Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jorge Lofredo

FAR-LP: algunas definiciones

(Segunda y última parte)

En la entrega de ayer se ha plasmado parte del ideario y la finalidad que las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo (FAR-LP) sintetizaron acerca de sí mismas y, también, respecto al lugar que ocupan dentro del cúmulo de organizaciones clandestinas mexicanas contemporáneas. En esta segunda parte, expresan las otras razones, quizá más prácticas e íntimamente vinculadas a los hechos cotidianos. Estas cuestiones no son más que las diferentes preguntas que surgen ante la irrupción de un nuevo actor y cuyas respuestas ayudan a ubicarlo en el escenario político guerrerense y mexicano.
Sobre sus formas de actuación, las FAR-LP argumenta: “Todo lo que hagamos siempre lo reivindicaremos. Las acciones político-militares que haremos serán para defender al pueblo aunque todavía no podemos decir de acciones realizadas porque no vamos a llevar al pueblo a que muera, siempre lo vamos a llevar a triunfar. Trabajamos cada quien en lo que sabe hacer: vendemos los productos y de ahí tomamos lo que nos hace falta. El secuestro no está en nuestros fines y los que lo hacen sus razones tendrán. Siempre hemos dicho que hay que quitarle al que friega al pueblo, a ese no hay que tenerle consideración, porque ellos no piensan en el pueblo, sólo en enriquecerse”.
A continuación detallan otro aspecto de su modo de pensar: “Le decimos al narco que no lo dejaremos en nuestro territorio y estamos organizados para hacerles frente. Ellos atacan a los pobres. Que se enfrenten a los grandes, no al pueblo indefenso. Como revolucionarios no ejercemos violencia, menos contra el pueblo, en todo caso sólo nos defendemos”.
Sobre la necesidad y viabilidad de la lucha armada, señalan que “la revolución es lo que nos queda. Después de luchar por mucho tiempo esperando que estos gobiernos cambiasen, llámense como se llamen, nosotros entendimos que si no buscábamos nuestra forma de lucha seguiríamos igual. Luchamos para que el pueblo tenga lo que por derecho le pertenece. No estamos conque el fin justifica los medios: se busca un fin cuando es para uno, pero cuando es para la comunidad no es un fin sino que es justicia. Nuestra manera de pensar, actuar y vivir nos hace estar en la mira del gobierno, nos empiezan a hostigar y poco a poco vamos perdiéndonos entre la multitud. Empezamos a encontrarnos con los que piensan igual que nosotros y de ahí para delante sólo es trabajar. Somos clandestinos pero no somos ilegales: cuando se demuestre que nuestra forma de lucha no tiene razón de ser entonces seremos ilegales”.
Respecto a su área de influencia, la organización admite: “Nos dimos a conocer en una área donde nos sentimos protegidos, donde conocemos la región y como salir bien librados en lugares estratégicos. La decisión de presentarnos la tomaron las bases, necesitábamos un nombre, una identidad y ellos unas siglas donde cobijarse, por lo que ya no están solos, tienen a las FAR-LP para defenderlos. Hemos cambiado la forma de crecer, crecemos despacio, sólo con gente que consideramos segura que no traicionaría a su familia, a su pueblo”. Y a continuación, buscando una misma definición que devuelve la imagen frente a un espejo, abundan: “Nos vemos como lo que somos: trabajadores en pos de una sociedad diferente. La legitimidad la da el pueblo, es con quien trabajas. El pueblo te sigue o te abandona y eso te de la legitimidad; no hay pasos a seguir que te enseñen eso. Nosotros ofrecemos confianza, conocimiento, seguridad, compañerismo y trabajo”.
La percepción respecto a otras formas de lucha y organización merece un párrafo a destacar. Señalan que “las organizaciones y los movimientos sociales merecen nuestro respeto, sirven para que muchos entiendan que deben luchar, para lograr algunas cosas pero sobre todo para defenderse. Ellos merecen más que respeto porque se ponen al descubierto, los matan, los meten presos o los desaparecen; con eso quieren acallar sus voces y meter miedo para que no se manifiesten. Tienen que cuidarse de todos, que bueno son los mismos: llámese narcos o presidentes municipales, también los gobernadores”.
