Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Rubén Padilla Fierro

Flor de corazón

Yoloxóchitl, comunidad indígena, nombre cuya traducción eso significa y constituye su único atractivo. Olvido, abandono, marginación, desprecio, miseria, desesperanza, vocablos que retratan con precisión fotográfica las condiciones que prevalecen en esta como en el resto de las comunidades de La Montaña baja de la Costa Chica igual que en la llamada zona de La Montaña de nuestro depauperado estado.

Comunidades a las que en tiempo de secas se llega a través de accidentadas brechas de terracería cuando las hay, su fino polvo rojo penetra hasta lo más profundo de los pulmones e inunda ojos y oídos de quienes por necesidad tienen que recorrerlos, en tiempos de lluvias se vuelven intransitables aislando a sus habitantes por largos periodos del resto de la geografía.

Sus habitantes hablan mixteco y tlapaneco y español entrecortado. Cuanacaxtitlán, Jicamaltepec, Piedra Ancha; Pajarito Grande, Mixtecapa, Pascala del Oro y muchas más, cuyos nombres y condiciones los hermanan, los igualan, gravitan sobre éstos, décadas de atraso y abandono.

Cerros, montañas y campos pelones, deforestados, secos; serpenteantes areneros otrora cauces líquidos con vida. Poblaciones que sobreviven de milagro, cosechan magros productos de temporal para autoconsumo: frijol, maíz, calabaza, jamaica, cacahuate. Carecen de lo esencial para una vida llevadera: agua, luz, seguridad, vías de comunicación, educación, salud entre otros, escuelas sin maestros, centros de salud decolorados, sucios, sin médicos ni medicinas, telesecundarias sin luz ni televisiones. Habitan pequeñas casas de adobe y tejas las mejores, de bajareque las más. Palacios, comisarías de cemento y madera, sin faltar iglesias, barrancas en vez de calles, arena y envases de plástico antes arroyos, basura por doquier, insalubridad.

Descalzos, calzón y cotón de manta los unos, huipiles tejidos en llamativos colores las mujeres, pelo liso y trenzado, en reuniones se aíslan unos de otros mientras los niños se dan tiempo para jugar y reír en su aún tierna como dura infancia.

Niños y niñas igual que los adultos delatan en sus cuerpos diversos grados de desnutrición, secuelas osteoarticulares, pies planos, peso y talla muy por abajo de la media nacional, bajitos, pálidos y delgados sobrevivieron al grave déficit de nutrientes al que se ven sometidos organismos en crecimiento.

Alcoholismo, analfabetismo y desnutrición marcan su sino, campesinos que por generaciones fueron enseñados a votar no a producir, a recibir migajas de gobiernos paternalistas e irresponsables, sin oferta que mejore sus precarias condiciones de vida. 100 años de soledad que no imaginó Gabo, producto palpable de la demagogia de caciques y gobiernos ciegos, omisos e insensibles a la condición humana.

Indígenas que ya no callan, cansados denuncian públicamente el abandono, la relegación al subdesarrollo secular al que han sido sometidos. Campo yermo, improductivo, contaminado, desgastado, tierra, polvo rojo y fino que destruye.

 

* A El Sur, a 10 años de su fundación, (coincidente en tiempo con el Frente Cívico de Acapulco) único medio abierto a la sociedad civil, ejemplo de periodismo y pundonor, da cabida a todas las expresiones, periodistas, fotógrafos y caricaturistas que ejercen el trabajo con profesionalismo y seriedad.

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