Héctor Manuel Popoca Boone
Empresas trasnacionales agroalimentarias
En la era de la globalización, un aspecto distinguible y destacable, es la participación de las empresas transnacionales en la economía mundial y por tanto, de su presencia y actuación en las economías de cada uno de los países existentes en el orbe.
Al comenzar el siglo XXI, de las 100 entidades económicas más grandes del planeta, 51 son empresas transnacionales y 49 son países. Es decir, que hay empresas trasnacionales cuyo poderío económico es mucho mayor que el de las economías enteras de muchos naciones.
Las ventas de las 500 mayores empresas transnacionales equivalen al 47 por ciento del valor bruto producido en el nivel planetario. Poco a poco, con paso lento pero seguro, van tomando control de la economía mundial. Por eso se dice que en la economía globalizada, los amos y señores del mundo más que algunos gobernantes, son las empresas transnacionales y por supuesto sus dueños, en donde los políticos son empleados a sueldo de estas y éstos.
La actividad económica agroalimentaria no escapa a este fenómeno de concentración y control multinacional. En el año 2000, cinco transnacionales controlaban mas del 75 por ciento del comercio mundial de granos. Ahora prácticamente son tres: Cargill, Bungi y Dreyfus.
Sumando sólo unas más, pocas transnacionales controlan el 90% del comercio global de maíz, trigo, café, cacao y piña, cerca del 80% del té; 70% del arroz y plátano y poco más del 60% del azúcar de caña.
No sólo controlan el comercio de productos agroalimentarios y fijan precios de los mismos a nivel mundial, sino también lo hacen con los insumos agrícolas necesarios para producir alimentos, donde la libre concurrencia de la oferta y la demanda en el mercado es un soberano mito.
En el 2002, 10 empresas transnacionales de agroquímicos controlaban el 90% del mercado mundial: Bayer, Syngenta, Monsanto, Basf, Dow, Dupont, etc., 34% del mercado de alimentos y bebidas. 30% del mercado mundial de semillas. Estas empresas tienen una integración sorprendente tanto vertical como horizontalmente.
Por eso se enarboló en las mesas nacionales del debate sobre el campo mexicano, recién pasadas, el que para los países, sobre todo los que no somos potencia económica y estamos en vía de desarrollo, la producción agroalimentaria debe ser una cuestión de soberanía y seguridad nacional; y no tan solo como mera actividad económica básica, que da de comer a los pueblos y que buena parte de los pueblos, en la mayoría de los países pobres, viven y trabajan de la agricultura.
PD1. La diputada local Adela Román, tan despistada como siempre, cree que soy originario del estado de Morelos y ya me quiere mandar allá por la vía del fast-track.
PD2. Los caciques nacionales y regionales que controlan el PRI, se lo están heredando en vida a sus hijos, que ni siquiera se toman la molestia de darse baños de pueblo. ¡Que vivan los juniors y que las bases priístas, de siempre aguerridas y sufridas, sigan siendo tratadas como mano esclava, nunca retribuida, para el trabajo político artesanal.
PD3. Cuando el campesino usa la violencia para proteger sus intereses es delito, cuando el inversionista privado lo hace, tan solo es abuso. El dinero, como siempre, matiza las acciones.
PD4. A mi amigo Francisco Abarca Escamilla le afirmo que en el gobierno de René Juárez Cisneros sí sabemos qué hacer, con quién hacerlo, cómo y en dónde llevarlo a cabo. Nos falta el con qué hacerlo; en eso tiene razón. Le remito un ejemplar del Plan Estatal de Desarrollo y le doy la bienvenida al club de los filósofos de la oposición permanente y recalcitrante.




