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Estudian en tiendas de campaña 275 niños desplazados de San Marcos Majada de Toro, Chilapa

Al concluir su educación secundaria, los niños de San Marcos Majada de Toro, en la Montaña de Guerrero, están condenados a trabajar para subsistir. Por la pobreza en la que viven, de 100 estudiantes que cada año egresan de la telesecundaria, sólo cinco siguen estudiando, dijeron padres de familia.
El director del Centro de Derechos Humanos José María Morelos, Manuel Olivares, consideró que a los niños de esa región se les está violando su derecho a la educación y al desarrollo, y que los gobiernos promueven esta situación porque les conviene mantener en la ignorancia y miseria a los pueblos indígenas, porque en cada elección los utilizan para legitimar su sistema de gobierno y modelo económico.
En el campamento de los desplazados de San Marcos Majada de Toro, hay 11 casas de campaña donde 275 niños estudian la primaria, 120 la telesecundaria y 80 el preescolar. Cada casa de campaña está dividida para dos grupos.
Los padres dicen que el futuro de sus hijos al terminar la secundaria es el trabajo, por la falta de dinero y porque no hay preparatoria.
Dijeron que de unos 100 niños que egresan cada año de la telesecundaria, sólo cinco continúan sus estudios de bachillerato o preparatoria en las comunidades de El Epazote o Mexcalcingo, municipio de Chilapa, o en Colotlipa, en Quechultenango, “y si no hay dinero ni modo, a trabajar en el campo”.
Los demás ya no estudian, se casan y siembran maíz o frijol. Algunas niñas se van a Cuernavaca a buscar trabajo en las casas, en tareas domesticas.
Los niños se van a Chilpancingo o a Iguala a ofrecer su mano de obra en trabajos de albañilería o salen a vender fruta en carretillas a otras ciudades, entre ellas Acapulco.
“Los padres no tienen dinero, como aquí somos campesinos no tenemos recursos. Por eso muchos nomás ahí llegan (a estudiar la telesecundaria), se van a trabajar, se casan y se van a cuidar las vacas, a limpiar frijol y a la siembra”
Un padre dijo que antes los niños a los 12 años ya tenían que trabajar para ayudar a mantener a la familia, pero ahora trabajan al terminar la secundaria, como a los 15.
En San Marcos Majada de Toro no recuerda que haya un profesionista, sostuvo un señor joven mientras ayuda, con otros padres, a levantar lo que será la cocina que servirá para que los pequeños estudiantes reciban una comida al día.
Los trabajos son coordinados por el presidente del Comité de Padres de Familia, Juan Ciriaco Sánchez, quien dice que no tiene trabajo y “si bien les va” a sus dos hijos les da cinco pesos. En su vivienda, sus niños duermen en el suelo.
En la hora del recreo, muchos niños van a sus viviendas a almorzar o compran dulces o chicharrones con las señoras que instalan sus puestos en el cerro; y toman agua de las mangueras instaladas por los vecinos, tiradas en el suelo.
El campamento escolar no tiene baños ni letrinas, por lo que los niños van a una barranca que está a unos 100 metros de distancia. Tampoco hay energía eléctrica. (Luis Daniel Nava / Chilapa).

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