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Tomás Tenorio Galindo

OTRO PAÍS

* “Hice lo correcto”: Calderón

No hay en las 343 páginas del libro del ex presidente Felipe Calderón una sola referencia, por su nombre, a Andrés Manuel López Obrador. Pero en una actitud indigna de unas memorias presidenciales, el panista reitera que en 2006 ganó la elección “limpiamente” y descalifica arteramente al ex candidato de la izquierda. Sin tocar en lo más mínimo las circunstancias por lo menos controvertidas de la campaña y del conflicto poselectoral, Calderón asegura que López Obrador incurrió en un “comportamiento antidemocrático”: “No obstante, el comportamiento antidemocrático de quien perdió, negándose a reconocer el resultado de las urnas, y llamando abiertamente al rompimiento del orden constitucional e institucional, generó una tensión política que no sólo fue un enorme lastre para el avance del país, sino que erosionó injustamente la credibilidad del sistema y de las instituciones electorales”.
No es el único caso en el que se aprecia un sesgo en el texto –titulado?Los retos que enfrentamos–, y de plano si alguien busca en el libro de Calderón una respuesta, explicación o simple información sobre los temas más importantes de su administración, como su propia elección, el conflicto con Francia por el encarcelamiento de Florence Cassez o el rol que asignó a Genaro García Luna en la guerra contra el narcotráfico, no la encontrará. Porque el libro no responde. No debate. No refuta. No reconoce. Es una planicie gris sin sustancia.
Es posible que esas notables carencias del volumen se deban a que el autor consideró innecesario contestar a los cuestionamientos públicos que lo acompañaron durante sus seis años en el poder, o porque no tuvo elementos para debatir con sus críticos. En cualquier caso perdió el libro.
En el capítulo dedicado a las relaciones de su gobierno con el exterior, Calderón no menciona a Florence Cassez ni las tensiones que deterioraron los nexos con el gobierno de Nicolás Sarkozy. A García Luna, responsable del problema derivado de la detención irregular de Cassez y artífice desde la Secretaría de Seguridad Pública de la guerra contra el narcotráfico, lo cita una vez y solamente para darle las gracias por su colaboración. Pero lo cierto es que sobre García Luna pesan acusaciones serias vinculadas con sus funciones, y la duda pública sobre cuáles fueron los motivos verdaderos para que sin embargo y por encima de todo, Calderón lo mantuviera en su gobierno.
De hecho la guerra desatada por Calderón contra la delincuencia no aparece en el libro, tampoco el saldo de los casi cien mil muertos que dejó regados por el país, ni las víctimas, las de la delincuencia y las de las corporaciones policiacas y del Ejército. Esa guerra no aparece como la vimos todos, sino como la vio Calderón. “Más que una ‘guerra contra las drogas’, el gobierno que tuve el honor de encabezar se abocó a resolver un problema medular: proveer seguridad a las familias mexicanas amenazadas por la delincuencia”, escribió.
La edulcorada visión que el ex presidente reproduce en su libro pretende, además, que se le crea que al lanzar la batida contra el narcotráfico actuó sin improvisaciones, cuando fue más que evidente en aquellos años que el gobierno daba palos de ciego y echó al Ejército a combatir sin reparar en las consecuencias.
Javier Sicilia, el motor de aquel formidable movimiento social creado en demanda de paz después de la ejecución de su hijo en Cuernavaca, no mereció una sola línea en el libro de Calderón. Ni el movimiento, que sacudió la conciencia nacional como nunca antes. Las escasas líneas que destina al tema de las víctimas fueron escritas para esconder el profundo cuestionamiento al gobierno calderonista.
Con una memoria tan débil y una pluma sesgada, no asombra, por tanto, que sobre la guerra contra el narcotráfico Calderón se diga “plenamente convencido de que en términos generales hicimos lo correcto”. Va a vivir el resto de su vida con esa idea, pero sin convencer a nadie.
La noche del miércoles, en la presentación de su obra en la ciudad de México, Calderón dijo que?“en estricto sentido ético, actué al límite de mis capacidades y siempre en conciencia de lo que debía hacer”. Y que las decisiones que tomó, las tomó “en el entendido que consideraba que tenía la razón. Pude haber estado equivocado, por supuesto”. Sí, estaba equivocado, pero por desgracia el poder se ejerce sin posibilidad de devolución.
La ausencia absoluta de autocrítica y la grosera descontextualización que corroe sus páginas, precipitan a las memorias de Calderón hacia una insustancialidad cínica. Es comprensible que la intención del panista haya sido proyectar una imagen amable de su gobierno y sembrar para la historia un alegato personal, pero el resultado es tan pobre que al final termina uno preguntándose cómo pudo el autor de esas páginas ser presidente de la República. Es un fiasco.

Le echa la culpa a Fox

Tampoco asombra que Calderón aproveche para ajustar cuentas con su correligionario panista Vicente Fox. Le echa la culpa del desastre en la seguridad pública y asegura que fue en su sexenio cuando se expandió el “crimen organizado y la violencia asociada a éste”. Cita a algunos académicos para señalar la responsabilidad de Fox y dice: “Por ejemplo, para Astorga y Shirk la violencia se incrementó desde los primeros años del gobierno del presidente Fox, debido a luchas entre las organizaciones criminales que alteraron el balance de poder”. Como consecuencia de todo ello, en el sexenio foxista se rompió la?pax narcotica?que había prevalecido hasta entonces. Él recibió el país ya emproblemado. Eso dice.

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