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Jorge Obregón

Antropología

Del 23 al 26 de julio celebraron un aniversario más de la fundación de su colonia los integrantes de la Comunidad Indígena y Popular Emperador Cuauhtémoc, en Chilpancingo, una actividad bastante significativa no sólo por el origen de varios de sus miembros, migrantes indígenas que por diversos motivos han sabido abrirse un espacio dentro del espectro urbano, sino por ser además gente inquieta que, contra viento y marea sostiene su proyecto identitario. Paralelamente y de manera significativa se organizó el tercer congreso de Antropología Popular, donde se presentaron trabajos de reflexión sobre diversos temas.
Destaco esto porque varios de ellos son alumnos míos, y otros más son mis amigos desde hace varios años. Me llamó mucho la atención que se propusiera la realización de un Congreso de Antropología Popular, al que no pude asistir, pero al que envié algunos apuntes sobre la antropología mexicana. Considero importante dar a conocer esas notas, ya que pueden contribuir a acabar con esa visión erróneamente generalizada de que la antropología, disciplina humanística-social, es sinónimo de la arqueología. Centraré en estos comentarios algunos problemas sobre el tema de lo que llamamos antropología mexicana.
Para comenzar, hay que dejar claro que la antropología no es únicamente el estudio de los pueblos originarios, en nuestro país su gran aportación, el indigenismo, ya cumplió su función. Como lo destaca Gilberto López y Rivas, una de las “conquistas del movimiento indígena, encabezado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Congreso Nacional Indígena (CNI), ha sido identificar en el debate nacional la naturaleza paternalista, autoritario
y enajenante del indigenismo del Estado mexicano”.
Desde su nacimiento, la antropología ha tenido una conducta cuestionada como una ciencia colonialista, una disciplina para la dominación y el sometimiento de los pueblos, un arma del imperialismo, como usó de la antropología el gobierno de Estados Unidos, “una herramienta más de sus guerras contrainsurgentes y ocupaciones neocoloniales en el ámbito mundial”, señala el mismo López y Rivas en La antropología al servicio del Estado militarizado.
La formación de antropólogos en Guerrero, como lo entendimos al fundar la Unidad Académica en Antropología Social (UAAS) de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), debe estar sustentada por una formación académica sólida en los distintos espacios del actuar (teórico, técnico metodológico) de sus alumnos. Debe aplicarse contra la utilización y negación de los pueblos indígenas que hace el gobierno, a quienes debemos ver como productores materiales y como verdaderos creadores de cultura, no sólo como objetos del rico folclore guerrerense, sino como sujetos de esta disciplina.
Argumentamos, en aquellos primeros momentos de la UAAS, en contra de la utilización de los grupos originarios para cumplir con los fines de la política oficial, principalmente el hablar a nombre de ellos, sin su participación. Así también nos deslindábamos del burocratismo indigenista y de la cultura popular. Sobre todo por la planeación hecha desde el escritorio, al despilfarro y la corrupción por las cuales a los pueblos indios sólo les llegan las migajas del presupuesto.
Por último, nos declarábamos en contra del etnocentrismo de algunos investigadores, quienes desde la perspectiva de la antropología y de la historia siguen cultivando la visión de hablar de los otros y a nombre de los otros.
¿Pero qué antropología queremos? Esa es una gran pregunta. Lo que debe ser fundamental es que la antropología, como disciplina, conlleve una conciencia humanística y crítica, por decreto no se puede llegar a la conciencia, pero ésta sí debe acompañar a las grandes mayorías y colaborar en su quehacer cotidiano.

* El autor es maestro de la Unidad Académica de Antropología Social de la UAG y fue director durante muchos años de la radio La Voz de La Montaña con sede en Tlapa.

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