Jorge G. Castañeda
Reformas e inversión extranjera
No sabremos, hasta dentro de un par de años, si las reformas tomadas durante los primeros 20 meses del sexenio de Peña Nieto van a surtir el efecto deseado, a saber, elevar la tasa promedio de crecimiento de la economía mexicana de 2.5 por ciento a 4.5 o 5 por ciento anual. Pero sí sabemos cuál es la magnitud del reto y algunos de sus parámetros. Los números son relativamente sencillos, y hasta ahora no son alentadores.
La semana pasada, la Secretaría de Economía entregó los datos de Inversión Extranjera Directa (IED) para el primer semestre de este año. A pesar de ciertas dificultades en comparar 2012, 2013 y 2014, debido a lo que la propia secretaría llama “operaciones atípicas”, que sucedieron durante los tres años mencionados, en principio la cifra total de inversión en México durante cada uno de estos tres años (para 2014 simplemente multiplicamos por dos la cifra del primer semestre) se ubica en alrededor de poco menos que 20 mil millones de dólares. Haciendo a un lado los movimientos atípicos, durante los tres años el total se ha mantenido más o menos igual. Este flujo es más o menos igual al de Chile en cada uno de estos mismos años, y más o menos la tercera parte de lo que recibe Brasil, siendo que la economía chilena es mucho más pequeña que la mexicana, y la brasileña mayor que la nuestra.
Como el PIB mexicano ha crecido, aunque no mucho en 2012, 2013 y crecerá, dice el gobierno, 2.5 por ciento en 2014, esto significa que la IED como proporción del PIB ha seguido disminuyendo, como viene siendo el caso de este signo. Se situará este año en alrededor de 1.8 por ciento del PIB. Se trata de una proporción, como ya lo hemos señalado en estas páginas, inferior a la de varios países latinoamericanos. Unos más grandes que México y otros de mayor población o tamaño de economía.
Ahora bien, aunque se pueda discutir la naturaleza exacta de la causalidad, existe un relativo consenso de que para crecer al 5 por ciento anual es una condición necesaria, quizás no del todo suficiente, que México invierta unos 5 puntos más del PIB al año, pasando de entre 20 y 21 por ciento hoy, a 25 o 26 por ciento algún día. Todo el secreto del crecimiento futuro de la economía mexicana yace en esos 5 puntos, y sin ellos no parece haber cómo crecer al ritmo deseado. Esos 5 puntos pueden provenir de la inversión privada nacional, de la inversión pública, de la IED, o como será seguramente el caso, de una combinación de las tres, pero parece difícil bajo cualquier circunstancia, que se encuentren esos 5 puntos sin que por lo menos 2 se originen fuera de México. Es decir, que para crecer al 5 por ciento anual, la economía mexicana requeriría por lo menos unos 25 mil millones de dólares de IED al año, adicionales a los que ya captamos. Aquí es donde se complican las cosas.
Simplemente no se ve ni de dónde vendrían, ni por qué vendrían. Es cierto, que el gobierno de EPN ha logrado crear una sensación importante de optimismo en el extranjero a partir de realizaciones verdaderas: la aprobación de las reformas estructurales. Pero de ahí a que efectivamente podamos duplicar los montos de IED, dentro de dos o tres años y mantenerlos sostenidamente a los niveles superiores, parece haber una gran distancia, si no un abismo. Viajar mucho, ir a países nuevos para México, tener buen cartel en el exterior, pueden ser también condiciones necesarias para que eso suceda, mas no suficientes. Desde poco después de la entrada en vigor del TLCAN, la IED como proporción del PIB se ha estancado. Sigue estancada. Para saber si vamos a quebrar el peso actual y duplicar el flujo en pocos años, es preciso saber porqué se estancó. No es evidente.




