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Jesús Mendoza Zaragoza

La legítima oposición a La Parota

 

Después de varios años, el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) volvió a la Costera de Acapulco para manifestarse en el corazón de la ciudad. Se había manifestado en diversas ocasiones dentro de los linderos del territorio que les pertenece, en los Bienes Comunales de Cacahuatepec y, siempre, con la misma determinación. Los campesinos que integran el Cecop están dispuestos a defender sus tierras al precio de sus vidas.
El tema de la presa que el gobierno federal quiere imponer a través de la Comisión Federal de Electricidad ha generado controversias y polarizaciones en todas partes, incluso entre los mismos campesinos. En los ámbitos gubernamentales, políticos y empresariales hay un marcado interés por este proyecto en cuanto que lo conciben como un gran negocio en el que pueden participar. Evidentemente, esta es una posición carente de cualquier visión social o, incluso, ambiental. El mercado es el que decide e impone estos negocios sin importar los costos ambientales y sociales.
Incluso, en el ámbito de la sociedad, hay una gravísima desinformación con respecto a este mayúsculo proyecto hidroeléctrico que incluye un embalse de más de 13 mil hectáreas, algo así como 10 veces la superficie de la bahía de Acapulco. En Acapulco, en medio de la desinformación, mucha gente manifiesta estar de acuerdo con la maga presa con criterios superficiales o comerciales. Además, hay un desconocimiento de los impactos que generaría este proyecto, sobre todo en lo que se refiere al medio ambiente y a la población afectada.
La historia de la activación de este proyecto, hace 11 años, es oscura. Los promotores políticos y empresariales de la presa no dudaron en desinformar a los campesinos que resultarían afectados, en corromper a líderes naturales y a autoridades comunitarias, en pasar sobre la opinión y la decisión de la gente, en polarizar y enfrentar a los pueblos que serían afectados, en promover asambleas oscuras y manipuladas, en destruir el tejido social en la zona, todo para apoderarse de las tierras que albergarían a la presa. Como maldición, esos políticos siguen agazapados y esperan la oportunidad para volver a la carga con sus mañas.
Estas historias, llenas de ilegalidades e irregularidades han dado como resultado, hasta ahora, la suspensión de la presa en los tribunales agrarios. El movimiento social que se generó y desarrolló en la zona y que dio lugar a la creación del Cecop, vinculado a la lucha jurídica meticulosa han sido capaces de detener, hasta ahora, este proyecto planteado en términos de mercado y carente de sentido social y ambiental. Dos visiones de la tierra y de la sociedad se enfrentan en este conflicto: la que convierte en mercancía todo, a la tierra y hasta a las personas y a los pueblos, invocando la modernización como generadora de progreso y de desarrollo, contra la visión que mira la tierra como una casa para habitar y da un sentido sagrado a la comunidad y a la persona.
Este proyecto se ha promovido por la vía de la fuerza desde el poder, atentando contra los derechos humanos de los pobladores. Han atropellado leyes y derechos en todos estos años con tal de imponer a los pueblos de Cacahuatepec una visión mercantilista del desarrollo que deja como resultado más pobreza. Y con el asunto de las reformas estructurales, los señores neoliberales, que los hay en todos los partidos políticos, están decididos a relanzar este proyecto “de muerte” como lo llaman los campesinos. A estos les asiste la razón y el derecho. Son el sector más vulnerable de la sociedad, que sólo intenta sobrevivir en medio de condiciones adversas que el modelo económico les ha impuesto y ahora empiezan a moverse de nuevo para la defensa de sus tierras y de su modo de vivir.
Es legítima la defensa de sus tierras y es legítimo su empeño por conservar su entorno comunitario. No están obligados a permitir que se les imponga a la fuerza un proyecto que vulnera sus derechos, sus derechos fundamentales. Y, en la medida en que el movimiento de oposición a la presa se mantenga en la vía de una defensa pacífica y jurídica, su legitimidad va a crecer. Esta vía es la que les dará capacidad para vencer los depredadores planes de políticos y empresarios. La fuerza de la verdad, la razón del derecho y la lucha pacífica son las grandes alternativas del movimiento social. De otra manera, caer en la ilegalidad o practicar formas violentas hacen altamente vulnerable al movimiento social, que debe contar con un componente ético si quiere resistir y sobreponerse a las gentes del poder que manejan las leyes a su arbitrio y politizan la justicia, como lo han estado haciendo en el estado de Guerrero. Han estado politizando la procuración y la administración de la justicia en muchos casos como el de la encarcelación de luchadores sociales.
La lucha del Cecop tendrá futuro si integra este componente ético a su estrategia de defensa de la tierra. Afortunadamente ha contado con el apoyo incondicional del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, que ha aportado la asesoría jurídica necesaria para hacer uso de la ley a su favor. Por otra parte, creer y construir la lucha sobre la fuerza de la verdad, la dignidad sagrada de las personas y la vía pacífica de resolución de conflictos, puede acumular una gran fuerza moral en el movimiento que podría vencer al gigante neoliberal que amenaza con las armas de la desinformación –que equivale a la mentira–, de la violencia y del dinero.

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