Se presenta en el puerto parte de la historia y tradición cultural oaxaqueña
Xavier Rosado * Una conjunción de magia, historia, tradición y creatividad representa la muestra cultural, artesanal y gastronómica de la Guelaguetza que este fin de semana finaliza en en el Zócalo del puerto y en la colonia Ciudad Renacimiento con una demostración de las danzas y bailes de ese estado.
El público acapulqueño disfrutó durante estos días de lo que el oaxaqueño tiene qué ofrecer en ese afán de proteger y preservar las tradiciones de los ancestros prehispánicos.
La comida fue uno de los atractivos principales de esta muestra. Lo más pedido fueron las colosales tlayudas, unas enormes tortillas de 30 centímetros de diámetro untadas con frijoles negros y rellenas con quesillo fresco, col y carne al gusto que puede ser tasajo de res, enchilada, cecina o chorizo.
Con una tlayuda es suficiente para todo el día, pero también se ofrecieron unos deliciosos tamales oaxaqueños envueltos en hoja de plátano y rellenos de pollo.
Además del típicamente oaxaqueño mole negro. también hubo quesadillas al gusto y para acompañar la comida, aguas frescas de horchata con nuez, piñón o almendra, agua de frutas y la famosa chilacayota, todas a un costo de 10 pesos.
La tradicional vestimenta oaxaqueña en la que predominan telas como la manta y el algodón con finos bordados y vistosos colores, también tuvo buena acogida por los porteños. Vestidos, blusas y camisas para caballero con el toque mexicano, que habla del orgullo que sienten los oaxaqueños por su entidad y por su trabajo.
Los artículos fabricados a base de piel de ganado bovino, carteras, monederos, bolsas, agendas y toda una gama de llaveros y recuerdos de Oaxaca, también atrajo la atención de los visitantes.
Mención especial se merecieron los expendios de uno de los productos que dan identidad a México en todo el mundo: el 100 por ciento de agave y 100 por ciento oaxaqueño mezcal.
Como todos los productos que se vendieron en la feria de la Guelaguetza, el mezcal fu presentado por su productor Francisco García Nieva quien ofreció un mezcal 100 por ciento de agave elaborado en los poblados de Matatlán y Tlacolula y cremas de mezcal sabor coco, almendra, piña colada, café, durazno, café con leche y zarzamora.
Don Francisco comentó que su producto aún sigue las técnicas prehispánicas de elaboración y que no utiliza ningún químico, insecticida o fertilizante en su cultivo.
“La palabra mezcal proviene del vocablo náhuatl mexcalmetl, que significa agave. El término utilizado en México para nombrar al agave es maguey. El maguey no es un cactus ya que, botánicamente, tiene su propia familia: agaveacea”, explicó el experto en este bebida de origen prehispánico.
Agregó que el mezcal es una bebida alcohólica regional de Oaxaca que cuenta con la denominación de origen internacional, por lo que ningún otro país puede producirlo. Don Francisco también ofreció las típicas bolas de barro negro decoradas con mecate y rellenas de mezcal.
“Esta bebida se produce en la llamada ‘Región del mezcal’ ubicada dentro de la localidad de Santiago Matatlán, Oaxaca, la cual es considerada la capital mundial del Mezcal, dentro del territorio nacional”, precisa don Francisco.
La tradición del barro negro
Posteriormente a su elaboración, el mezcal se almacena exclusivamente en barricas de roble blanco, envase artesanal que no ha perdido su vigencia.
San Bartolo Coyotepec es el lugar donde se elabora también desde hace siglos la artesanía de barro negro, típica de Oaxaca. En la feria se ofrecieron cántaros, muñecas, floreros, lámparas, candeleros, ceniceros, pipas, pulseras, collares, eclipses, soles, lunas, llaveros y silbatos, figuras que hablan de la tradición y creatividad de la gente de esta entidad.
La cuchillería de Oaxaca también ha puesto el nombre de este estado muy en alto en todo el mundo. Los cuchillos están hechos con estrictas normas de calidad que los hacen durables para toda la vida.
