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Con renuncias sorpresa el gobierno peruano elude un golpe político

DPA

Lima

Los ministros peruanos de Interior, Daniel Lozada, y Defensa, Luis Alberto Otálora, renunciaron ayer, cuando parecía imposible que se salvaran de la censura parlamentaria por los errores en la lucha antisubversiva.
La terquedad de Lozada y Otálora, que se negaban a renunciar pese al clamor ciudadano, así como la decisión del presidente Ollanta Humala y su jefe de gabinete, Óscar Valdés, de blindarlos, cayeron cuando, a poco de comenzar la votación, estaba claro que el Congreso los enviaría a sus casas.
“Que mi renuncia signifique la gran unidad nacional para cerrar filas en torno a las Fuerzas Armadas”, dijo el saliente ministro de Defensa, quien hasta horas antes se negaba terminantemente a dimitir.
El oficialismo jugó sus fichas hasta último momento, pero en vano. El presidente del Congreso, Daniel Abugattás, trató de retrasar lo más posible la sesión, mientras los líderes más influyentes trataban sin éxito de que al menos se votara por separado para salvar a uno de los dos.
Con los parlamentarios ya en sus sitios, el periodismo tenía claro que entre los 130 congresistas había al menos 88 seguros, uno más de los necesarios. La cifra podía crecer, pues cinco de seis bancadas estaban por la censura y hasta algunos oficialistas se sumaban.
Siguiendo a control remoto lo que pasaba, Lozada y Otálora le entregarle las renuncias a la vicepresidenta, Marisol Espinoza, pues el presidente Ollanta Humala está de visita en Japón.
Los dos ministros, de bajo perfil y poca experiencia previa en el sector público, fueron acusados por la oposición, la mayoría de medios de prensa y gran parte de la opinión pública por los golpes recibidos por las Fuerzas Armadas de parte de “narcoterroristas” en el selvático valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) y sus vecindades.
Nueve miembros de las Fuerzas Armadas murieron en el último mes en operaciones en la zona, y varios más resultaron heridos.

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