CARTAS (Comenta sobre la reivindicación de la negritud)
Señor director:
Agradecería que pudieran ser publicadas las siguientes reflexiones motivadas por las opiniones del arzobispo de Antequera, Héctor González Martínez, aparecidas el 15 de enero en El Sur, relacionadas con la negritud.
En principio es grato y estimulante ver que la Iglesia católica tiene interés en la revaloración histórica y la reivindicación de la identidad de los afrodescendientes mexicanos. La pastoral realizada en Cortijos así parece indicarlo. Por otro lado, la actuación del presbítero Glynn Jemott, desde hace varios años, ha sido importante para revalorar la autoconciencia de los negros en la zona de la Costa Chica donde colindan Guerrero y Oaxaca, a pesar del sesgo discriminatorio que acompaña sus actividades proselitistas (como el negarse a incluir en ellas a quienes no son “negros”, según su parecer).
En segundo lugar, alienta que la Iglesia esté descubriendo los valores y factores positivos de los afrodescendientes y su cultura. Habrá que recordar que un religioso humanista nombrado Bartolomé de Las Casas, preocupado por el maltrato a los indígenas prehispánicos, consideró conveniente traer negros del Africa para para salvar a aquellos, con el argumento de que los africanos ya eran esclavos y, para mejor adornarlo, trabajaban más que cuatro indios (cosa no exenta de total falsedad). Es un dato que nuestra memoria histórica debe tener presente. Y una minucia más: De las Casas, el humanista, fue esclavista antes que religioso en activo.
Tercero: Hidalgo, sacerdote, es impulsor de la abolición de la esclavitud. Morelos, sacerdote, no sólo insiste en ello sino que imagina las bases políticas de un sistema social donde no quepa discriminación. En los hechos se trataba de romper la estamentación social que negaba, formalmente, el mestizaje, concepto que se ha desnegrizado.
Finalmente, los desagravios han de venir. Si ha sido un crimen el pasado, esta nación tiene pendiente el reconocimiento, y no a oscuras como ocurre hoy, de la aportación de los esclavos africanos a la mexicanidad, uno de cuyos pilares, el religioso, tiene como figura central a la Virgen Morena (y no india ni española ni mestiza), la madre de todos los mexicanos, como se suele decir.
Atentemente,
Eduardo Añorve Zapata.