Quizá uno de los módulos más originales de toda la muestra fue el de Alberto Vázquez Sánchez, quien hizo posible que esta exposición se lleve por todo el país y además es ganador del Premio Nacional de la Juventud por sus creaciones en figuras de antimonio.
“El antimonio vino a sustituir al plomo cuando se dijo que era perjudicial para la salud, sin embargo, nosotros conservamos la esencia de la artesanía y seguimos fabricando estos juguetes con antimonio, para que sea el niño el que juegue con el juguete y no al revés”, expresó el artesano.
Su local demuestra la imaginación del artesano por naturaleza que con sus personajes ha podido recrear escenas de la revolución y otras batallas populares en la historia mexicana. Además de los típicos soldaditos de plomo, hay dragones alados, unicornios, personajes de culturas prehispánicas, quijotes, personajes a caballo y muchas otras figuras más que representan un pasaje y una lucha por preservar la tradición centenaria de los juguetes mexicanos.
No pudieron faltar los dulces típicos de la tradicional tienda La Guadalupana –que se encuentra en pleno centro de la capital del estado de Oaxaca– en donde se expenden los productos del área panadera de esta tienda que diariamente prepara delicias como los gaznates, polvorones, roscas, mamones, borrachitos, buñuelos, barquillos de lechecilla y empanadas de piña y coco para ofrecerlas al público acapulqueño.
Dulce de nanche, ciruelas en mezcal, camotes, calabazas, chilacayotes, limones rellenos de coco, jamoncillos de nuez, piñón, tamarindos con chile, sal y azúcar, cocadas con piña, anís, limón, naranja y leche, higos en dulce, pepitas, alegrías, palanquetas, fueron parte de lo ofrecido.
En el puesto La Milagrosa podría resumirse toda la esencia de la gastronomía típica de Oaxaca. Ahí fue posible encontrar chocolate en todas sus presentaciones, amargo, semiamargo y dulce, los quesos, Oaxaca, fresco y de petate y por supuesto los moles, el más típico es el negro aunque también hubo rojo y coloradito.
También se vendieron la salsa de gusano de maguey y los chapulines asados, pan de sal con ajonjolí, tortillas para tlayudas y rompope, entre otras delicias oaxaqueñas.
Aunque Oaxaca no se distingue por ser una región minera, sí se caracteriza por la minuciosidad y el detalle con que se trabaja el oro y la plata, una muestra de ello fueron los dos módulos en los que se exhibió la joyería en plata y el lugar de doña Francisca Rojas, en el que vendió réplicas de la joyería de Monte Albán en baño de oro que se usa para las bodas y ocasiones especiales.
Mención aparte merece doña Panchita quien se dedica a la elaboración de pectorales y enaguas que conforman el traje de tehuana que es bordado a mano sobre tela de terciopelo y que aún utiliza las técnicas de coloración prehispánicas con colores naturales como la chinchilla, que según ella, puede resistir el cloro más fuerte sin perder su color.
Los telares de la región central de Oaxaca son famosos en todo el mundo, el algodón en sus colores crudos trabajados con vivos en tonos pasteles pueden agradar a los gustos más refinados. En esta muestra fue posible encontrar manteles, colchas y cortinas hechas en telares de pedal por artesanos de la capital del estado.
En la muestra también se vendieron discos y casetes con la música regional de Oaxaca, con compositores como Chuy Rasgado y Alvaro Carrillo y la Banda Mixe, intérprete de las canciones de los bailes de la Guelaguetza e interpretaciones de cantantes regionales como Martín Chacón y Gaspar Daza quienes cantan piezas como Sandunga y La llorona y otras melodías en zapoteco y mixteco, las lenguas más comunes de los 17 dialectos que existen en ese estado.
Para refrescarse también se vendieron nieves de Oaxaca con sabores de mezcal, tres leches, pétalos de rosas y otros.
Así, después de esta visita a la muestra oaxaqueña la gente pudo llevarse a sus casas los sabores, olores, texturas y colores de este estado hermano que viene hasta Acapulco para todos aquellos que no pueden viajar hasta Oaxaca.
Para cerrar esta muestra se presentará este sábado y domingo a las 18 horas en el Zócalo de la ciudad la interpretación del baile de la Guelaguetza, Danza de las siete regiones.




