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Jesús Bello, desaparecido en las oficinas de la SEG hace seis años

En todo este tiempo las autoridades no le han dado ningún informe de las investigaciones, relata su esposa Lilia Vázquez

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

Jesús Bello Moreno salió de su casa poco antes de las 7 de la noche el 17 de diciembre del 2008. Llegó a las oficinas de la Secretaría de Educación Guerrero (SEG), en donde laboraba, y entró al estacionamiento a bordo de su Tsuru. Después, sus compañeros de trabajo lo vieron checar su tarjeta, y a partir de entonces le perdieron la pista. Está desaparecido.
Su esposa, Lilia Vázquez López, desde entonces no sólo sufre la ausencia de su compañero, también ha sentido impotencia al toparse con la negligencia e indiferencia de las autoridades, que no investigan.
Asimismo, en ocasiones ha sufrido el rechazo de la sociedad, que estigmatiza: “si su esposo desapareció es que en algo andaba metido”, le han dicho, y se duele: “he tenido una vida que, la verdad, no le deseo a nadie”.
Entrevistada con motivo del Día Internacional del Detenido Desaparecido, Lilia Vázquez contó que a pesar de que presentó la denuncia ante la Agencia del Ministerio Público dos días después de que despareció su esposo, tiene la sospecha de que no ha sido investigado, pues a casi seis años no le han dado ningún informe de las investigaciones.
El día en que despareció su esposo, la SEG organizó una fiesta en el centro Cuicalli con motivo del fin de año, pero Jesús Bello Moreno no llegó a la fiesta y tampoco nadie lo vio salir de las oficinas de la SEG. Sólo lo vieron entrar, acomodar su Tsuru en el estacionamiento, checar tarjeta y después nadie supo nada de él.
Ese día, Jesús Bello salió normal de su domicilio, y la alarma no comenzó hasta como a las 9:45 (de la noche), cuando una de sus sobrinas le marcó a su celular para preguntarle si iría a una cena-baile porque quería ir con él, pero su celular mandó a buzón y así siguió toda la noche y los días subsiguientes.
“Eso quiere decir que él desapareció entre las 7 y media a las 9 de la noche”, contó la mujer, quien dijo que al día siguiente lo buscaron en la delegación de barandilla, en los hospitales y en las corporaciones policiacas, pero en todos lados no les dieron información. También llamó a su pueblo, Coaxtlahuacán, municipio de Mochitlán, e igual le dijeron que no estaba allá.
“Es entonces cuando me empecé a preocupar y a sentirme mal, porque era mi última esperanza, que se hubiera ido a su pueblo y no me hubiera avisado”, expresó Vázquez López.
En el estacionamiento de la SEG sólo se encontraba el Tsuru, y Lilia Vázquez dijo que esa es una prueba de que su esposo desapareció dentro de las oficinas administrativas de la dependencia, pues ninguno de sus compañeros lo vio salir.
La señora Vázquez López presentó la denuncia ante el Ministerio Público el 19 de diciembre por la noche, pero como si no lo hubiera hecho, pues ningún resultado he tenido, manifestó casi seis años después.
“La presentación de la denuncia era para mí una esperanza, confiaba en las investigaciones del MP, siempre esperé que me ayudara y que algún día me diera la noticia de que ya lo habían encontrado, pero por el contrario, me daba la impresión que se enfadaban cuando iba a preguntar; veía sus rostros de los funcionarios y me imaginaba que por dentro decían: ya viene otra vez esta señora a molestar”, dice.
Otras veces apenas la veían entrar al Ministerio Público y alguien del personal se adelantaba  a informarle: “no tenemos nada todavía de su esposo”, y ella se regresaba sin preguntar nada.
Lilia Vázquez dijo que hoy está convencida de que en realidad nunca investigaron el caso, “no es posible que ni siquiera un dato hayan recabado, porque no creo que Jesús haya desaparecido así nomás, sin dejar ningún rastro”.
A casi seis años de que su esposo está desaparecido, Vázquez López recordó que al principio se sentía como la única a la que le había pasado esto, “me sentía como rara dentro de la sociedad, pero ahora es diferente, estoy viendo que hay muchos casos. Antes a nosotros la sociedad nos rechazaba, nos veían como si fuéramos un peligro; como que decían no estés cerca de esa persona porque si su marido desapareció en algo debió haber estado metido, y si estás cerca algo te puede pasar, a veces eran expresiones como de miedo”.
Sin embargo, agregó que ahora la sociedad ya se va dando cuenta, por los muchos casos que hay, que  no necesariamente alguien tiene que estar metido en cosas como para que desaparezca o lo asesinen.
“Ahora se ha comprobado que gente inocente está desaparecida o ha sido asesinada, entonces ya me siento como parte de esa gente, pero aun así, a veces todavía siento como que cada quien cuida solamente el área donde se encuentra, como que somos egoístas; si algo te está pasando a ti, es difícil que alguien venga a ayudarte, a pesar de que unidos como ciudadanos podemos hacer mucho, podemos comenzar a hacer algo, en este caso comenzar a exigir que se haga justicia, que se investiguen todos los casos de desaparecidos”, dijo.
Doña Lilia Vázquez expresó que la sociedad tiene que presionar, porque en ocasiones se ve que la autoridad tiene más miedo que la misma gente a la que debería cuidar, “se supone que nosotros deberíamos sentirnos protegidos como ciudadanos, pero en lo personal yo veo como que hay más miedo de actuar de la autoridad, o tal vez porque tiene que proteger sus intereses”.
Lilia Vázquez se casó a los 15 años con Jesús Bello, con quien hasta su desaparición llevaba 19 años, tiempo en el que procrearon dos hijos; una mujer que actualmente va a cumplir 24 años y un hombre de 22.
Entre sollozos la mujer evoca a su marido: “me duele mucho, a veces quisiera cuando menos encontrar su cuerpo para decir ‘pues ya ni modo’, pero es difícil cuando uno hace toda una vida juntos, por eso siempre hay esperanza, por más tiempo que haya pasado, el deseo es encontrar al compañero con vida, yo eso es lo que espero, por mis hijos”.

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