Aurelio Peláez
Acapulco en la literatura de Carlos Fuentes
En La región más transparente (1958), y Cristóbal Nonato (1987), Carlos Fuentes deja dos estampas críticas de Acapulco. Entre la admiración de su paisaje y el disfrute de sus playas y su naturaleza, asoma el dedo que acusa despojos de tierra a sus habitantes originales, la corrupción de las autoridades, pero también se refiere a la contaminación de la bahía y escarba sobre la leyenda de los costeños violentos.
Acapulco es paraíso e infierno, es lugar escogido por una pareja de jóvenes para procrear a su primogénito (Cristobal Nonato), un ritual de fertilidad que coincide con la celebración de los 500 años del descubrimiento de América. Mención también al despojo de tierras en el puerto al que se dieron los cachorros de la revolución aparecen en La Muerte de Artemio Cruz (1962), la mejor novela de Fuentes según el director de El Sur Juan Angulo.
Dos cuentos más, Chac Mool (Los días enmascarados, 1954), y Un alma pura (Cuentos naturales, 2007), tienen como escenografía a este puerto.
A continuación, dos pasajes de los dos primeros libros referidos.
La región más transparente
“Vámonos a la Perla del Pacífico a recuperarnos del desgaste intelectual… A ver los cueritos en la playa manito, a hacer la vida que nos corresponde ¿No vienes? (le dice el académico Manuel Zamacona a Ixca Cienfuegos, éste último el principal protagonista de la novela)
…Manuel Zamacona no encontró alojamiento en Acapulco y decidió seguir, por Pie de la Cuesta, hasta Coyuca, hasta gastar la noche. Había pasado las primeras horas nocturnas en la playa y ahora, poco después de las once, abandonaba el puerto ilumnado por luces de tres colores, sudando en los pantalones de franela, con las mangas arremangadas y el montón de libros y gabardina al lado, zarandeados por las curvas y el calor que doblegaba y resblandecía las páginas. El mar rugía en Pie de la Cuesta, por encima del grupo que, alrededor de una fogata, tañía guitarras. La carretera descendió al pantano y se internó entre platanares espesos, cuando Manuel advirtió que el automóvil estaba dejando escapar la gasolina y que el tanque disminuía rápidamente. Prosiguió con lentitud a través de la geografía oscura y sofocante, coreada por pagapayos despiertos, hasta distinguir unas luces. Tres o cuatro jacales de pasa precedía al edificio de un piso, blanqueado de cal, de donde surgían voces cortadas y el rumor de una sinfonola. Algunas mujeres amarillas se mecían en hamacas y dejaban correr entre los charcos de la carretera a los niños desnudos que el ruido de la pequeña cantina, la noche del Grito, había arrebatado al sueño. Manuel detuvo el automóvil a pocos pasos de la cantina y quiso exhalar todo el cansancio y el sudor preñados. Encendió un cigarrillo y hojeó uno de sus libros: et ces`t toujours la Seule –ou c’est le seul momento… Descendió, abrió la cajuela y sacó una lata de aluminio. Repitiendo a Nerval, se dirigió a la cantina. El danzón lentísimo que carraspeaba la sinfonola se oponía a las altas voces, a los cuellos hinchados de gritos, de los hombres vestidos de blanco que apenas movían los cuerpos en si intercambio de palabras soeces: las bocas desdentadas, la morenía lívida de los rostros.
–Perdón: ¿me podrían vender unos litros de…?
Uno de los hombres del dio la cara a Manuel Zamacona; desprendido como un trompo de la barra de madera, con los ojos redondos y sumergidos de canica, disparó su pistola dos, tres, cinco veces sobre el cuerpo de Zamacona.
Manuel dejó caer el bote de alumnio, se clavó las manos en el estómago, salió con la boca abierta hasta el camino despeo de olores vegetales, y cayó muerto.
–A mí nadie me mira así –dijo el hombre con ojos de canica.
