Barcos camaroneros: seis meses en alta mar tras la pista del crustáceo
Xavier Rosado * A pesar de que la noción generalizada es de que “en el mar la vida es más sabrosa”, para los marinos que se dedican a la pesca del camarón, no siempre resulta cierta esta frase.
Su vida la viven alejados de su familia, de su lugar de origen y de la tierra firme.
Las suertes que tienen que librar los camaroneros son muchas y no sólo tienen que estar pendientes de los peligros de alta mar, de las corrientes y las tormentas. Para que su oficio rinda dividendos también tienen que estar pendientes de los precios del diesel, de la cotización del camarón en el mercado interno y en el de exportación y de los subsidios y apoyos del gobierno a esta industria que busca otros horizontes para subsistir.
Un oficio competido
Es por eso que Ernesto Hernández Rueda, originario de Mazatlán y propietario de tres barcos camaroneros está considerando trasladar su base de operaciones a Acapulco para mejorar su situación económica.
“En Mazatlán existen más de mil 200 barcos camaroneros, ya resulta muy difícil por allá la operación pesquera, por eso estamos pensando en radicar mejor acá, porque a estas costas no llega tanta flotilla de barcos pesqueros”, expresó el camaronero.
Los tres barcos que administra este empresario pesquero son El Mazatlán Sinaloa, el Nacho Primero y el Nacho Segundo, en ellos parten a alta mar durante más de dos semanas para regresar a su base en el muelle de Acapulco y comercializar entre los mayoristas locales, su producto, camarón y pescado.
Sin embargo, el costo de esta operación no es barato, el tanque de almacenamiento de combustible de estos barcos puede contener hasta 40 mil litros, por lo que “llenar el tanque” de diesel, cuesta a los camaroneros un poco menos de 200 mil pesos, considerando que el litro cuesta 4.70 pesos.
“Dependiendo de las operaciones que hagamos, un tanque puede durarnos hasta un mes y medio, pero esto eleva mucho los costos de nuestro trabajo. Para ayudar a la industria de la pesca, Petróleos Mexicanos, (Pemex), lanzó un convenio de apoyo, en el que se reembolsa a los operadores de barcos por medio de un bono el 50 por ciento del diesel adquirido cada mes, pero este programa no se aplica en Guerrero, por lo que tenemos que ir a cargar hasta, Salina Cruz o Lázaro Cárdenas, lo que implica un costo”, explica el pescador.
Este hecho hace que la decisión de trabajar en las costas de Guerrero, resulte complicada para estos trabajadores del mar; sin embargo, declara que en estas aguas, se encuentra marisco de muy buena calidad.
“Aquí encontramos camarón que lo vendemos hasta a 10 dólares la libra, pero ese es el más caro, el más barato se vende a 3.50 la libra. En realidad todo es muy relativo en este negocio, porque hay como 20 medidas del camarón, todo depende de cuánto se capture, de qué calidad es y cómo se cotize este producto en el mercado. Aquí en el muelle vendemos hasta a 150 pesos el kilo del mejor camarón, pero tenemos que andar buscando a los compradores de mayoreo, porque es un problema andar vendiendo de a poco porque quita demasiado tiempo”.
“Cuando empieza a haber menos producción en otros lugares, en Sinaloa, Sonora, uno se desplaza al lugar que crea que hay más producción, con la esperanza de agarrar un poco más de producto que en otros lugares, porque en esta época se escasea mucho el camarón por allá por Sinaloa y Nayarit y algunos se vienen acá a Guerrero que son muy pocos y la mayoría a Chiapas, Oaxaca y así va buscándole uno, pero en realidad está muy crítico el negocio este de la pesca”, agregó el camaronero.
Explicó que en Acapulco se vende solamente al menudeo, pero que en casi todas partes se maquila el camarón y es para exportación, aunque esta operación, además del transporte, eleva el costo de producción.
A mayor pesca, más trabajo
Son siete personas las que andan a bordo en cada embarcación, el patrón es el que se encarga de todo, el responsable de lo que ocurre en el barco; el motorista encargado de supervisar que toda la maquinaria funcione adecuadamente tiene un ayudante; también están los marineros que hacen las maniobras de pesca en cubierta además del cocinero y el pavo que es el ayudante de todos.
