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La contaminación de la bahía, tema tabú para el cine pero explotado por la tele

 Aurelio Peláez * En alguna parte de Simbad el mareado, Tin Tan corre o más bien huye de uno de los tantos enredijos en los que siempre recae. El incidente que dio origen a esa carrera ahora no es importante, sino la ruta que se traza en ese escape por el Acapulco de 1950, cuando fue filmada esa película, que es sinceramente increíble, dado que en un par de minutos sube cerros pelones, pasa por playas casi vírgenes, cruza en medio de un mercado de pueblo donde inevitablemente tira a un bolillero y derriba varios puestos de venta, y es de verse que al final le persiguen todos, incluido el persecutor original.

El Acapulco que aparece como fondo de ese vértigo, aunque en blanco y negro, es de paisajes bellísimos, originarios y deshabitados. Algo así debió haber pensado Miguel Alemán, que entonces desde la presidencia de la República inicia el fraccionamiento –el agandalle institucional– y la venta de los terrenos del puerto para los hijos de la Revolución, entre los que él y sus cuates se encontraban.

El Acapulco de Tin Tan ya no es el mismo. Ahí en Caleta o Caletilla donde se echaba sus sueños apaciblemente, ahorita hay cientos, si no es que miles de vacacionistas. ¿Un sueño tranquilo ahí entre las piedras? Imposible entre tanto ruido, correr de niños y vendedores ambulantes. ¿Le muevo la pancita?, le dirían a un Tin-Tan paseando en la playas con pantalones de pachuco.

Dos décadas después en la Isla Roqueta aún se filmaría Robinsón Crusoe, habiendo de por medio algunas visitas cinematográficas con Pedro Infante y Mauricio Garcés, pero de ahí para adelante el puerto dejó de ser inédito, y quién sabe en que momento nos convertimos en La risa en vacaciones.

La risa en vacaciones

Entre la espera de partido en partido de futbol, lo peor que le podía pasar a un acapulqueño en Acapulco durante Semana Santa, era ver La risa en vacaciones (que sustituye a la buenísima Semana Santa en Acapulco, valgan tantas redundancias televisivas). Ahora parece que a Televisa y René Cardona se les acabó el veinte y ya no habrá la versión once o doce de esa película, realizada en locaciones de restaurantes, albercas y pasillos de hotel, donde había un script que se repetía a sí mismo en forma pesadillesca: un par de vivos haciendo escarnio de la buena fe de un apacible turista –un gringo está bien, para el caso– al que le sirven un hot cake de plástico, o al que le hacen pasar el momento amargo de su vida al insinuarle que se acaba de echar un pedo.

Ahora parece que ya se pasó la década de La risa en vacaciones y se va, no se sabe, quizá al de Los pleitos de Semana Santa: en esta esquina, René Juárez y de relevo Alberto López Rosas. En la otra, Víctor Lichtinger o quien esté al frente de la Semarnat o la Propefa en su momento. El tema en litigio: la bahía, con más de dos décadas en cartelera, según recuerdan algunos periodistas, desde que precisamente en 1980 en un noticiero de Televisa se presentaron los primeros reportajes sobre el tema, en el noticiero 60 Minutos, de Juan Ruiz Healy.

Se recuerda que el manejo periodístico del tema de la contaminación, provocó la molestia del entonces gobernador Rubén Figueroa Figueroa, y de manera indirecta fue el pretexto para que un año después se acordara bajar del anfiteatro a 25 mil familias, para reubicarlas en nuevas viviendas en el lugar llamado Ciudad Renacimiento.

Al final, se creó un nuevo asentamiento –Rehacinamiento, se le rebautizó entonces– sin haber logrado el desalojo del anfiteatro, donde se quedaron unas 15 mil familias, que se negaron a dejar sus viviendas y a cargar con la responsabilidad y la culpa de ser los principales contaminadores de la bahía.

El tema sobre la contaminación de la bahía se mantiene, aunque alejado de los medios. Entre empresarios de hoteles y políticos se toca apenas, no se hace nada, porque afrontarlo implica invertir, y esa no es la prioridad por lo menos durante la década de los ochentas: aquí lo que importa es ganar ,y colocar los dineros en algún banco fuera del país.

A principios de los noventas el tema de la contaminación fue retomado nuevamente por Televisa, esta vez en el noticiero de mediodía de Abraham Zabludovsky. El que algunos acapulqueños hayan sido entrevistados para dar sustento a esas notas, también provocó el enojo de los nuevos políticos. “Al que hable de la contaminación de la bahía lo meto a la cárcel”, cuenta Ramiro Gómez que advirtió René Juárez, en 1992 alcalde de Acapulco.

Tuvo que pasar el huracán Paulina –octubre de 1997– para que se volviera a hablar de la contaminación de la bahía, y eso porque hubo más de mil millones de pesos para que se invirtiera en el sistema de saneamiento de la ciudad.

Y es que los políticos de acá parecen quedarse sin guión cuando desde afuera –medios o dependencias– se toca el tema de la contaminación. El tema es incómodo, les enoja, como si los hubieran agarrado en una trampa de La risa en vacaciones. ¿A quién echarle la bolita? ¿Cuándo comenzó todo? O qué, todo se va a arreglar con Tin Tan despertando de un mal sueño en Simbad el mareado y mirando una Caleta –¿o Caletilla?– incólume de nuevo. ¿Hasta cuánto aguanta Acapulco?

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