocer a quienes le sirven con esmero, como podría ser el caso de nuestros profesores, médicos, policías o algún otro servidor público cuya labor es de gran ayuda para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos o para preservar la tranquilidad pública.
Valdría la pena recordar, en este último 15 de mayo, día en que festejamos a nuestros maestros, las palabras de Albert Camus, el escritor francés, Premio Nobel de Literatura del año 1957, después de recibir este reconocimiento, dirigidas a su profesor Germain Louis: “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto”. Y agrega: “… ahora tengo la oportunidad de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en su enseñanza, continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares”.
Estas palabras de Camus al maestro Louis, las quisiéramos ver repetidas en nuestro ámbito educativo guerrerense. Nos hace mucha falta que la mayoría de nuestros educadores asuma con responsabilidad su desempeño docente cotidiano que se vea reflejado en el aprovechamiento escolar de sus alumnos.
Pues no hay otra forma mejor de conocer el trabajo que cada día realizan nuestros maestros que observar el avance de sus educandos.
La educación pública en nuestra entidad tiene rato que ha dejado de cumplir con las expectativas que de ella se tienen, ya que hasta donde recuerdo tiene muchos años escolares en que éstos no se cumplen como están señalados y con ello el incumplimiento de los planes y programas de estudio, en otras palabras que los estudiantes cumplen su calendario escolar, pasando de un grado a otro o terminando sus niveles educativos, pero sin saber lo suficiente. Para comprobar lo anterior, basta escuchar a nuestros niños y jóvenes conversar para darnos cuenta que sus conocimientos son los que aprenden viendo la televisión, porque los obtenidos en la escuela brillan por su ausencia.
En el estado de Guerrero, la cobertura educativa es de 1 millón 54 mil 748 alumnos que son atendidos por 53 mil 229 profesores, en 9 mil 718 escuelas, desde la educación preescolar hasta la superior, pasando por la capacitación para el trabajo. Es decir, uno de cada tres guerrerenses están en el sistema educativo, al cual se destinan los mayores recursos de la sociedad, aproximadamente el 50% de los 18 mil 812 millones que tiene el presupuesto del estado para este año.
No obstante la importancia que tiene el renglón educativo por el tamaño de los recursos y de los guerrerenses que están involucrados, los resultados son desastrosos. Somos la entidad con los mayores índices de analfabetismo, con el mayor rezago educativo, bajos promedios nacionales de escolaridad, reducida cobertura en nuestra educación superior, entre otras deficiencias. Además, lo más grave, es la baja calidad de los servicios educativos que se prestan por el incumplimiento sistemático de la mayoría de nuestros docentes que privilegian sus asuntos gremiales como las reuniones sindicales, los juegos magisteriales, las demandas anuales que, la mayoría de las veces, están fuera de la realidad como exigir incrementos saláriales de 100%, los eternos conflictos entre los docentes, los cuales se han convertido en su principal tarea. Ni a quienes irle, pues tanto los llamados profesores institucionales como los autodenominados democráticos han privilegiado la flojera, en detrimento de la preparación de sus alumnos, los cuales parecen no importarles. No menos preocupante es que cada quincena, los profesores abandonan sus aulas para cambiar sus cheques con los cuales se cubren sus sueldos.
De las autoridades educativas, se puede decir que son las principales responsables de estas deficiencias que muestra nuestro sistema educativo. El caso del actual gobierno estatal nos muestra esta aseveración, ya que el Ejecutivo no ha puesto al frente de la Secretaría de Educación a quien reúna el perfil para esta importante responsabilidad. Empezó por nombrar a Humberto Salgado Gómez, después a Marcelino Miranda, enseguida a Miguel Mayrén y actualmente a Daniel Pano. Los cambios frecuentes de titulares, además de frenar la continuidad del trabajo institucional, han obedecido a los intereses político-partidistas del gobernador, a quien parece no interesar la buena marcha que debe tener esta dependencia.
Si la educación, instrumento privilegiado para la superación de la sociedad, no está cumpliendo su objetivo, los guerrerenses seguiremos condenados a vivir eternamente en el rezago, en el cual ya estamos cómodamente instalados.
Si nuestros profesores y nuestras autoridades educativas quieren rescatar el reconocimiento social que antaño tenía esta singular actividad, deben, cuanto antes, ponerse a trabajar y a cumplir con las obligaciones por las cuales tienen sus ingresos y que nuestra sociedad, haciendo a un lado su indiferencia, exija la realización de sus tareas.