Cristóbal Nonato
México es un país de hombres tristes y de niños alegres dijo mi padre (22 años) en el instante de crearme. Antes mi madre Angeles (menos de 30 años), había suspirado: “Oceano, origen de los dioses”…
Pero mi padre dijo que quería tener un hijo (yo, cero años) con ella. Aquí en Acapulco de vacaciones frente al océano origen de los dioses que dice homérica vez pussy, y desnudo sobre la playa caliente, sintiéndose el muy cachondo cómo la arena del medio día comienza a moverse entre sus piernas, acercándose a mi madre, diciendo coño origen de los dioses y de las diosas, arrastrándose como culebra, ceba, culea, celebra, cerebra, el sexo no anda entre las piernas sino dentro del coconutgrove que produce más hormonas que cualquier otro planeta de nuestro afrodisiaco cuerpo solar mamacita alrededor del cuerpo esbelto, desnudo, inocente de mi madre con su tomo de Platón cubriéndole la careta, mi padre y mi madre desnudos bajo los litros del sol torrencial y borracho de Acapulco el día que me inventario a mi gracias, gracias…
…Sí (refiriéndose al tío de Ángeles) … aquí estamos de vacaciones en Kafkapulco frente al océano origen de los dioses invitados por él a su casa.
–Su casa chiles –responde mi padre, casa de los ejidatarios a los que desalojó, pinche viejo talegas y jijo de su abuelita que también es tuya mi amor porque tú y yo le decimos mar al mar, pero quién sabe cuál sea su nombre verdadero, el nombre que se dicen los dioses cuando quieren gritarse y decirse a sí mismos: “Talassa, Talassa, el mar es nuestro origen”.
…Encima de sus cabezas pasaron volando un par de nalgas como dos alas temblorosas de un incierto murciélago, blanco y blando, drenado de sangre por los vampiros del sol: un hombre iba volando arrastrado a lo largo y ancho del cielo mexicano por una reata -POR EL ESPIRITU HABLARA MI- colgando desde un paracaídas de rayas naranjas y azul, jalado por una cuerda y la lancha apresurada, rugiente, que mantenía flotando en el aire eso si nuestro tío Homero Fagoaga –60 años–, no tuvo tiempo de montar a su caballo, las guerrillas guerrerenses se le echaron de a montón, solo su guayabera amarilla y sus posaderas desnudas chorreando venganzas de Xocoyotzin y pataleando, lleno de malaise, contra el aire, acicateando con un látigo imaginario a la lancha, que se alejaba de Pichilingue y el viejo aterrado huyendo, diarreico del susto, seguido de un anuncio fabricado de nubes
WELCOLME TO SUNNY ACAPULCO
…Dónde estamos?
En Acapulco.
Qué esté ocurriendo?
Que tú y yo vamos a entrar al mar a lavarnos la mierda de nuestro tío Homero Fagoaga.
No, te pregunto por las circunstancias, no por nosotros.
El señor Presidente se dirige a la nación con su mensaje para el año nuevo 1992, año del quinto centenario del descu/
Qué hace el pueblo de Acapulco.
Esta reunido en la plaza municipal de cemento y mogotes escultóricos para oír mediante magnavoz las palabras del señor presidente de la Repu/
Pero no se entiende qué sale de los altoparlantes, de modo que el pueblo no escucho la parte medular del mensaje presidencial de don Jesús María y José Paredes, en el que alboroto a la parvada política del país anunciado solemnemente que el más importante deber de un Presidente de Mexico en los noventas era elegir a su sucesor y luego morir…
… Siguió Homero (al pianista) Deng por un escotillón y Angel a Angeles se miraron fosforescentes en la noche tropical, mirando desde la cubierta de la discoteca flotante el mundo nocturno de Atracapulco dominado por ese símbolo tétrico: una gigantesca balsa de placer, cuatro cúpulas de cebollas bizantinas hechas de hule e infladas con gas (no metan las manos al mar, papis; toda el agua de Neptuno no les lavara las manos negras de petróleo) (WELCOME TO BLACKAPULCO GOLD), batidos sobre la mierda licuada de un País Imaginario: oil of Olé ! Bienvenidos ! aquí desembocan todos los oleoductos, los pozos, las refinerías, el motor del progreso, la circulación de la riqueza, el fin de las manos muertas : en una discoteca de Acapulco ¡ Bienvenidos ¡ TENEMOS ENERGIA PARA BOTAR y los deshechos de cien hoteles, mierda, meadas, botellas, cáscaras de naranja, corazón de papaya putrefacta, huesos de pollo, kotex y condones, tubos de aceites varios, los aceites mismos, la espuma de las tinas de baño, las gárgaras de los lavabos, el equivalente líquido y fofo de lo que Ángel guardaba en su garaje de la calle de Génova, se batía entre el oleaje negro…




