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En vez de sancionar, la federación debe promover al puerto: Aguirre Franco

 Ossiel Pacheco * El arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco, dijo que en lugar de aplicar sanciones o calificar las playas el gobierno federal debe ayudar a que Acapulco sea mejor puerto, así como llevar a cabo campañas de promoción adecuadas para que el Triángulo del Sol de mejor atención a los turistas.

Entrevistado ayer al término de la misa de resurrección por el Domingo Santo que ofició en la catedral de Nuestra Señora de la Soledad, Aguirre Franco indicó que el gobierno federal tiene el encargo de promover los sitios turísticos, “no castigar o sancionar, eso vendrá como consecuencia, pero después de que promover y ser buenos pedagogos”.

Llamó a la federación a enseñar a la gente a cuidar “nuestros litorales y atender mejor a nuestros turistas; lo primero es enseñar y después sancionar”, insistió.

Sobre el diferendo entre el gobierno del estado y el ayuntamiento por la colocación de las banderas rojas en las playas Caletilla y Tlacopanocha, el arzobispo consideró que después de la tormenta viene la calma y ahora hay que sanear los litorales del puerto.

Consideró que la presencia de visitantes en el puerto y de los barcos son muestra de que Acapulco sigue en el ánimo de los mexicanos y extranjeros, pues es uno de los lugares más hermosos del país y las playas no están contaminadas, como difundieron cuatro dependencias federales.

Por otro lado, el prelado católico apuntó que el puerto debe ser un lugar de hospitalidad y sensibilidad humana, “que no busca exprimir al turista sino servirlo; otras partes se caracterizan porque quieren exprimir al extranjero”.

Dijo que Acapulco, como todo pueblo democrático, debe abrir “sus brazos” a todo el turismo sin importar que paguen en dólares o euros. Y asentó que ningún otro puerto del país como éste “lo sienten tan suyo los mexicanos”.

En la misa de resurrección de este Domingo Santo, el arzobispo condenó todo tipo de violencia y asentó que las divisiones por motivos políticos, agrarios, culturales y religiosos promovidos por partidos, organizaciones e ideologías, “nos desgastan y enfrentan”.

Ante católicos que llenaron la catedral, consideró que los insultos, descalificaciones y ataques entre personas y grupos dañan la convivencia social, “las agresiones, la violencia, los bloqueos, los secuestros y los asesinatos generan incertidumbre que a todos nos perjudica”.

“No se pudo detener la guerra contra Irak a pesar de nuestras palabras, peregrinaciones, ayunos y plegarias. La destrucción de inocentes, el terror de los niños, el desamparo de tantas mujeres, la soledad de los ancianos y los destrozos de los bienes de una nación son injusticias que claman al cielo”, dijo.

Reiteró que esta guerra ha sido una derrota a la razón, pero también se refirió a las guerras internas en las familias y en las comunidades, que son motivo de preocupación para la iglesia.

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