Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jaime Salazar Adame

La aurora del año por venir  

Nuestro tradicional festejo de navidad y año nuevo nos reúne esta noche en fraternal convivencia, pues la entrada del año 2005 viene asomando cuando han pasado muchas aguas bajo el puente y no hay nada tan intenso a la sensación de mirar cómo con el año que acaba el mundo se organiza de manera diferente a como lo conocíamos.

Hoy el futuro no es lo que va a suceder mañana sino lo que ya está pasando allá afuera, la amenaza de nuevos y tremendos conflictos que ponen en riesgo la paz del mundo; la política partidista, la pobreza, la violencia y la problemática de la educación salieron a las calles, movilizando a los maestros y estudiantes, a los ciudadanos, a los medios de comunicación, a los cuerpos del orden público porque se trata de reclamos candentes.

Hay que mirar pues el futuro del futuro ante el riesgo de ser desbordados por los acontecimientos porque las continuidades han estado acompañadas de importantes cambios políticos y hasta de convulsiones revolucionarias y lo que reclama la sociedad son reformas no rupturas.

Como sabemos el cambio de año es una pura convención, parece que fue ayer cuando se arrancaba una hoja de calendario y al día siguiente empezaba un año nuevo, y ahora esa costumbre se está perdiendo porque hay agendas, computadoras, Internet, son las nuevas tecnologías de la comunicación las que gobiernan nuestros actos, sin embargo la entrada del año nuevo da el sentido a los buenos deseos y a la entrega de lo mejor del ser humano.

Son nuestros relojes los que miden día tras día el giro del planeta Tierra sobre sí mismo; las estaciones marcan su trayectoria alrededor del sol, sin apenas darnos cuenta de que pronto volveremos a reunirnos con familiares y seres queridos a celebrar la entrada del año nuevo que proyecte lo que somos capaces de conseguir a través de dosis de buena voluntad.

Para ello es preciso echar la mirada atrás y comprender más bien cómo y porqué hemos llegado hasta aquí en la manera en que lo hicimos; es precio otear el futuro que necesitamos para construir nuestro presente que en esta temporada invernal se conjuga con nuestro pasado en la estrofa más repetida y divulgada de las célebres coplas del poeta castellano Jorge Manrique, en las que reza: “Cuán presto se va el placer/ cómo, después de acordado/ da dolor; /cómo a nuestro parecer,/ cualquier tiempo pasado fue mejor…”

Apreciamos de Jorge Manrique que su verso encierra una gran verdad y no precisamente por creer con él que cualquier tiempo pasado fue mejor que el presente, porque sucede que nuestra circunstancia la vivimos con una carga emotiva, de ímpetu, de ilusiones, de sueños, y lo que añoramos como mejor e irrecuperable es nuestro propio tiempo vital, el nivel de nuestra propia vida: la infancia, la adolescencia y la juventud que son el sustento de nuestro presente que deseamos salude con esperanza la aurora zeferinista del año por venir. ¡Felicidades!

 

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