Moisés Alcaraz Jiménez
PRI-Guerrero, marginación y olvido político
Un trato injusto, excluyente e inequitativo ha dado la dirigencia nacional del tricolor al priísmo guerrerense, que ha sido objeto de una especie de desprecio y marginación en la asignación de candidaturas para diputados por la vía plurinominal.
El excesivo centralismo de que ha sido objeto el estado de Guerrero en todos los órdenes, ahora es retomado por el CEN del PRI que a la marginación económica y social que nos agobia, agrega ahora el olvido político para su dirigencia y militancia en el estado.
Son varias las lecturas que se desprenden de esta situación. En primer lugar, parecería que para la dirigencia nacional el priísmo de Guerrero es tercermundista y el subdesarrollo en el que vive no lo hace merecedor de un trato igualitario y al que sin ningún problema es factible eliminarlo del reparto de candidaturas de representación proporcional, las cuales, en esta circunscripción, fueron arrebatadas en su gran mayoría por el poderoso grupo político del estado de México.
Más que el bajo perfil que algunos argumentan de los aspirantes guerrerenses ante algunas figuras políticas de aquella entidad, el agravio del que ha sido objeto el PRI de Guerrero se debe a la actitud amenazante y chantajista asumida por los poderosos caciques mexiquenses que como todo grupo de presión lograron imponer arbitrariamente a sus más distinguidos integrantes, presión a la que con mucha facilidad cedió Roberto Madrazo ante la pasividad, incapacidad o actitud pusilánime de la dirigencia priísta guerrerense que no pudo o no quiso ni tímidamente alzar la voz, en su momento, ante este atropello.
En contrapartida a la posición asumida por los políticos del estado de México, los priístas de Guerrero mostraron muy poca capacidad negociadora y de reclamo ante esta injusticia, características propias de un partido desorganizado y debilitado. No supieron actuar con la solidez y determinación necesaria para exigir respeto a su derecho de tener acceso a esas candidaturas.
La dispersión de los priístas guerrerenses, su falta de liderazgo estatal, su nula unidad y ausencia de un trabajo conjunto provocó también este duro golpe que podría tener consecuencias adversas mayúsculas para el partido en las subsecuentes contiendas electorales.
El maltrato recibido por los priístas guerrerenses requiere un rechazo enérgico y firme y no lanzar simples patadas de ahogado o lastimeros exabruptos. Las protestas y reclamos, ese radicalismo que ahora muestra el PRI de Guerrero, que debió haber sido antes y no ahora, debe obligar a Roberto Madrazo y a Elba Esther Gordillo a corregir el error en los términos del artículo 181 del código en la materia y al menos dos priístas guerrerenses deben ser incluidos en lugares apropiados de la lista plurinominal para acceder a la Cámara de Diputados.
Para muchos priístas este es un mensaje desalentador y lo interpretan como una muestra de que sus máximas autoridades no consideran como prioritario al estado de Guerrero, al que inclusive, con su actitud de desprecio, pareciera que desde ahora dan por perdido en las elecciones locales del 2005.
Mientras que para el perredismo nacional Guerrero es un estado estratégico y prioritario, cuya gubernatura es uno de sus objetivos principales, la dirigencia nacional del PRI envía señales de desánimo y siembra la desesperanza entre sus bases y dirigencia estatales.
Las diferencias saltan a la vista. En tanto las actuales autoridades nacionales del tricolor marginan y han negado su apoyo y respaldo a los priístas de Guerrero, como sucedió durante el proceso electoral del 2002 y como se palpa ahora mismo, el PRD postula en su lista de candidatos por esta circunscripción a tres guerrerenses que tendrán acceso a San Lázaro por la vía plurinominal y la relación de aspirantes es encabezada por Zeferino Torreblanca Galindo uno de sus mejores prospectos para las elecciones del 2005 en que se disputará la gubernatura del estado.
Ante la rebatinga y el caos político que cada vez aumentan al momento de asignar estas candidaturas, es necesario que el PRI, partido donde con más insistencia se observa este desorden, establezca procedimientos claros y democráticos para evitar la discrecionalidad de la que ahora gozan las cúpulas dirigentes del tricolor para hacer este reparto, que por lo regular beneficia al caciquismo político, a los grupos de presión de los estados más desarrollados y a los cartuchos quemados de este partido y no se realiza bajo principios de equidad que permitan una justa integración de las listas de candidatos plurinominales, de tal manera que todos los estados estén representados en ellas y a ninguno se le excluya.




