Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
*Los Chuchos soberbios, Cárdenas derrotado
La victoria de Los Chuchos en la elección interna del PRD es el más grande síntoma del cáncer que corroe las entrañas de ese partido. Desde luego, no es así como Los Chuchos y sus aliados de Alternativa Democrática Nacional (ADN) ven las cosas. Engolosinados y envalentonados porque momentáneamente presiden uno de los tres poderes del Estado y les llueven halagos del poder, son incapaces de interpretar de una manera objetiva el apabullante triunfo que obtuvieron el domingo pasado.
Las cifras preliminares del proceso perredista le daban el miércoles a la coalición de Nueva Izquierda, Alternativa Democrática Nacional y Foro Nuevo Sol un millón 268 mil votos, el 67.8 por ciento de la votación, cifra que a su vez garantiza a esos grupos unos 226 de los 320 lugares del Consejo Nacional. No hay duda de que ese predominio se reflejará el 5 de octubre, cuando el Consejo Nacional elija a Carlos Navarrete presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRD.
De acuerdo con Navarrete, Nueva Izquierda y sus aliados no pretenden aplastar ni arrollar al resto de las corrientes. “Les doy garantías de que eso no va a ocurrir. El 70 por ciento tiene derecho a conducir el partido, el otro 30 por ciento tiene derecho a ser tomado en cuenta y a participar en la medida de su representación”, explicó anteayer. Pero ese 30 por ciento no les alcanza a los demás ni para reclamar la secretaría general, advirtió, sitio ya reservado para el mexiquense Héctor Bautista, jerarca de ADN.
Pero no hace falta que una vez en el poder partidista Los Chuchos aplasten a sus adversarios internos: ya lo hicieron. Y entre los arrollados está Cuauhtémoc Cárdenas, cuya candidatura a dirigir el PRD se evaporó el domingo como era previsible que ocurriera. Finalmente ese era el objetivo de Los Chuchos, ratificar y consolidar su poderío y el control absoluto del PRD. La estrategia de pedir al Instituto Nacional Electoral (INE) que organizara la elección resultó una decisión brillante, pues aun cuando fue evidente el desaseo que ocurrió durante la jornada, la presencia del INE impidió que los grupos cayeran en el vandalismo que solían caracterizar las elecciones perredistas, y luego inhibió la presentación de denuncias. El saldo es que Los Chuchos obtuvieron así la legitimidad que otorga el hecho de no haber sido ellos quienes estuvieron al mando de la elección. Sin embargo, el legítimo triunfo de la alianza de Los Chuchos no significa que en el proceso no se haya desarrollado un mercado de compra y coacción del voto con el que se beneficiaron las principales corrientes. Guerrero es un ejemplo nítido de ese fenómeno y la corriente del gobernador Ángel Aguirre fue la que más utilizó el dinero –dinero público– para conseguir votos, como denunciaron insistentemente las corrientes avasalladas.
El efecto inmediato de la ratificación de la hegemonía de Los Chuchos es la derrota infligida a Cuauhtémoc Cárdenas. Es ahí donde puede percibirse el impacto de esta elección en el futuro del PRD. El hecho definitivo es que Cárdenas, la figura histórica del PRD, no tiene cabida en el PRD que emergió de la elección del domingo.
Así describió el próximo dirigente perredista el partido que Los Chuchos quieren: “Nueva Izquierda, ADN, Foro Nuevo Sol y Vanguardia Progresista comparten una visión de la política mucho más constructiva. Queremos un PRD que sea confiable para muchos mexicanos, un PRD al que la gente le entregue su voto para representarlo; no un PRD estridente, que pierda sus energías en actuaciones indebidas, no un PRD que vea solamente en negro”. (Reforma en El Sur, 11 de septiembre de 2014).
“No un PRD que vea solamente en negro” ni “estridente”, son los argumentos con los que los gobiernos del PRI combatieron siempre a la izquierda congregada en ese partido, y con los cuales se justificó la represión y las matanzas que ésta trajo consigo, materia en la que Guerrero hizo una abundante aportación. Algo debe haber pasado en el PRD para que ahora ese partido abandone su propia historia. ¿Cómo harán Los Chuchos compatible su postura de una “política mucho más constructiva” con la “estridente” campaña encabezada por Cárdenas para revertir la reforma energética, tarea que se supone la dirigencia perredista apoya?
Navarrete atribuye a la votación que obtuvo su corriente el valor de un aval a la dirección que Los Chuchos han dado al PRD, de ahí que se ufane de que “quienes afirmaban que la base del partido rechazaba la actuación de Jesús Zambrano y la actual dirección del partido, quedaron defraudados”. Con ese criterio, para el próximo dirigente “un millón 900 mil perredistas les taparon la boca el domingo pasado” a quienes pronosticaban que su partido iba a sufrir un éxodo y se iba a dividir por la irrupción del partido de Andrés Manuel López Obrador en el escenario político. Tan seguro se siente después del domingo, que advirtió “que nadie piense y que nadie se imagine que me voy a pasar peleando con Morena a ver qué partido es más grande. Eso lo decidirán los electores con su voto en 2015”.
Es cierto que lo van a decidir los electores, pero peca de soberbia Navarrete, pues confunde el resultado del control que Nueva Izquierda ejerce internamente en su partido, con la reacción del electorado nacional. A pesar de que desde el poder priista se ensalza al PRD de Los Chuchos como la “izquierda democrática”, en realidad es Morena el partido que mayor entusiasmo electoral suscita rumbo a los comicios de 2015 y 2018, y es muy probable que desplace al PRD y aún al PAN. La explicación de ello es que mientras más depositan Los Chuchos el futuro del PRD en la colaboración con el gobierno del PRI, como lo hicieron en el Pacto por México, más se deteriora la imagen de ese partido como una organización de izquierda. Es muy posible que la elección de 2015 sea la última en la que el PRD participe con cierta fuerza antes de desbarrancarse en la irrelevancia y la chabacanería, que son las marcas distintivas de Los Chuchos. Ante todo ello, la gran incógnita hoy es qué hará Cárdenas, o qué harán Los Chuchos sin Cárdenas.




