Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Moisés Alcaraz Jiménez

El pulpo presiona al Congreso

La situación caótica que prevalece en el sector del transporte en Guerrero, no es menor a la que existía en otras entidades donde se tuvieron que tomar medidas radicales para poner fin al desorden y la corrupción y brindar un mejor servicio a la población.

El origen de esta situación se ubica en lo más profundo de gobiernos estatales corrompidos, que favorecieron el surgimiento del problema al hacer repartos de concesiones de manera sucia e irresponsable a familiares, amigos, compadres y seudolíderes incondicionales que ahora son los grandes acaparadores y cabezas principales de las mafias que controlan el sector y prácticamente han sometido a las autoridades del ramo, a las que a través del chantaje y las presiones han obligado a mantenerles sus canonjías y privilegios.

Son estos los únicos beneficiarios de la desorganización de este sector y los que ferozmente enseñan los dientes y amenazan para que no se apliquen medidas de orden y se limpie toda la suciedad de la que han impregnado el medio en el que se mueven.

Los capos del transporte no hubieran podido degradar a tal grado este rubro de la economía si no hubieran contado desde siempre con la complicidad de las propias autoridades. Es bien sabido que la Dirección de Transportes del gobierno del estado ha sido siempre mucho más que la cueva de Alí Babá, desde donde con la más completa impunidad se fomentó la corrupción al vender los permisos al mejor postor y no otorgarlos a quienes tienen derecho a ellos.

Igualmente, durante muchos años prevaleció en esa dependencia la nefasta práctica de entregar las concesiones en bloque a líderes putrefactos que las negociaban entre los miembros de sus bandas y daban la clásica mochada a funcionarios deshonestos que se las entregaban para traficar con ellas.

Esto es lo que ahora mismo exigen estos lidercillos y a ello se deben muchos de los bloqueos a carreteras y calles que por todo el estado han realizado. Aunque en este caso se debe diferenciar a aquellos verdaderos trabajadores de taxis que las mafias han marginado y que también se han movilizado recientemente para exigir respeto a sus derechos y que se les entregue a ellos y no a aquellas bandas los permisos que por ley les corresponden.

La marcha que el pasado lunes realizaron en la capital del estado conocidos acaparadores de permisos, a la que obligaron a asistir a sus choferes y familiares, tiene un fin muy particular: evitar que el Congreso del Estado continúe con la búsqueda de alternativas para solucionar este complejo problema, entre las que se encuentra una posible revisión para ver las ventajas o desventajas de liberalizar el transporte.

La simple mención de esta medida inquietó sobremanera al pulpo, que de inmediato se ha dado a la tarea de presionar por todos los medios a su alcance para que el órgano legislativo desista de cualquier acción que afecte sus intereses y ha iniciado una campaña de mentiras para descalificar y tratar de desprestigiar una eventual liberalización del servicio, como aquellas que dicen que tal medida provocaría un caos, como si ahora se estuviera en el más completo orden; o que la población se vería afectada, cuando es precisamente la que más beneficios alcanzaría de tomarse tal decisión.

Los dueños del transporte afirman también que en las ciudades donde el servicio se ha liberado, el problema no se ha solucionado, cuando salta a la vista que en esos lugares existe ahora mayor organización y mejor servicio, lo que se acabó fue la corrupción entre los malos dirigentes del gremio y las autoridades. A los líderes se les acabó también el sucio negocio de sus organizaciones, mediante las cuales explotaban de mil formas a los trabajadores del volante; igualmente, ya no tienen cómo traficar con permisos o falsas promesas de conseguirlos con dinero de por medio, tampoco pueden robarse ya las cuotas que cobraban en sus agrupaciones, el dinero de los seguros de vehículos y las fianzas que exigían a los trabajadores.

Es verdad que en esos lugares se acabaron también los acarreos de taxistas que el PRI realizaba con fines electorales. Con la liberación del transporte el gremio escapa a ese férreo control priísta. Sin embargo, debido a la descomposición en que los líderes de taxistas han caído, en Guerrero desde hace tiempo estos personajes dejaron de tener credibilidad y representatividad entre los trabajadores del ramo y ahora, además de no representar electoralmente a nadie, sus propios agremiados los detestan y si acuden a las marchas que aquellos convocan, lo hacen bajo presión y para conservar el empleo, pero ya no votan por el PRI. La prueba más palpable es Acapulco, donde muchos de estos pseudodirigentes ofrecieron respaldo a Ernesto Rodríguez Escalona, y efectivamente le acarrearon tal vez a miles de taxistas, pero muy pocos votaron por él, como lo demuestran los resultados del 6 de octubre.

El PRI debe tener cuidado en respaldar al pulpo del transporte, su desprestigio es tal que en lugar de sacar ventaja de ello su situación podría complicarse.

Después de que en Guerrero la Dirección de Transportes ha demostrado ser incapaz para resolver este problema, por ser parte integral del mismo, el Congreso del Estado debe asumir la responsabilidad que en este caso le corresponde.

La sociedad espera que del Congreso surja una medida eficaz, como la que el asunto requiere, y no paliativos que sólo posterguen por tiempo indefinido el problema, y espera también que el órgano legislativo no ceda a las presiones del pulpo y que tampoco pase a ser un rehén más de sus intereses.

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