Renato Ravelo Lecuona
La pianista
Dirigida por Michael Haneke, actuada por Isabelle Huppert, Anne Girandot y Benoïi Maginel, esta cinta cuenta con un palmarés que incluye el Gran Premio en Cannes 2001.
Basada en una novela de la escritora austriaca Elfride Jelinek, flamante Nobel de Literatura, esta coproducción francoaustriaca pareciera una garantía y algo obligado de verse.
Algo pasó al tercer día de su exhibición en la Cineteca Nacional después de dos días de la presentación de un saludo en video dirigido al público mexicano por la escritora recién premiada, el caso es que la sala estaba casi vacía. Esta cinta ya había sido exhibida anteriormente y las referencias que circularon es que era un tema un tanto deprimente. Supongo que radio bemba o la tradición oral tienen alguna eficacia.
Cuando en el desarrollo inicial se anuncia un conflicto harto enfermizo entre una madre en plena decrepitud y su hija soltera, ya no joven, que termina en golpes mutuos y llantos llenos de una culpa recíproca, por el simple hecho de llegar tarde a su casa, se plantea un cuadro que podría derivar o bien en una liberación de la hija –famosa maestra de piano–, de la castrante influencia materna, o bien, sublimar esa relación a través de la bella música clásica que se ejecuta en vivo.
Pero el caso es que deriva a un caso psicopático, casi psicótico, que parece sacado de algún caso clínico de Sigmond Frued, vienés como la autora de la novela y como sus famosas escuelas de música clásica.
En efecto, pareciera que se quiere mostrar como contrapunto de esta distinción literaria de Jelinek, un tema dentro del esquema clásico del psicoanálisis freudiano y darnos sucesivas muestras del dominio de la música clásica, frutos de la gloria cultural austriaca, para ver detrás o en el fondo de ello una sociedad reprimida y torturada por las altas exigencias culturales que se visten de un despotismo ilustrado que generan situaciones enfermizas hasta la psicopatía en los individuos, mismas que se desarrollan en privado, cuidando su conducta en público. Quizá esto es lo que exprese la novela.
Desde el principio todo gira en torno a la música clásica y desde los créditos van apareciendo ejecutantes y fragmentos que, a mi gusto nada educado de artillero, suenan de maravilla.
La pianista es la maestra mas influyente y exigente a la vez, en ese ambiente de una élite autoritaria que se representa muy bien. En lo público la pianista es una autoridad y todos los estudiantes aspiran a ser aceptados por ella. Se muestra fría, exigente, crítica con sus alumnos y muestra esa perfección en todo su estilo que refuerza su fama.
En lo privado, pasa por la pesadilla de inseguridad obsesiva compulsiva de la madre que quiere controlar hasta sus ratos libres, y éstos ratos que le “roba” a la madre, da curso a su trauma acudiendo a un centro dispone de casetas privadas donde se pasa horas viendo pornografía.
Por esta ruta se desarrolla su psicosis compulsiva de diagnóstico freudiano obviamente, al entablar una relación con un alumno donde sale su sadomasoquismo y sus fijaciones de “perversa polimorfa”, impensable en su actuación pública al ejercer su cátedra.
La psicosis se le declara en lo privado y la lleva al final hasta la locura de encajarse un cuchillo y salir de la sala donde era esperada su actuación. Es en efecto una historia clínica deprimente, que sale del ámbito de lo normal y que puede tener interés como buen material para el ejercicio del diagnóstico psicoanalítico escolar por lo bien hecha que está.




