Arturo Martínez Nateras
Diálogo por el campo; aparecen los ausentes
Los escurridizos ya decidieron participar. En buena hora y bienvenidos; con ellos el diálogo iniciado alcanza un mejor nivel. La voluntad de construir consensos es mucho más fuerte que los caprichos y los intereses de grupo.
Los ponentes y participantes, concluida la sesión inaugural, no sin problemas de organización se instalaron en cinco grupos de trabajo. Las presentaciones y los debates se asientan en la tarde y constituyen una tormenta de protestas y de propuestas.
Después de comer me puse a escribir la minicrónica que apareció este martes en El Sur y después me incorporé a dos mesas: la tres donde presenté el documento del encuentro de Guerrero y en la cinco en la cual expuse el texto Café mexicano de calidad, medio ambiente y desarrollo sustentable. Ambas recibidas muy cálidamente.
En general existen algunas percepciones muy extendidas, no completamente ciertas pero tampoco explicadas, las que demuestran la incapacidad de las autoridades y de las direcciones para generar mensajes positivos.
–El TLC es el culpable de todos los males habidos y por haber.
–La solución a la crisis del campo es volver a las viejas políticas populistas que son uno de los componentes de la crisis.
–Y, en cuanto al evento, los medios construyeron con eficacia extraordinaria la versión de que el diálogo empezó mal, con el pie izquierdo y que en realidad se trata de un monólogo.
A nadie le interesa investigar, profundizar; los noteros se imponen. Ni modo, así es la realidad.
En las cinco mesas hay una tormenta de ideas, de tesis, de protestas y de propuestas que van desde las visiones generales, de índole conceptual y propositiva a las demandas más localizadas.
Me preocupa y esto lo he expresado por doquier, el método y la voluntad para formular las conclusiones de este primer tema de la agenda nacional. Existe una mesa de organización que será relatora y una empresa ha sido contratada para sistematizar las propuestas. Las autoridades desaparecieron y hemos reclamado tanto su presencia como un método adecuado para que la verdad que la gente ha dicho sin cortapisas, llegue a los oídos de quienes toman las decisiones. Don Javier Usabiaga aparece y desaparece.
Ayer, después de un acuerdo en Bucareli, los cupuleros han decido incorporarse a partir de hoy. Existe un clima de cierto descontento interno pues se ha corrido la versión de que habrá borrón y cuenta nueva. No lo creo. La plenaria se convertiría en un aquellarre. Es lógico que los ausentes enriquezcan las conclusiones, que se incorporen a la comisión organizadora y relatora, que recojan la riqueza de lo expuesto y la embellezcan con sus tesis.
La conclusión de conclusiones todo lo remite y así será en los demas temas, al acuerdo de reformar la política económica del país. A idear el método democrático de participación y elaboración de la Ley de Ingresos y del Presupuesto. De lo contrario no habrá cambio posible. Esta es una tarea del Ejecutivo y del Legislativo…
Los guerrerenses han desempeñado un papel activo en todas las mesas. Unos se fueron pronto pero la nota y las fotos son de nuestra gente. Nabor Ojeda ha estado presente los dos días.
Resumo las propuestas más generales de nuestro documento:
1) Salvar al campo mexicano y edificar una sociedad rural justa, productiva, sustentable es un reto constitucional, política, ética y económicamente urgente y es asunto estratégico, de seguridad nacional e interés público. El campo, los campesinos y la nueva sociedad rural son la gran reserva y pueden ser hoy el motor de una nueva fase de desarrollo, para lo cual se requiere invertir para generar empleo, convertir a los campesinos en contribuyentes y consumidores, en proveedores de las materias indispensables para la alimentación y la industria; que garanticen la seguridad y la soberanía alimentaria.
2) Es imprescindible una verdadera noción histórica del papel del campo mexicano como origen del desarrollo nacional. Las tres grandes revoluciones de nuestra historia hicieron posible incrementar la producción de la tierra y generar en el campo y por los campesinos mexicanos los excedentes para el desarrollo de las ciudades, para la industrialización y el crecimiento mexicanos. Esta realidad nadie debe perderla de vista. Por ella y por lo específico de la economía agrícola, por la estacionalidad de la cosecha, del empleo y del ingreso, son justos y justificables los subsidios y las compensaciones, las transferencias… La demanda de eliminación de los subsidios en Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Australia, etc. es una batalla muy mal planteada y perdida de antemano.