Menciona que para hacer un recorrido de aquí a Mazatlán se llevan 65 horas aproximadamente, pero estos marinos ya tienen más de dos meses anclando en los muelles de Acapulco.
Debido a que las redes van recorriendo el fondo del mar, no en cualquier parte se puede pescar. El capitán tiene que localizar suelos donde no haya rocas para que trabajen adecuadamente los equipos.
Aquí es donde resulta clave la experiencia de los patrones, quienes van conociendo las zonas donde se puede trabajar ya que el camarón anda entre la arena y el lodo, es el área donde se acumulan, se desarrollan en las bahías y ya cuando crece sale al mar abierto y es cuando lo captura uno ya de adulto. La operación de pesca utiliza un equipo que es muy parecido a un embudo que va en el lecho marino arrastrando en el fondo del mar y capturando el camarón en el fondo, pescado, lo que haya, todo se aprovecha.
“Son dos redes de 30 metros cada una que se cuelgan de dos brazos que les llaman tangones a estribor y babor del barco y se bajan las tablas de arrastre que se echan al agua con todo y el chinchorro y por la misma presión del agua, hacen que abran el equipo y así se recolecta el producto”, explicó el patrón de la embarcación.
Debido a que deben trabajar en el fondo del mar no se alejan mucho de la playa. De noche es cuando hay más camarón, en el día paran y esperan la noche, no van muy lejos, como cinco millas hacia el sur, sobre la costa, donde se alcancen las profundidades del suelo marino.
“Son seis meses de temporada de septiembre a marzo aunque es variable, porque las producciones han ido en caída. Ahorita en Mazatlán la mitad de la flota, 600 barcos, están parados porque no es costeable porque los gastos que requiere la embarcación son elevados y si no hay producción pues trabajar representa pérdidas”, indicó.
Precisó que los sueldos también son variables de acuerdo a la captura y también hay un escalafón que va desde el patrón, el capitán, el motorista, ayudantes, cocineros y marineros, hasta el pavo.
Por dar un promedio, al patrón le tocan a 12 mil pesos la tonelada, a un motorista le dan nueve mil pesos. Por promedio, se acompleta alrededor de una tonelada por mes, aunque los primeros meses de la temporada se capturan hasta cuatro, cinco toneladas al mes.
El Mazatlán Sinaloa es de 75 pies de eslora y de cinco metros y medio de manga (largo y ancho), la cámara de refrigeración tiene capacidad para 12 toneladas de camarón. El motor es marca Caterpillar de 12 cilindros. Estos barcos son fabricados en Mazatlán y en Guaymas.
“Es pesado el trabajo cuando hay mucha pesca; los primeros meses de la temporada, el barco no para, la gente duerme poco, se trabajan las 24 horas, no hay días festivos. Es estar lejos de tu familia, es lo que más extraña uno, las familias de todos están en Mazatlán, pero hay que sacar la pesca”, explica Ernesto Hernández.
El pescador precisa que la captura del camarón aquí en Guerrero está determinada por las mareas, por las fases lunares. Cuando hay cuartos menguantes, cuando hay crecientes, es cuando sacan un poco más de producto, por lo que salen a trabajar unos días y van al muelle para economizar el combustible que es en lo que gastan más, también cuando hay alguna avería en el motor tienen que regresar al puerto.
Ahorita vamos a estar aquí un par de meses y vamos a ver cómo va la temporada, agregó.
“En la temporada donde no hay pesca lo que hace uno es seguir pidiendo prestado, le llama uno ‘el piojo’. Cuando está el barco parado, uno aprovecha ese tiempo para darle mantenimiento al barco, pintura, subirlo al varadero para darle una limpieza de fondo, reparar las máquinas y si se puede trabajar otros productos como el pescado”, precisó.
Así, después de dar esta entrevista, Ernesto Hernández continúa trabajando, porque ese mismo día, a las seis de la tarde, enfilarían la proa hacia el mar del sur, en donde pasarán 15 días.




