Eduardo Pérez Haro
Informe sin forma ni reforma (primera de dos partes)
Para Juan Reyes del Campillo
El presidente Enrique Peña Nieto dio cumplimiento a su obligación de entregar al Congreso su segundo Informe de Gobierno, como suele aludirse oficialmente, “para dar cuenta del estado que guarda la administración pública federal”. Entregó el documento el secretario de Gobernación, el 1 de septiembre, conforme al procedimiento que sustituyó la obligación de hacerlo personalmente el mismo Presidente de la República ante el pleno del Congreso. Los años en los que la estabilidad política legitimada por el corporativismo así lo permitía quedaron atrás, ya no hay tal desde la dificultad que tuvo el presidente Calderón para colocarse la banda emblemática del jefe del Poder Ejecutivo se perfiló el cambio en las formas que posteriormente habrían de cubrirse para la presentación del informe presidencial y ahora ya no hay tal obligación que arriesga una revelación de cuestionamiento al principal en el recinto del Poder Legislativo.
No obstante, al otro día el Presidente se configura un espacio a modo para explayarse, y así, en el Palacio Nacional, donde radica el despacho oficial del titular del Poder Ejecutivo, Enrique Peña Nieto tomó la palabra para ofrecer un discurso “a la nación”. Pongo comillas porque el informe en realidad es un discurso más en la perorata presidencial, carece de la intencionalidad superior de un estadista, de la calidad literaria del lenguaje, de la sencillez de un representante comprometido en una explicación auténtica, de la arenga de un político que se asume en el débito de atraer a sus seguidores, expuso un discurso aburrido pero largo; no me crea, léalo usted directamente y dígame cuál es la parte que le entusiasma, la expresión que lo convence, la frase que disfruta o la idea con la que se queda. Lejos, muy lejos de los jefes de Estado que protagonizan la escena internacional, cualquiera que sea su país o filia ideológica.
¿Cuál frase le viene bien a su condición o expectativa?, por ejemplo “… valoro que dos representantes de la izquierda conduzcan los trabajos de las dos cámaras…”, o la que concede a los congresistas, “Siéntanse orgullosos del trabajo y el servicio que han hecho en favor de la nación”. Todo parece en realidad un verdadero motivo para que el Presidente pueda alardear que al otro día de su toma de posesión del Poder Ejecutivo firmó el Pacto por México (amarre condicionado pero no gratuito), con el cual pudo hacer cruzar el trámite legislativo de las reformas estructurales y que ahora dos insignes representantes del PRD le custodien al pregonar que eso era lo que quería y que ya lo logró. El PRD (y también el PAN) todavía regatea que lo bueno de las reformas salió de su cabeza, menos lo de la energética (o también asegún). Vaya, vaya, podríamos dejarlo en un (sin comentarios pero…) no cabe duda de que la izquierda perredista ayuda y sigue ayudando al PRI, que no tiene intenciones superiores en la disputa por la nación y que se conforma con las regalías de su acompañamiento en la malograda historia que está escribiendo el PRI, aunque el PRD diga que no.
O que le parece cuando el Presidente señala, “Otro importante paso es el inicio de operaciones de la Gendarmería, la cual está preparada para proteger y servir a los mexicanos en aquellas regiones donde sea necesario o donde exista debilidad institucional” Otra vez, vaya, vaya, qué le parece la idea de cubrir la debilidad institucional con gendarmes…? O “… reitero mi más amplio reconocimiento a nuestras fuerzas armadas… y de igual manera a la PGR, a la Policía Federal y al CISEN. Su compromiso y entrega hoy se reflejan en que los mexicanos viven en mejores condiciones de seguridad, confianza y tranquilidad”, ¿cómo se siente usted?
¿Será exagerado e irreverente sentirse inseguro, desconfiado o intranquilo?, sólo espero que usted, lector no viva en un espacio de debilidad institucional, pero de verdad no se preocupe, para eso aún hay más; el Progresa-Oportunidades ya se va a llamar Prospera, sus hijos tendrán más becas; y si usted busca trabajo, no se preocupe, será uno más de los varios millones de mexicanos que “tendrán prioridad en el Sistema Nacional de Empleo”. Además, Prospera facilitará el acceso “a la educación financiera, al ahorro, a los seguros y al crédito”, etcétera. No vaya usted a pensar que es un mero cambio de nombre, las cajas de ahorro abrirán sus puertas para que deposite sus excedentes, y podrá comprar un seguro de vida o de gastos médicos mayores, o el del automóvil, bien a bien no sé, pero la oportunidad ya está abierta, o tal vez lo que usted requiera sea romper con el paternalismo y lo que mejor le viene es un crédito no a tasas de competencia de lo que se ofrece en Estados Unidos, porque ellos están en crisis y por eso les ofrecen créditos baratos, pero no es el caso de México y aquí se paga más pero para usted seguramente habrá tasas preferenciales, ¿o no?
