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Juan Angulo Osorio

AL DIA

  Florentino Cruz, por la libre

 El anterior rector de la UAG, Florentino Cruz Ramírez, formalizó ayer su aspiración a contender como candidato del PRD para diputado federal por el distrito 09.

Cruz Ramírez integra el núcleo de principales del grupo de los cívicos, como se conoce al agrupamiento que encabeza ahora el senador Armando Chavarría Barrera.

Otros dirigentes cívicos destacados son Saúl López Sollano –asesor número uno del actual rector Nelson Valle López–, el ex diputado federal Guillermo Sánchez Nava –que forma parte del Comité Ejecutivo Estatal del PRD–, el ex diputado local Juan García Costilla y el diputado actual David Jiménez Rumbo.

Como se sabe, los cívicos y otras fuerzas perredistas formaron hace dos años el Movimiento Democrático del Sur, al que pertenecen por ejemplo el presidente estatal del PRD, Martín Mora Aguirre y el ex coordinador de la bancada en el Congreso local Octaviano Santiago Dionicio.

Hasta hace muy poco tiempo, los cívicos se habían distinguido por ser uno de los grupos más compactos, así en la política que se practica en la Universidad Autónoma de Guerrero, como en el mismo PRD. Pero la división que trajo la elección de su candidato a rector de la máxima casa de estudios del estado a principios del año pasado, y luego las dificultades para definir a sus candidatos a diputados para la elección de octubre, resquebrajaron al grupo histórico.

Al parecer, es el caso de Florentino Cruz Ramírez que se uniría así al de Rogelio Ortega Martínez –el ex candidato a rector que obtuvo una alta votación ante Nelson Valle– y aparentemente a Beatriz González Hurtado, la presidenta del PRD en Acapulco, que a raíz de la integración de la planilla de regidores que acompañaría a Alberto López Rosas sufrió los embates de los ex diputados locales de la corriente cívica, Benjamín Sandoval Melo y el propio García Costilla, con quien la unía un añejo trabajo político en la misma organización de colonos, el CGCPA.

Aunque el ex rector acumuló una larga y productiva trayectoria en las luchas universitarias, no ha tenido una militancia formal en el PRD. Esto, y su cercanía como rector con el gobernador René Juárez Cisneros, que consideran que fue más allá de lo institucional, fue lo que le achacaron recientemente algunos de sus propios compañeros para cerrarle el paso a una posición en el Congreso local, lo que aparecía como un desenlace lógico a su paso por la Rectoría de la UAG, en el cual se comportó con lealtad extrema al senador Chavarría.

En la conferencia de prensa que lo presentó como aspirante al distrito 09, y posteriormente en la entrevista con el reportero Aurelio Peláez, Cruz Ramírez o no hizo referencia a su relación con sus compañeros cívicos, o acudió a formulaciones generales y ambiguas. Pero es claro que allí o ya hubo o se cierne un rompimiento. Por ejemplo, alguien cercano a Cruz Ramírez circuló la versión de que en su destape estaría el ex alcalde porteño Zeferino Torreblanca que, como se sabe, aparece como el principal prospecto del PRD para la candidatura a gobernador en el 2005, misma posición que pretende precisamente el senador Chavarría. Y aunque este rumor no se concretó, el ex rector se hizo acompañar ayer por su ex colaborador Rafael Aréstegui Ruiz, quien según diversas fuentes fue tratado de malos modos por los compañeros (¿ex?) de Cruz Ramírez cuando hizo saber su pretensión de contender para la Rectoría de la UAG. Así, la presencia de Aréstegui puede interpretarse como una señal de ruptura con el senador a quien le reprocharía Cruz Ramírez que no se movió lo suficiente para garantizarle una posición en la lista de candidatos a diputados plurinominales por el PRD, aunque tenía condiciones para hacerlo.

Al parecer, Cruz Ramírez nunca quedó conforme con las explicaciones de sus compañeros dirigentes de la cívica, que a más de uno hicieron recordar un episodio famoso de la política mexicana en los años del PRI superhegemónico. Cuando se supo que el candidato presidencial del PRI sería Adolfo López Mateos, hasta entonces un tapadísimo secretario del Trabajo, el entonces secretario de Agricultura Gilberto Flores Muñoz –que aparecía como el favorito de Adolfo Ruiz Cortines– fue al despacho del presidente a preguntar que había pasado, y éste le contestó: “Ni modo compadre, perdimos”.

Despertar la confianza de la sociedad

Más sobre el artículo de Lorenzo Meyer sobre el gobierno de Lula en Brasil publicado el jueves en el diario nacional Reforma. El historiador dice que en la América Latina actual “el juego del poder sólo tiene sentido histórico si la clase dirigente es capaz de despertar la confianza y entusiasmo de su sociedad, o al menos de un sector mayoritario, para poder mirar de frente, con realismo pero con ética, sus grandes problemas y actuar en consecuencia”.

Luego dice que el primero de diciembre de 2000 “acabó formalmente en México un rrégimen político antidemocrático y dio inicio otro. Atrás quedó el sistema autoritario desarrollado a la sombra de la Rvolución Mexicana y se inició uno nuevo, en principio legítimo por democrático. El resultado ha sido un gran avance, pero no suficiente. Es verdad que las palancas heredadas por el nuevo gobierno mexicano para mover hacia delante a la economía mexicana, estancada desde 1982, son pocas y débiles (el modelo establecido ha dejado buena parte de nuestro destino en manos de los vaivenes de la globalización). Sin embargo, había la posibilidad de encauzar la energía desatada por el cambio democrático en la lucha contra la corrupción, dar solución al levantamiento chiapaneco y al problema indígena en su conjunto y, sobre todo, diseñar y poner en marcha una política social digna de tal nombre. Sin embargo, lo que hasta ahora se ha conseguido es disipar buena parte de la energía de la transición y en cambio mantener una gran continuidad con los contenidos del antiguo régimen.

“En abierto contraste con lo que está sucediendo en México, en Brasil, el gobierno encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva abre la posibilidad de mantener el régimen democrático pero romper parcial o completamente con los contenidos que durante ocho años le dio a su gobierno el presidente saliente, el sociólogo Fernando Henrique Cardoso. Esa promesa brasileña del cambio, y desde luego su cumplimiento, es vital no sólo para Brasil sino para toda latinoamérica, ya que de tener éxito, surgiría una opción, y una presión positiva, para el resto de la región”.

 

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