Jorge Camacho Peñaloza
Reprobable
*Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político.
Hannah Arendt.
Totalmente reprobable el comportamiento del diputado Luis Alberto Villarreal García, ex coordinador de la fracción del PAN en la Cámara baja del Congreso de la Unión evidenciado en las redes sociales y medios de comunicación nacionales cuando se encontraba en medio de una francachela en compañía de otros compañeros del partido, y no porque departiera con scorts, sexoservidoras pues, sino por la simple y sencilla razón que muchos políticos no entienden ni alcanzan a ver con la corta visión de sus principios morales: que como representantes populares, servidores públicos y políticos son personas que se deben a la confianza de la ciudadanía, se deben a lo público y como tal deberían de dar ejemplo de principios, valores, carácter y responsabilidad pública.
No me asusta que Alberto Villarreal sea de mi partido porque igual conozco a otros iguales o peores de todos los partidos, sino que como hombres públicos no entiendan que como líderes, en política, la vida privada se extingue como el juramento yaqui con el que los guardianes de esta etnia juran respondiendo EHUI a la ordenanza de “para ti no habrá sol, para ti no habrá muerte, calor, ni sed, ni familia, todo ha terminado para ti, excepto una cosa: hacer tu trabajo”.
De acuerdo con Hannah Arendt todas las actividades humanas están condicionadas por el hecho de que lo hombres viven juntos, lo que no cabe ni siquiera imaginarse fuera de la sociedad y es así mientras que todos los aspectos de la condición humana están de algún modo relacionados con la política, de ahí que no puede desligarse la vida privada de lo público, y menos en política. Por eso no es justificación decir que los políticos tenemos vida privada en la que podríamos incluso actuar en contrario a nuestras obligaciones públicas, porque hay políticos de todos los colores y corrientes que esconden en sus principios y convicciones ideológicas una vida privada llena de excesos.
Fernando Savater le llama deontología a lo que en política es la conciencia y responsabilidad de hacer lo correcto, de vivir con el compromiso del bien público, de ser la guía pública de los demás, que en griego significa lo conveniente, lo debido, y de lo que mucho carecen muchos políticos de todos lados, de aquí en Guerrero.
El político que persiga intereses y placeres personales con la política es cualquier cosa menos político y como dice el dicho: el amor, el dinero y lo penitente no se pueden ocultar, y en política tampoco las ambiciones personales, que ni con el discurso más elocuente o la simulación más acabada se pueden ocultar.
Se puede hacer política desde los principios y valores morales, desde la ética personal, las convicciones, la ideología, principios partidistas o desde la ética de la responsabilidad que es el máximo nivel del sustento de la práctica política en donde se hace a un lado cualquier consideración personal del político y hace lo que dicta la responsabilidad pública, pero son mecanismos que en la realidad no guían la práctica de la política, sino las ambiciones personales o de grupo, los intereses privados y de camarillas haciendo a un lado la responsabilidad pública.
Casos como este son reprobables se ubiquen en la esfera de la política o de cualquier otra ocupación, la deontología es para cualquier actividad, pero tratándose de la política amerita ser cuestionable públicamente y más aunque se trate de un compañero de partido, los panistas podemos y debemos ser los primeros en reprobar estas conductas sin temor a la vergüenza. El partido está intacto, que un militante o un grupo no rija su vida privada con sus postulados no significa que al partido le falte consistencia ideológica, hay que reprobarlo y sancionarlo, no ocultarlo ni minimizarlo, como sí ocurre y ha ocurrido en muchos casos de otros partidos.
Qué bueno que estos hechos han sido ampliamente divulgados por los medios de comunicación, pues eso permite que mejore la vida política, pero no debería quedar en el plano sensacionalista ni del morbo, sino llevarlo a la reflexión, debate y análisis, a la crítica y autocrítica para que vaya quedando más claro qué tipo de políticos y política tenemos, y en manos de quién están las cosas que nos afectan a todos.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a todos aquellos que me quieran invitar a una fiestecita que yo como dice Hannah, namás voy a las que son abiertas y de acceso público.




