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Federico Vite

Danzando sobre una fina capa de hielo

 

Ferdinand von Schirach, proveniente de una familia conspicua de abogados, utilizó algunos de los casos en los que ha trabajado para diseccionar historias que incurren en el crimen. Su debut literario fue con Crímenes (Salaman-dra, 2011) un libro que reúne once relatos, alabado por la crítica especializada alemana. La traducción es de Juan de Sola, a quien se le agradece el acercamiento al castellano de distintas obras de Robert Walser.
Von Schirach trabajó en más de 700 casos, en Berlín. El caldo de cultivo para un documento como Crímenes es asombroso. Aunque pareciera un libro eminentemente policiaco, el argumento de la obra es un alegato, o una reflexión, sobre el sentido del castigo y la noción (o ilusión) de la justicia.
Crímenes son historias reales que von Schirach comenzó a escribir con el único propósito de vencer el insomnio y tiempo después le dio consistencia de relatos a sus anécdotas, y el resultado es que el libro se volvió un acontecimiento literario mundial, que se ha traducido a 30 idiomas y hay varias propuestas para hacer una versión cinematográfica.
De los 11 casos, me atrae El cuenco de té de Tanata, en el que se narra el robo que le cambia la vida a tres jóvenes, los acerca al terror y, cuando se ven con el agua hasta el cuello, acuden al abogado, quien se inmiscuye en la trama y permite entender los motivos de Tanata para asesinar brutalmente a dos personas, las que intentaron hacerse de dinero revendiéndole su antiquísimo cuenco de té. Son 20 páginas de suspenso, en los que aparte de la pluralidad racial evidente e importante en el relato, el autor ofrece una vaga explicación sobre la raíz del delito en los barrios bajos alemanes. Este relato es el que técnicamente ofrece más variantes, pero el que me conmovió es el que abre el libro Fähner. Un médico de 72 años descuartiza a su esposa con una hacha. Simplemente ya no aguantó el maltrato ni la humillación de una arpía a quien, a pesar de todo, extraña. La culpa de Fähner tiene eco en su confesión. Trascribo: “Sigo queriéndola, le prometí cuidarla, y sigue siendo mi mujer. He quebrantado mi promesa. Debo cargar con la culpa mientras viva”. Lo condenaron a tres años, la orden de detención fue revocada y se pidió la excarcelación. Cumplió una condena con régimen abierto (el reo debía pernoctar en la cárcel y salir durante el día). Vivir con la culpa, como notamos, no es una tarea fácil. ¿Cuál es la intención del castigo aquí? Fähner no reincidirá en el delito, simple y sencillamente había llegado al final de su vida completamente roto. No hay un castigo mayor para ese anciano que reinsertarlo a la sociedad con un trabajo. Paga su condena vendiendo manzanas.
Otro relato a destacar es Legítima defensa, donde un extraño hombre acaba, sin esfuerzo alguno, con la vida de dos jóvenes neonazis que intentaron atacarlo. En Summertime nos enteramos de un caso en el que todo apunta hacia el acusado, pero un detalle absurdo propicia una vuelta de tuerca en todo el proceso judicial. Y para terminar el libro, aparece El etíope, la historia de un hombre que encuentra su lugar en el mundo y que lo pierde cuando menos lo espera. Sin duda, el texto más emotivo y suave del libro.
A von Schirach le interesa contar sin adornos sus historias. Estilo directo y creación del suspenso, esas son las herramientas que utiliza y bastante bien. Genera intimidad con el lector, los personajes muestran el lado más humano, no sólo son vistos como delincuentes. Aparte de Crímenes, este escritor y jurista ha publicado Culpa y la novela El caso Collini con el sello editorial Salamandra.
Quien da la bienvenida al lector en el prólogo de Crímenes es el jurista, no el escritor, Von Schirach: “Uno de mis tíos era juez presidente de un tribunal. Siempre empezaba con la misma frase: ‘La mayoría de las cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo’. Tenía razón. Perseguimos las cosas, pero son más rápidas que nosotros y nunca logramos darles alcance. Yo cuento las historias de asesinos, traficantes de drogas, atracadores de bancos y prostitutas. No son muy distintos de nosotros. Nos pasamos la vida sobre una fina capa de hielo; debajo hace frío y nos espera una muerte rápida. Mi tío el juez sirvió durante la guerra en la marina, y una granada le cercenó el brazo izquierdo y la mano derecha. Dicen de él que fue un buen juez, humano, un hombre íntegro y con gran sentido de justicia. Una mañana se adentró en un bosque, se llevó el doble cañón de la escopeta en la boca y apretó el gatillo con el muñón del brazo derecho. Dejó una carta que empezaba: ‘La mayoría de las cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo’. Este libro trata de personas como él y de sus historias”. Que tengan buen martes.

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