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Chelsea gana su primera Champions League tras vencer en penaltis 4-3 al Bayern Munich

DPA

Munich

El Chelsea se consagró ayer como campeón de la Liga de Campeones europea por primera vez en su historia al derrotar con extrema angustia en la tanda de penales al Bayern Munich, después de un empate por 1-1.
El equipo dirigido por Roberto Di Matteo estuvo a dos minutos de perder el partido y tuvo que sufrir un partido de infarto para poder estrenarse como rey de Europa.
Con Didier Drogba y Petr Cech vestidos de héroes, tanto en los 120 minutos como en la tanda de penales, el conjunto inglés se adjudicó una victoria tan sufrida como histórica.
“La vida es fantástica. Yo creo mucho en el destino. Esto estaba escrito desde hace mucho tiempo atrás. Este equipo es increíble y le dedico este título a todos los entrenadores y jugadores que tuvimos antes”, aseguró el delantero marfileño, que ya marcó nueve goles en nueve finales disputadas con el Chelsea.
Así, el equipo de Londres pudo dejar atrás la pesadilla vivida en el 2008 en Moscú, cuando los penales le habían castigado, y además cumplir la obsesión de su dueño, el ruso Roman Abramovich.
El Bayern Munich se quedó a dos minutos de poder conseguir la que quizás fuera su Copa de Europa más especial, en su propio feudo.
El equipo conducido por Jupp Heynckes, que se coronó en las ediciones de 1974, 1975, 1976 y 2001, no pudo cortar una sequía de once años sin poder conseguir el máximo título europeo de clubes.
A su vez, Robben, que falló un penal decisivo en el tiempo extra, volvió a transformarse en el anti-héroe de su equipo, tal como sucediera en la final del Mundial de Sudáfrica 2010.
El desarrollo de los noventa minutos del tiempo regular encontró a un Bayern volcado en el campo rival y convencido de que debía llevarse el triunfo en su ciudad.
Mientras tanto, el Chelsea apostó a la misma estrategia del Camp Nou: esperar encerrado en sus primeros 20 minutos y aguardar a una jugada esporádica para poder convertir.
“Simplemente desperdiciamos muchas oportunidades. No supimos cómo aprovechar nuestras posibilidades”, afirmó un Heynckes decepcionado.
La historia pareció torcerse a favor de los anfitriones a los 83 minutos, cuando Toni Kroos lanzó un centro desde la izquierda y Thomas Müller se elevó ante todos para anotar con un cabezazo de pique al suelo.
Sin embargo, el Chelsea volvió a demostrar que le quedaba una bala en la recámara cuando todos lo daban por muerto.
Mientras el Bayern desperdició 20 tiros de esquina, el Chelsea necesitó sólo uno para poder quebrar la resistencia de Manuel Neuer.
A dos minutos del final, Mata lanzó el centro y Drogba se anticipó a Jerome Boateng para desatar la euforia de los casi 20 mil aficionados del equipo inglés presentes en el estadio Futbol Arena de Munich.
Ya en la prórroga, Robben reavivó los fantasmas de la final del Mundial 2010 de Sudáfrica y volvió a fracasar en una situación clave.
El holandés dispuso de un penal a los 94 y lo lanzó a las manos de Cech, que hizo el arco tan pequeño como en aquel penal de Lionel Messi en semifinales.
Ya en los penales, Ivica Olic enmendó el tiro fallido de Mata con un disparo a las manos del guardameta checo y luego Bastian Schweinsteiger pateó el balón al palo, para que Drogba cerrara su noche perfecta.
“Creo que el Bayern jugó un muy buen partido. Probablemente tuvieron más oportunidades que nosotros. Pero cuando se llega a los penales, se necesita un poco de suerte y a veces es una lotería”, dijo Di Matteo, quien en menos de cuatro meses condujo al Chelsea a los títulos de la Copa Inglesa y de la Champions.
El Chelsea se convirtió en el dueño del futbol europeo por primera vez en su historia y, después de nueve años de intentos, hizo realidad el sueño de su dueño, el ruso Roman Abramovich.
Unos 875 millones de euros (un millón 118 mil millones de dólares) gastados en fichajes, decenas de futbolistas comprados y ocho entrenadores fueron necesarios para que el empresario petrolero pudiera ubicar a su club en lo más alto del fútbol.

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