Y los pobres de los pobres, los indígenas de México también alcanzan un lugar principal en el discurso pues “El Gobierno de la República reconoce en los pueblos originarios, una fuente de orgullo e identidad”; habrá más, faltaba más, que no sabe usted que el año próximo habrá elecciones para el cambio de los tan aplaudidos diputados y senadores y un tercio de los gobernadores de las entidades federativas de la República. En fin, si no escuchó el informe, lea el informe y ojalá no se sienta ajeno u ofendido sino “seguro, confiado y tranquilo”. Que mejor usted lo lea en vez de alargar la lista de referencias cuando hay más de treinta cuartillas de discurso plagado de estas expresiones.
Disculpe usted, amable lector, la ironía a la que me llevó la lectura del texto del informe, no suelo tomar por ahí la palabra del gobierno, pero es poco serio que el Presidente se dirija con expresiones de este talante, sin el menor recato y sin la menor contextalización de hechos, gastos y programas. Pudo haberse cambiado el formato del informe, pero también el contenido del discurso, pues no demuestra la menor preocupación y se mueve con ligereza y expresiones que no sólo faltan a la verdad, sino que faltan al respeto de los ciudadanos.
El informe es un texto que sólo quiso marcar el éxito que el Presidente tuvo al sacar adelante las reformas constitucionales y desparramar el anuncio de programas y cifras dinerarias que apuntan a dar un giro que va de las reformas a las elecciones, nada que no sepamos o que no entendamos, pero es grotesco y no podemos pasarlo por alto, esa es la lógica del gobierno cuantimás del PRI en el gobierno, pero la nuestra es la de tomar distancia y señalarlo. Los mexicanos que pertenecen a los circuitos de negocios que están en el ámbito de las reformas son más prácticos y no requieren discursos, para ellos los hechos reglamentarios que están en las reformas constitucionales y leyes secundarias son lo importante y eso ya está, el discurso es para cubrir a la clase política y ofrecerle expectativas a la población, sobre todo cuando se va a elecciones, y este es el caso. Así se fortalecen las instituciones democráticas en la modernidad priista.
Las reformas fueron el tema, pero para el mismo presidente ya pasó, sus tímidos observadores dicen que falta ¿el cómo? y llevan razón, porque siendo un gobierno que se concentró en los trámites legislativos sin hacer más nada, por supuesto que aún queda a prueba de poder instrumentar lo que el mismo gobierno quiere, que no lo que los mexicanos necesitan o demandan. La verdad de las cosas es que en la economía, la seguridad, el empleo y el ingreso los hechos son adversos para la gran mayoría de la población, sean empresarios o trabajadores, mujeres o jóvenes, indígenas o no.
En estos ámbitos no hay nada que presumir y a nadie que felicitar. Lo cual nos lleva a corregir y, sin quitar el beneficio de la duda sobre ¿el cómo?, tendremos que decir que también falta ¿el qué? Pero no estamos ante la necesidad de descalificar sin un juicio superior en el análisis, pues es preciso advertir que las cosas no quedan en el terreno del incumplimiento, el doble discurso o el hacer mal las cosas; su trascendencia es innegable, su afectación es real, gobernar mal no es un hecho inocuo. Cuando el poder amaga con la negociación política y debilita a sus adversarios hasta someterlos debilita la pluralidad, las instituciones democráticas y la sostenibilidad del largo plazo, sin lo cual los proyectos de gran envergadura, como los de la energía o los de un mejor país, se debilitan, es decir, se convierten en una bala lenta pero con dirección a los pies. Cuando el PRI perdió la presidencia con el PAN, creen que fue por un descuido o un mal candidato, no o no sólo, el PRI perdió porque se empecinó en viejas y deterioradas prácticas políticas y de gobierno que dejaron de servir, perdió la brújula de la historia a fines de la primera década de la segunda mitad del siglo (segunda mitad de los sesentas).




