Héctor Manuel Popoca Boone
La visión de los empresarios agropecuarios
El Consejo Nacional Agropecuario es la organización que aglutina al sector empresarial agropecuario del país. Transcribo sus principales apreciaciones sobre la situación que atraviesa el campo mexicano. Su punto de vista no difiere en mucho del que tienen las principales organizaciones campesinas nacionales:
“El sector rural aglutina una cuarta parte de la población total del país y en éste, las actividades agropecuarias continúan siendo el eje económico principal. Genera poco más de siete millones de empleos formales, que representan más del 20 por ciento del total. Aporta el 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y cerca del 5 por ciento de las exportaciones.
No obstante lo anterior, el gasto público para el desarrollo agropecuario se redujo 53 por ciento en términos reales de 1994 al presente año y su participación en el gasto público total decreció de 9 por ciento al 3.7 por ciento en este periodo, siendo ya menor que su contribución al PIB nacional a partir de 1997.
El crédito al campo se contrajo 77 por ciento en términos reales de 1994 al 2001. La inversión extranjera directa acumulada en el sector agropecuario, a partir de la aplicación del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), ha sido prácticamente nula (0.25 por ciento del total nacional). Estas cifras generan un gran contraste entre la importancia del sector y el continuo deterioro en los apoyos que recibe.
En el tema de los apoyos, los países en desarrollo, como México, perciben señales confusas de los países desarrollados; por un lado solicitan la reducción de los subsidios y por otro, sus acciones parecen contradecir dicha política, al mantener e inclusive aumentar los montos.
En Estados Unidos, nuestro principal competidor, un producto recibe en promedio de subsidios casi 21 mil dólares anuales, mientras que en México solamente se le apoya con 720 dólares, diferencia que será exacerbada con la nueva ley federal agrícola de nuestros vecinos del norte.
Con esta ley se incrementan los recursos al sector agropecuario y rural estadounidense en más del 40 por ciento y manda una señal muy clara de que casi el 90 por ciento del incremento de los recursos se concentran en apoyos o subsidios directos al granjero o a la empresa del sector.
Aunado a lo anterior, el sector agroalimentario de México ha venido registrando una pérdida de competitividad resultado de diferencias estructurales:
A) Presión a la baja de los precios internos ante la apertura y la tendencia de los precios mundiales. B) La sobre valuación del peso estimada en 20 por ciento que abarata las importaciones. C) Productividad insuficiente; la tasa media de crecimiento anual en los rendimientos promedio de 1990 al 2001 para las principales actividades agrícolas se ubica en niveles negativos o rangos muy modestos de mejoría (menores al 1.5 por ciento), D) Las asimetrías en los costos de los insumos con Estados Unidos y la ausencia de mecanismos de compensación para obtenerlos a precios competitivos, por ejemplo: diesel y gas más caros en un 69 y 107.5 por ciento respectivamente, y el costo financiero, 2.5 veces superior.
Ante estas serias desventajas competitivas y la competencia desleal para el campo mexicano, el Consejo Nacional Agropecuario considera que no invertirle lo suficiente para compensar las asimetrías no es opción viable, pues los impactos de no hacerlo tendrían una repercusión seria para nuestro país: 1) Riesgo para más del 20 por ciento del total de los empleos remunerados de nuestra economía; la pérdida del poder adquisitivo de las familias que dependen de éstos y la consecuente contracción del mercado interno. 2) Mayor deterioro en la participación del sector agroalimentario en el PIB nacional; pasó de cerca del 11.5 por ciento en 1986 al 10 por ciento en la actualidad. 3) Creciente y grave déficit agroalimentario, el cual ya alcanzó la cifra de 3 334 millones de dólares en el 2001, representando el 34 por ciento del déficit total del país. 4) Mayor reducción en el índice de autosuficiencia alimentaria, el cual disminuyó para los granos, oleaginosas, carnes y lácteos del 80 por ciento promedio para la primera mitad de la década de los noventas al 68 por ciento en la actualidad. 5) Incremento en la migración forzada a las zonas urbanas del país y al extranjero; se estima que el saldo neto migratorio acumulado hacia el exterior de 1990 al 2002 es casi de casi 4 millones de personas”.
De todo lo anterior se colige que también a los empresarios agropecuarios y no solamente a los campesinos de México, se los está llevando el infortunio.
PD.–En este año político, lo único que pedimos los técnicos a todos los partidos políticos, es que nos dejen hacer nuestra tarea como Dios manda; por el bien de Guerrero. ¿Es mucho pedir?




