Permanecen 15 familias en casas de madera en el vaso de la presa Cerrito Rico en Chilpancingo pese al riesgo
*Los habitantes de la colonia Brisas del Norte no tienen noticias de si serán reubicados. Hace cuatro meses les fue instalado el servicio de energía eléctrica e esta zona irregular
Anarsis Pacheco Pólito
Chilpancingo
A un año de que la tormenta tropical Manuel impactó la capital del estado, la colonia Brisas del Norte se mantiene dentro del vaso de la presa Cerrito Rico, sin ser reubicada, y ahora cuenta con los servicios básicos que les hacían falta.
A pesar de los anuncios del gobierno capitalino, estatal y federal, sobre no permitir que las familias chilpancingueñas vivan en zonas federales; más de 15 viviendas de material, madera y lámina de cartón permanecen dentro del vaso de la presa Cerrito Rico en la capital del estado.
Hace más de ocho años, al menos 15 familias se asentaron en la zona con la autorización del gobierno municipal, que encabezaba en ese entonces Mario Moreno Arcos.
A diferencia de hace ocho años, hoy ya cuentan con energía eléctrica. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) les instaló hace cuatro meses el servicio, esto a pesar de que las familias viven en una zona irregular, donde se supone no debe haber personas asentadas.
Hace un mes, el delegado de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Héctor Vicario Castrejón advirtió que ya no toleraría que la población siga invadiendo zonas federales, incluso dijo que sancionaría a los gobiernos municipales que sean cómplices y permitan estas irregularidades.
Pero a las familias de Brisas del Norte nada les han notificado; siguen viviendo ahí porque no tienen otro lugar a donde ir, la colonia les donó esa franja de tierra que se encuentra justo en el vaso de la presa Cerrito Rico.
Hace un año la vecina Josefina Guzmán, en compañía de su cuñado Alex Reyes y otra vecina, Teresa González, relataron que desde el sábado 14 de septiembre a las 7 de la mañana llamaron continuamente al teléfono de emergencias 066 para alertar sobre el rápido crecimiento en el nivel de la presa y luego del desbordamiento, pero ninguna autoridad municipal, estatal o federal atendió la alerta.
“Tuvimos que salir de nuestras casas por las paredes y techos porque el agua estaba avanzando muy rápido y tratamos de sacar nuestras cosas, las más importantes”, agregó.
El cuñado de doña Josefina, Alex Reyes recordó que el sábado por la mañana notó el crecimiento de la presa, lo que le preocupó porque su casa está en el margen y él y sus vecinos llamaron por teléfono al 066 pero nunca llegó alguna autoridad.
“Desde las siete de la mañana empecé a llamar al 066, pero no me comunicaron con nadie ni nadie vino a abrir las compuertas, le dijimos a la señorita que contestó que estaba creciendo la presa, nos dio un número de Protección Civil pero nunca contestaron”, agregó.
Dijo que al ver que aumentaba el nivel del agua de la presa los demás vecinos empezaron a llamar también al 066 pero no les daban indicaciones ni solución, “nadie llegó, ninguna autoridad se presentó a pesar de advertirles lo que estaba por suceder”.
Ante la falta de atención de las autoridades los habitantes del asentamiento y campesinos que tienen sus siembras cerca de la presa decidieron, a las doce del día del sábado, abrir la compuerta de la presa para desfogarla porque las casas estaban siendo devoradas por el agua que se estaba acumulando.
Luego de las afectaciones, la Sedatu les entregó números de folio que les daban derecho de ser beneficiados en el proceso de reubicación. Sin embargo, de las 10 familias afectadas, solamente a tres les han notificado que están consideradas en la primera etapa de entrega de viviendas. El resto nada sabe.
Efrecia Cantú Solís, dijo que forma parte de la Coordinadora de Colonias y Comunidades Afectadas por el Río Huacapa y sus Afluentes (Cocoarha), que encabeza Gumaro Guerrero; sin embargo, ella no es tomada en cuenta en las decisiones de la organización porque no coopera económicamente para que los líderes del movimiento se trasladen a Acapulco o la ciudad de México a realizar las gestiones. Asegura que no es porque no quiera, pero es pobre, y no tiene recursos para apoyar.
“No nos piden mucho, a veces son cooperaciones de 50 pesos, pero vea cómo vivimos, a penas tenemos dinero para comer, así que no podemos cooperar, y por eso casi no nos toman en cuenta, a veces ni siquiera me avisan si hay o no avances, nos ignoran y no nos toman en cuenta, por eso ya casi no voy a las reuniones”, señaló.
Aseguró que cuando la colonia les donó esa parte, solicitaron la autorización de las autoridades municipales, quienes les permitieron construir ahí sus viviendas de madera. Pero ahora, con la advertencia de que ya no pueden permanecer ahí -según lo dicho por Vicario Castrejón- desconocen lo que sucederá con ellos, pues no ven avances en el proceso de reubicación.
A pesar del riesgo que representa vivir prácticamente dentro de la presa, no están dispuestos a abandonar sus viviendas, por lo menos no hasta que las autoridades les garanticen que recibirán una casa en el predio de El Mirador.




