No queremos que nos pase lo de Acapulco, dicen restauranteros de Marquelia
De la corresponsalía, Marquelia * Semiacostado en una hamaca que casi pega en la arena un joven chilango inhala el humo del pitillo de mota. Se ve, se nota que disfruta ese momento,
“Se ve que es una sabrosa mota porque huele bien”, comenta uno de los turistas que está sentado a unos tres metros de donde está el joven de cabellos largos con el torso desnudo, fumando el cigarrillo. Sus demás compañeros, entre ellos, una muchacha de bikini azul moteado de blanco, lo rodean y empiezan a forjar otros pitillos. No les importa que a su alrededor haya decenas de personas que beben y comen.
Un trago de cerveza a la caguama y después un toque de mota, es el ritual de los chilangos que llevan varios días en esta playa. Allí, a unos metros del mar instalaron sus casas de campaña. Por la noche, escuchan y bailan con la música del legendario Jim Morrison y los Doors. Es la pura vida.
La música de la banda El Recodo y el cantante Chayane que proviene de los cedés, se pierde cuando se escucha el romper de las olas del mar.
“Esto está a toda madre, está mejor que Acapulco, Zihuatanejo y Cancún”, dice un turista chilango que se tira en la playa con sus calcetines puestos y una truza Zaga blanca convertida en un poco creíble traje de baño.
Y es que aquí, dice Nicolás Sánchez Hernández, quien es dueño de un pequeño restaurant ubicado casi a ras de la playa La Bocana, todo es barato.
“Se come bien sabroso, se paga poco y la gente se divierte mucho”, señala El Viejo –como le apodan sus conocidos– quien es nativo de este poblado de la Costa Chica ubicado a 150 kilómetros del puerto turístico de Acapulco.
Cientos de turistas nacionales y extranjeros disfrutan de sus vacaciones en un perímetro de un kilómetro de la playa y del río Marquelia.
Aquí, un pescado huachinango al mojo de ajo, a la diabla o frito cuesta 30 pesos; una cerveza diez pesos y una botella de tequila de agave, 170 pesos.
“Eso en Acapulco me hubiera costado lo triple o lo cuadrúple”, señala uno los turistas.
Diversión en la playa y en los restaurantes
Una muchacha de pelo rubio en un diminuto traje de baño y caguama en mano se contorsiona al ritmo de la música tropical: “Pa’trás, pa’trás, pa’trás… pa’delante, pa’delante, pa’delante..”.
Nicolás Sánchez Hernández dice que aquí todos los dueños de los pequeños negocios se organizan para mantener en buen estado la playa y el río.
“Es que no queremos que un día de estos nos vaya pasar como en Acapulco donde hemos visto por televisión que sus playas están contaminadas y para que los turistas se dieran cuenta de que todo está bien tuvo que meterse al mar el gobernador René Juárez Cisneros”, señala el comerciante quien hace 30 años fue uno de los que instalaron su palapa a unos metros de la playa y empezar este negocio.
Nicolás Sánchez cuenta que los más de cien propietarios de pequeños restaurantes de palapa y palmeras, son dueños del ejido y temen que algún día el gobierno les quiera expropiar sus tierras para venderlas a empresarios nacionales y extranjeros para que aquí instalen sus grandes hoteles.
Y es que, dice, hace años eso pasó en las playas que están en Acapulco y posteriormente en Punta Diamante donde los dueños de las tierras eran los campesinos y después fueron despojados en forma arbitraria por el gobierno.
Los nativos de este poblado –que el año pasado el Congreso local lo erigió como nuevo municipio– se han organizado para defender no sólo sus playas y el río, sino también la pesca.
“Formamos una cooperativa de gente que se dedica a pescar, compramos varias embarcaciones y aquí vendemos el producto”, indica Nicolás.
Señala que esta playa de la Bocana a pesar de que es mar abierto no representa un peligro para los bañistas, aunque reveló que hace dos años un grupo de pescadores cazaron dos tiburones a unos 20 metros de la playa.
Señala que este destino de playa poco a poco se viene convirtiendo en centro de diversión de fin de semana del turismo local, nacional e incluso extranjero.
“Y bueno, nosotros no queremos competir con Acapulco, pero si la gente le gusta más aquí porque es más barato y la playa no está contaminada, eso está, bien porque aquí a diferencia de los grandes centros turísticos, el dinero se queda aquí y no se va a las cuentas bancarias de los grandes empresarios”, finaliza.