Y profundizan aún más: “Cierto que hay luchadores sociales que aprenden a vivir de los movimientos, se pueden contar con los dedos de las manos y no todos son iguales. Todas las formas de lucha son válidas, nosotros llamamos a la lucha de todas las formas y desde todas las trincheras, todos somos necesarios. Las autodefensas son temas que se deben tratar con mucho cuidado para no generar polémica. Lo que podemos decir es que han perdido el rumbo. Las autodefensas nacieron para defender al pueblo no para ser su verdugo y hoy se confrontan con las comunidades por su manera de actuar. Al pueblo se le debe obedecer y no imponer decisiones o su manera de pensar, aunque esta sea errónea. Por principio son ilegales, no están constituidas, no tienen estatutos, no tienen principios, no tienen escuela, no saben nada sobre derechos humanos, llegan a las comunidades y se comportan como ministeriales, como si fueran gobierno, están en el principio de que si no piensas como yo, eres mi enemigo y hay que exterminarte. Viajan en camionetas del año y vehículos blindados, todo lo que decomisan se pierde y sería bueno saber cómo le hacen. La policía comunitaria fue por muchos años la justicia del pueblo pero llegaron a su dirección personas con diferente manera de pensar, y hoy está el pueblo contra el pueblo”. Y sobre el magisterio opinan: “El movimiento magisterial es la forma más pura de lucha que se haya hecho, merece el respeto, solidaridad y ayuda de de todos nosotros, no tenemos vínculos, sólo respeto”.
Una de las decisiones que han tomado las distintas organizaciones clandestinas es no inmiscuirse en el tema eleccionario, y este caso no es distinto: “Frente a las elecciones, dejamos que el pueblo decida, la realidad hace que el pueblo entienda que los partidos sólo buscan llegar al poder para servirse de él. En los puestos de elección buscan poner a la esposa, la amante, los hijos, etc., y de esa manera seguir perpetuándose y no perder su forma de vida. Los de izquierda  desaparecieron y los que quedan parecen de izquierda pero toman con la derecha”.
Entre otras cuestiones, surge el tema del Guerrero Bronco y sobre el cual también tienen una definición: “El Guerrero Bronco es una frase muy utilizada para dar legalidad a las acciones emprendidas contra nosotros y podríamos decir que todos los mexicanos somos broncos de nacimiento, que tenemos algo que nos define como luchadores, que se tiran a lo que venga. Si ganamos bien y si no le seguimos hasta lograr lo que queremos. No podemos decir nada de nuestros hermanos de Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Tamaulipas, Coahuila, etc., porque todos somos broncos. Los guerrerenses tal vez tenemos los espíritus de nuestros antepasados que nos dieron historia y nos animan a seguir siendo aguerridos”.
Ya en el cierre, acotan que “la utopía de las FAR-LP es que el pueblo de México se levante, que el gigante dormido despierte y aplaste a este gobierno. Como lo hizo con los franceses, los españoles y todos aquellos que quisieron esclavizarnos. Que la sangre de los que nos dieron patria no haya sido derramada en vano”.
Con la consigna “Patria y Libertad. Ni perdón ni olvido. A luchar desde todas las trincheras; firman así el documento: “Comandancia General. FAR-LP. Emilio, Camilo, Esperanza. Hermanos por siempre”.
He aquí algunos de los argumentos que la organización ofreció expresar. Sirve, vale recordarlo, sólo como un comienzo y apenas constituye uno de los aspectos para conocer aún más sobre esta organización. Harán falta otras apreciaciones, otras voces y distintas miradas para construir una (esta) historia –y aunque más no sea reciente– de las FAR-LP.

PD: Aprovecho esta ocasión para anunciar mi desvinculación del Centro de Documentación de los Movimientos Armados (CeDeMA) pues considero que mi trabajo allí ha concluido. Y aunque todavía me queda un trabajo pendiente, previo al libro La generación Aguas Blancas, buscaré otros horizontes académicos. Mi agradecimiento no cabe en estas líneas.

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