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Gana Emiliano Rafael Aréstegui Manzano el Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada

Anarsis Pacheco Pólito

Chilpancingo

El pasado 4 de mayo el chilpancingueño Emiliano Rafael Aréstegui Manzano resultó ganador de la sexta edición del Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada que entrega la Universidad Autónoma del Estado de México.
El guerrerense fue seleccionado por su obra La orilla del venado y Primero el mar, que fue firmado por el seudónimo Candela Bamba; éste es el tercer certamen en el que resulta ganador, los otros dos fueron el segundo lugar en el certamen de relato Sergio Pitol, el premio José Emilio Pacheco; además recibió una mención honorífica en el certamen Elena Poniatowska de narrativa.
Aréstegui Manzano es estudiante de Creación literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, además de ya haber participado en diferentes talleres literarios para reforzar su carrera literaria.
En entrevista para este periódico, informó que participar en este certamen y en otros es el mejor modo de mostrar el trabajo, pues le parece que es la única forma de poder entrar a un mundo tan amañado y con tantas trabas.
“Creo que escribir no tiene, o no tendría que ver con la algarabía de los contactos y el cultivo de las amistades útiles, creo que escribir tiene que ver con romper el silencio desde el silencio, es decir haciendo las cosas solamente desde la palabra escrita y el papel”, enfatizó.
Describió que el poema La orilla del venado, es del monte del que habla, narrado desde varias voces, ya que cuenta con varios personajes, un cerdo salvaje, un dios llamado Mosquitos, un cazador y un venado.
El segundo poema Primero el mar, habla del mar, de la muerte, el olvido y los desaparecidos. Este poema es uno de los primeros que hizo, pues llevaba varios años en el buró y varias transformaciones, hasta que un día lo terminó y se dio cuenta de que estos dos juntos eran un libro.
El joven poeta comentó que él siempre piensa en su abuela y en su madre mientras escribe , pero ellas casi nunca entran es sus poemas, sino que escribe pensando en ellas, leer para ellas, pero está convencido que los poemas se van dando solos, sin pensarlos tanto.
“Yo así escribo: dejando que los textos se den solitos. Ya después mi chamba es darle forma, redondearlo”, agregó.
Comentó que ha participado en muchos concursos, lleva ya tres años mandando material a distintas partes, centrándose en seguir escribiendo, pero también en mover y difundir lo que escribe, y ahora tiene material en concurso, pero sigue corrigiéndolo y escribiendo, con lo que en algún momento ira a concursar.
–Siendo de Guerrero, ¿cómo ves la literatura guerrerense desde afuera?
–La veo fuerte, la veo robusta, culona, con las chichis paraditas, con los muslos como grandes veneros de agua, la miro con los ojos negros y húmedos, con la piel negra y los dientes blancos. La veo preñada por siglos de tradición y lucha, cargada de iguanas y caldos de vaca, la veo repleta de montes y mares. Y veo que por acá, en el DF, no conocen a toda la bola que anda en esto de pegar letras. Y la veo inundada de talento, con un chingo de gente interesante y ya importante.
Explicó que un amigo llamado Pedro Hesiquio García fue quien lo motivó a estudiar Creación literaria, con él tuvo un taller y se hicieron llamar Paynó 47, con él estuvo escribiendo y con otro amigo se encerraban a escribir.
“Pedro ya estaba estudiando y me invitó a tomar algunas clases de oyente y pues dije: esto es lo mío.
Amén de que la carrera es única en México, creo que están por abrir una carrera similar en Argentina, pero en este momento es la única licenciatura de Creación literaria en toda la América Latina”, destacó.
Agregó que él nunca ha dejada a su estado de Guerrero, pues anda en Cuajinicuilapa dos o tres veces al día, camina por Chilpancingo antes de comer, recuerda Amojileca cuando toma mal mezcal, se siente en Acapulco, en las piedras de Caleta, se deja estar mientras se mete al metro, mientras toma un micro.
Refirió que se fue a la Ciudad de México por un rato, para sentirse ausente en esa ciudad, que repele lo mismo que incita. Asegura que en su ausencia allá, es que anda caminando por su estado, y se fue para mirar de lejos las cosas de su tierra, las cosas que de tan cerca se pierden, y en cualquier momento seguro se da la vuelta para regresar.
Comentó que en sus proyectos actuales está escribiendo un poemario de largo aliento que llevará por nombre Trompicones, y está en proceso de creación de otro, que según él será policiaco y que en este momento se titula Luz neón y nota roja, y está por terminar su novela Herrumbre rojo.
Aréstegui Manzano señaló que el lee de todo, le gusta la novela policiaca, el cuento; de revistas lee de Proceso hasta TV y Novelas, le gusta Bolaño, Elroy, Yuri Herrera, Ray Loriga, y hace poco leyó Serial del acapulqueño Antonio Salinas, El sueño de los cinocéfalos del chilpancingueño Andrés Acosta.
“Leí Serial de Antonio Salinas y me quedé sorprendido por todo y tantas cosas que el compa dice. También leí: El sueño de los cinocéfalos del chilpancingueño Andrés Acota, y vi que el bato se rifó, hizo un libro más que hermoso. Ayer terminé y empecé Gumaro de Dios”, dijo.
Comentó que lee porque ver televisión le es ofensivo y el internet lo agobia y le gustaría participar en el encuentro de escritores de Guerrero, y tiene ganas de conocer el trabajo que están haciendo en Guerrero los poetas como Antonio Salinas, Ulber Sánchez, Jesús Bartolo, Gerardo Manzanilla, Citlali Guerrero y los poetas emergentes de Chilpancingo y toda la otra banda que no conozco pero que me interesa conocer.
–¿Qué sueña Emiliano?
–Sueño que sueño o que no puede soñar. Sueño con mi abuela comiendo fruta, y con hombres de rojas sombras haciendo aguaceros negros y amargos.  Sueño con negras que parecen estar montadas en caballos. Sueño que un día Guerrero será menos violento y tendrá más oportunidades. Ayer soñé que las televisoras imponían un presidente, y tuve el horror de soñar a Quadri en un salón de clases.

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