Acapulco bien podría ser un cuento de hadas, pero al revés: Carlos Monsiváis
Xavier Rosado * No fue una “conferencia magistral” como lo habían anunciado ni tampoco una lista de sucesos históricos; el escritor Carlos Monsiváis presentó y leyó algunos “cuentos” –como los llamó el mismo escritor– sobre Acapulco de los que dijo que aunque “no son autobiográficos”, podrían serlo por la precisión con que describió lugares, épocas y personajes citados en cinco textos fechados a partir de 1973 y que remiten a distintos momentos de este puerto.
Desde el momento en que comenzó a leer su primer cuento –a los que el autor en el título denominó “escenas”– La zona roja y la tabla ouija, ambientado en el año de 1973, Monsiváis captó a las aproximadamente 350 personas que asistieron al Museo Histórico Fuerte de San Diego el viernes y quienes recibieron con agrado el humorismo y la lucidez de lenguaje del cronista con ese texto en el que captura la esencia de la zona de tolerancia de Acapulco y de una vivencia grupal jugando con la ouija.
…Fiesta de turismo en el Hilton me fui a la zona roja a practicar el zonanismo, jeje, ¿no te hace gracia?, no es gran chiste, a mí tampoco me gusta mucho no creas: zonanismo, fuimos un grupo muy cotorro, puros cuates, ya sabes Carlos, el otro Carlos , Renecito, Jorge , Rodolfo, el junior y un grupo de gordas, medio golfas si me lo preguntas, pero jaladoras y nada chafas de aspecto; ora que la zona no está a la altura de Acapulco, o de la Costera, todas las viejas andan horrendas, fachosas, algo así como quien quiere de a tiro para el pópulo.
El autor de Catecismo para indios remisos todo lo leyó carraspeado y en un solo tono, como dando una lista de inventario, sin embargo esto no le quitó lo interesante a la lectura de su texto, lleno de expresiones afortunadas y de un humor corrosivo, así como de remisiones precisas al pasado con canciones como Rigoletito y personajes como María Victoria y Joaquín Pardavé.
…y luego una tipa mounstruosa bailando una danza mortal y las golfas echando un relajo parejo y a mí me preocupaba que nos fuera a ver un periodista, todavía no somos lo bastante conocidos como para que el desprestigio nos prestigie y localicé al periodista ese del amarillismo y lo fui a saludar y estaba tan borracho que me salió con que ‘yo a ti ni te conozco guey’; cómo estaría de ahogado que le tuve que apuntar mi nombre y prometió publicar la nota (hasta ahorita); el trío de lo más out, era como si Los Panchos estuvieran desvelados y afónicos y un mago llegado directamente de Tijuana que no veas, se le ahogó la paloma en el sombrero de copas y la sacó muerta y se disculpó y ya no lo dejaron continuar.
En una escena de 1976, recordó también a “uno de los inventores” de Acapulco, Teddy Stauffer y discotecas como el Armando’s Le Club, Boccaccio y Tequila A go go, este último, lugar en donde se rendía tributo a Frank Sinatra con la música y con fotografías en la pared de actores como Errol Flynn.
En otro de los cuentos que leyó Había una vez una melodía, escena de 1983, recordó al restaurante Beto’s de la playa Condesa, en donde la música se mezclaba con el celebrado e inacabable paisaje acapulqueño y se ejercía una constante lucha entre la cumbia colombiana y el danzón cubano contra la musica disco.
Un trópico sedentario y no danzante es un fraude o una superchería y así lo revela la meditada distancia de los contendientes, mientras se pueda: órale no empujen, el baile es importante porque además de serlo, es el único refrendo conocido de la juventud; viejo el que no baile, viejo y pobre y en la pista una generación se sobresalta sabiéndose en pleno templo de la gala minoritaria… el chiste de ir a una discoteca es la sensación de exclusividad que corrobora la calidad de los participantes…
Mencionó también que en Acapulco el rostro resulta ser el mejor patrimonio para aprovecharlo. En uno de sus textos recordó a un joven que su único modus vivendi eran sus capacidades amatorias.
También dijo que “ya estaba bueno” de pensar que hay varios Acapulcos, “Acapulco es uno e indivisible, hay un solo Acapulco, el lugar donde “la naturaleza se hizo ciudad” y un lugar que bien podría ser “un cuento de hadas, pero al revés”.
Dijo que Acapulco lo han hecho también los juniors por antonomasia, junior executives o CEO, o simplemente niños bien de la ciudad de México que en los ochentas llenaban la discoteca Baby’O y con su “güerez y su fresez, iluminaban el imaginario turístico”.
…en la ciudad insomne el insomnio es una meta, la necesidad de la compensación…
También se preguntó: ¿qué le habrá hecho Acapulco a los arquitectos? quienes trajeron todos sus proyectos más horrendos a este puerto y lo llenaron de edificios espantosos sin adecuarlos al paisaje.
“A Acapulco lo han devastado con la cultura de lo kitsch y lo naco”, dijo en su lectura.
Mencionó que nadie es excéntrico en Acapulco, “en todo caso, podría ser excéntrico un tipo vestido de traje y corbata como Joaquín Pardavé”, pero de ahí en fuera, Acapulco permite todos los estilos de personalidad.
Después de esto, el escritor dio pie a que el público le hiciera preguntas, pero al ver la reserva de la audiencia, se despidió.
Inmediatamente después, una masa de periodistas lo abordó para entrevistarlo.
El escritor calificó la visita a México del jefe de gobierno español José María Aznar, como un ridículo y consideró que la negativa de México a la guerra no traerá represalias.
Después de enfrentar con un dejo de impaciencia a los medios, tardó casi una hora hasta llegar a su transporte, trayecto que interrumpían los presentes para tomarse fotos con él y obtener su autógrafo.




