CARTAS (Precisiones de Díaz Garay a una nota sobre el PT)
Estimado Juan:
Agradeceré mucho la inclusión de esta carta en tu prestigiado diario, El Sur, con el objeto de precisar respecto a una nota de la compañera Nelly Bello, publicada el día de hoy (martes).
Antes del proceso electoral que culminó con la jornada del 6 de octubre, no tenía el gusto de conocer a Alberto Mojica Mojica, ni de haber militado en el PRI o en el PRD, como para haber tenido la posibilidad de formar parte de su grupo. Durante esa elección apoyé al candidato a presidente municipal de Acapulco del PT, o sea a Mojica, a pesar de no haber sido postulado en la lista de regidores (por no subordinarme a la voluntad soberana del aprendiz de cacique) y, aun cuando tuve invitaciones de otros partidos y directamente de otros candidatos a sumarme e incluso montarme en la ola que se veía venir, Alberto tuvo mi apoyo hasta el final; eso a más de uno le consta.
Modestia aparte, si alguien tenía el pulso del proceso electoral en Acapulco era tu servidor, ya que cada quince días realizábamos encuestas del municipio y de los distritos, pero no se trataba de irse con el ganador y rendirle pleitesía, se trataba y se trata de impulsar un proyecto alternativo, transformador.
Al interior del PT hay dos grandes posturas: los que andan cazando los puestos para hacerse ricos y olvidarse de su miseria, a costa de darle la espalda a la gente a la que se deben; y los que desde su trinchera luchan convencidos de que es posible vivir sin riqueza pero sin miseria, todos. En el primer grupo está, desafortunadamente, la gran mayoría, y en Guerrero lo encabeza Félix Castellanos; en el segundo grupo están los menos, los que hacen de la teoría revolucionaria una práctica revolucionaria. Los primeros viven de la política; los segundos viven para la política. Los primeros aceptan los depósitos bancarios de Casa Guerrero, los segundos los devuelven. ¿A cambio de qué aceptan? De rendirle tributo al rey no sin antes abatir la dignidad, la libertad y la vergüenza.
Atentamente
Alejandro Díaz Garay
PD. Los políticos se han quedado con Maquiavelo, el cual separa la política de la moral y la religión; les haría bien leer a otro italiano, Antonio Gramsci, quien analiza al príncipe moderno.




