Arturo Martínez Núñez
Carácter
Zeferino Torreblanca es una persona de gran carácter. Carácter no es sinónimo de humor. Ignoro el tipo de humor que tenga el candidato, pero no puede ser malo para aguantar las agotadoras jornadas y las miles de reuniones a lo largo y ancho del estado. Carácter es resolución, es decisión, es anteponer los principios a la promesa fácil, a la verborrea de tiempos de campaña. Este es el tipo de gobernante que Guerrero necesita ante el aterrador panorama que se nos presenta.
A Zeferino le enferma la dádiva, manifestación suprema del clientelismo electorero. Se pregunta cuántos caminos, escuelas y sistemas de agua potable tendríamos ya si el gobierno se hubiera preocupado por utilizar los recursos en estos temas y no en la compra y regalo de láminas, cubetas, despensas, mandiles, palanganas y maíz gorgojeado. Son, dice, las migajas de nuestro propio pan.
Nos van a dejar una herencia maldita. La mula está pandeada, renga, chincole y además la debemos. Sin embargo, así la tenemos que montar. Pero para lograr esto hay que ser sumamente responsables y hablar con la verdad, sin engaños, sin mentiras y sin falsas promesas. El reto se antoja inmenso. Requerirá de la participación de todas y todos los guerrerenses.
El campo está desolado. En él, solo se ve a los viejos, porque los jóvenes han ido a buscar su futuro al otro lado. A los campesinos se les enseñó a votar, pero no se les enseñó a sembrar. En los tianguis vemos productos de casi todos lados menos de Guerrero. El poco dinero que se consigue a través del programa Oportunidades, se utiliza para que productores y principalmente comerciantes de otros lugares se enriquezcan. En algunas pozolerías de Chilpancingo, incluso se jactan de aceptar los cheques del apoyo como pago. En el campo de Guerrero ya no hay tomates, frijoles ni maíz con el que se puedan elaborar memelas de calidad; pronto dejará de haber pipisas, huajes y chiles.
La educación, lo mismo. No importa en qué municipio de qué región del estado se esté, las escuelas están abandonadas, las telesecundarias sólo tienen la clave de la SEP como equipo y los maestros, mal pagados, acuden a las comunidades cuando se les da la gana. La oferta educativa se concentra en la creación de más y más maestros, que al graduarse, sólo engrosarán las filas del desempleo o de la grilla. No podemos olvidar, no debemos olvidar, que el 22 por ciento de nuestra población no sabe leer ni escribir. Este es el saldo educativo de una entidad que sin embargo gasta casi la mitad de su presupuesto anual en “educación” y de esta cifra, el 95 por ciento lo invierte en gasto corriente. ¿De dónde, entonces, saldrán los recursos para la infraestructura escolar? Es siniestro y cínico andar encampañado prometiendo escuelas y becas a diestra y siniestra, sabiendo que prometer no empobrece.
En cada acto de campaña se escuchan reclamos similares y cuando no es la copra es la ganadería o el café o la artesanía de Olinalá y hasta el sector turístico. Zeferino podría ser un candidato tradicional y dedicarse a decir adornados discursos, prometiendo que ahora sí, ha llegado el nuevo Mesías, que con su varita mágica habrá de sacar al estado de su milenario atraso. Pero él no es así. Repite hasta el cansancio que no es un iluminado y que esta gran cruzada requerirá de la aportación de todos los guerrerenses. Dice el candidato que a veces la gente pregunta: “¿Oye Zeferino, y tú qué das?” Y la respuesta es siempre la misma: “¡No! ¡Qué vamos a dar cada uno por Guerrero!”. Nadie es tan pobre que no pueda aportar siquiera su mano de obra.
Este es el gobernante que necesitaremos para enfrentar el reto de cambiar Guerrero. Uno que hable siempre con la verdad por cruda que esta sea. Uno que nos recuerde constantemente el tamaño del reto. Uno que pueda responder por sus acciones sin necesidad de pedirle permiso a sus padrinos (en el más siciliano de los sentidos) políticos. Un gobernante cuyo único compromiso sea con el pueblo de Guerrero.




