Héctor Manuel Popoca Boone
Tipología de ciertos dirigentes sociales
El que existan en Guerrero dirigentes sociales venales, de todas las ideologías y colores, no es novedad. Tampoco lo es el hecho de que éstos lucran y medran al amparo de las necesidades económicas y sociales del pueblo pobre y de quienes se les adhieren en sus gestiones, contundentes y efectivas, para con el gobierno estatal.
No causa ya sorpresa alguna para nadie, la actitud repudiable, hasta cierto punto, de que para el logro de sus propósitos realicen actos ilícitos, como bloqueos o plantones en las calles, en detrimento y perjuicio de los derechos de terceros ciudadanos que expresan ya evidente hartazgo. Es más, si Guerrero no se parece a Disneylandia, se asemeja mucho a algo que pudiera llamarse Bloqueolandia o Plantonlandia.
Dichos actos no son inéditos o esporádicos; sino por el contrario, son recurrentes y sistemáticos. La frecuente periodicidad con que ocurren se debe a que no se les aplican a los dirigentes, las responsabilidades legales en que incurren con dichos actos. Al saberse impunes, los repiten una y otra vez a manera de modus vivendi; acrecentando la irritación de los ciudadanos que sufren estoicamente las consecuencias, como dice el dicho popular, sin tener vela en el entierro.
En el gobierno estatal hemos pecado, a veces, de excedernos en la tolerancia, en el diálogo y en la negociación para que no nos califiquen de autoritarios y represores. Muchas veces nos fuerzan a conceder lo que nuestras propias normas administrativas prohíben, como es el caso de entregar fertilizante gratis, hacernos de la vista gorda en el cumplimento de trabajos que se tienen que realizar en los programas de empleo temporal o dar concesiones donde no proceden. Otros, en el mejor estilo de Don Corleone o Al Capone, piden cuotas presupuestales para su organización. Lo que es peor, entregamos los recursos económicos públicos a los dirigentes a sabiendas de que ellos, a su vez, bajo sus criterios y previo rascamiento, los distribuyan entre sus agremiados. El ejercicio pleno de la prostitución social pues.
Por eso ha florecido la próspera industria del plantón y del bloqueo, sin que ello exima que, muchas veces, sectores de la población acudan a esas prácticas por encontrar oídos sordos a sus quejas y demandas por parte de las estructuras administrativas gubernamentales o por la excesiva demora en su atención correspondiente.
Algunos dirigentes sociales y ciertos grupos ya le tomaron la medida al gobierno estatal. Sin llegar a la gravedad de lo delincuencial, lo chantajean al más puro estilo gangsteril. De que son vivos y audaces, no cabe la menor duda. Saben cuándo, cómo y dónde movilizarse, plantarse o bloquear. De acuerdo con las estadísticas, los que en mayor medida recurren a este expediente son ciertos grupos de maestros, permisionarios de taxis y campesinos.
Por sus estrategias para realizar un plantón o bloqueo conocemos a los dirigentes y a sus organizaciones. Los podemos clasificar dentro de los siguientes tipos: Los cívicos, que son aquellos que prefieren hacerlo, para obstruirle al gobierno las conmemoraciones oficiales, en fiestas cívicas importantes para Guerrero, como lo es el 24 de febrero, día de la bandera, en Iguala, o el 13 de septiembre, día del Congreso de Anáhuac, en Chilpancingo. Los aguafiestas que lo hacen en cualquier evento importante para el gobierno o para Guerrero; estos prefieren las fechas en que se realiza el tianguis turístico de Acapulco, el Aca-Fest, el día del informe del gobernador o la entrada a vacaciones del turismo nacional, en semana santa o a finales de año. Los programados, que están a la espera del inicio de algunos programas gubernamentales para presionar, como por ejemplo, en tiempo de operación de los programas de empleo temporal, de distribución de fertilizantes o de negociación de salarios magisteriales. Por último, están los carreteros, aquellos que se especializan, por cualquier pretexto o motivo, en bloquear las carreteras federales que están a su más próximo alcance y si es la Autopista del Sol en viernes, mucho mejor.
Por nuestra parte, los del gobierno estatal tenemos que doblar las manos porque padecemos del síndrome de Aguas Blancas. Es decir, tememos mucho que cualquier desalojo, utilizando la fuerza pública, desemboque en derramamiento de sangre o lo que es peor, en pérdida de vidas humanas. Lo cual no es remoto considerarlo, al conocerse de la sangre ligera que tienen los guerrerenses, que hierve a la primera exaltación. De esta manera nos la vamos pasando, como gobierno blandengue en ciertos casos, sin determinar a ciencia cierta, dónde están los límites del diálogo y la negociación para no traspasar a los terrenos de la impunidad y el abuso.
PD. De nueva cuenta y aprovechando que los reflectores estaban enfocados en la guerra de Irak, el dictador del proletariado cubano, Fidel Castro Ruz, mandó fusilar y encarcelar a cubanos que disentían de su manera de pensar, de ser y estar en Cuba. Es la decrepitud de un sistema político y de su usufructuario.