3) Es imprescindible conocer, identificar y admitir las causas reales de la situación que, desde los años sesenta, mantiene postrado al campo mexicano en una profunda crisis estructural, productiva, social, económica, cultural. Las causas de estos fenómenos son principalmente internas, nacionales, estatales, municipales y regionales y son la suma compleja de las políticas públicas; de la incapacidad de las cúpulas de las direcciones de las organizaciones campesinas y de los partidos políticos para generar las inversiones, los subsidios a la producción, las demandas y los procesos productivos que el campo mexicano necesita.
Los factores externos e internacionales han contribuido a agravar la situación, cancelando, nulificando o desaprovechando las ventajas comparativas.
4) El binomio sociedad-gobierno; la concertación y la construcción de acuerdos, de programas son indispensables para salvar al campo mexicano, para solucionar la crisis multifuncional; blindar al país y a los productores de los desequilibrios internacionales; etc. Actuaremos positivamente en este sentido y con esa orientación plural, desde la sociedad.
5) Un acuerdo nacional útil para la nueva sociedad rural, para el desarrollo sustentable y para colocar al campo como uno de los motores del desarrollo requiere la elaboración de las grandes directrices políticas, financieras, de inversión; de los programas de emergencia y de contingencia; de aceptar la elaboración de presupuestos multianuales, de identificar y transparentar los subsidios indispensables y la nueva relación entre la ciudad y el campo, de privilegiar la silvicultura como la gran vocación rural mexicana y suriana, de valorar y estimular las áreas de producción rural que son exitosas, de ampliar la agricultura por contrato y definir precios objetivo, de construir la nueva educación rural, de localizar las oportunidades de inversión y el atlas de nuestras grandes reservas. Requerimos una visión rural humana, universalista, solidaria, internacionalista. Es posible un campo justo en un México y en un mundo justos.
6) Una vez pactado el acuerdo nacional y dentro de él es ineludible pactar compromisos y destinar los recursos suficientes a las políticas públicas; afrontar la crisis con medidas y recursos de emergencia y aprobar presupuestos multianuales por producto. Pasar de las palabras a los hechos. El campo no aguanta más promesas y desilusiones… Este es el punto clave, el referente. Demandamos integrar todos los recursos de las diferentes dependencias en una bolsa nacional para el desarrollo del campo y abrir a la sociedad la vigilancia, el seguimiento y la evaluación.
7) Propusimos realizar en cada entidad, como lo haremos en Guerrero, una convención estatal para construir un acuerdo estatal por el campo, a partir del contenido del acuerdo nacional y de un estudio de gran visión a nivel estatal. Es impostergable identificar los productos estratégicos de mayor potencial y revisar el presupuesto. Proponer con fuerza los programas y acuerdos por producto. En especial acordamos llevar nuestras propuestas para las cadenas-producto: el maíz, el frijol, el coco, el café, el mango, el limón, la jamaica, el melón, el sorgo, el ajonjolí, el maguey, lo pecuario y lo forestal.
8) Propusimos incluir como una de las líneas de desarrollo nacional sustentable el apoyo con recursos a la agricultura orgánica; que el 10 por ciento de Alianza para el Campo se destine a este fin.
9) Uno de los temas preferentes que hoy no se toma en consideración en la agenda nacional es el de la fuerza de trabajo, la mano de obra familiar y los derechos de los jornaleros agrícolas. Proponemos su inclusión en una mesa específica o como tema adicional. Además revisar a precios reales el pago a los jornaleros, pues el salario mínimo sólo deforma los programas federales.
9) Solicitamos ampliar a los consejos de productores, la participación en el Consejo Mexicano de Comercio Exterior así como mejorar el funcionamiento de las Compex.
10) Exigimos la creación de un sistema nacional de adquisiciones de productos nacionales preferentemente a las organizaciones sociales o a las alianzas estratégicas que se comprometan al pago justo a los productores
Más mucho más hemos escuchado y expuesto en dos jornadas muy intensas.
Ojalá y haya voluntad para recoger lo fundamental. Mañana viviremos una jornada muy intensa.
Ya platicaré con ustedes de ello.
Babel cobra forma de ágora.
Hasta mañana.




