Ramón Sosamontes
¿A dónde iban las armas?
Menos de 68 días para la elección para gobernador y serán días críticos, reducidos por las fiestas tradicionales de fin de año y seguramente con altibajos en cada una de las campañas y salpicadas por la propia situación nacional y uno que otro incidente estatal que vaya a querer cambiar su curso.
La sociedad guerrerense, los partidos políticos y el gobierno del estado no deben pasar inadvertida la detención del joven Ricardo Taque Giuz de origen guatemalteco, quien al parecer, llevaba junto con otra persona un arsenal en la cajuela de un taxi amarillo. La policía municipal como debe ser, lo entregó a las autoridades correspondientes, quienes lo presentaron con huellas de golpes en el rostro y sin poder caminar.
La primer versión es que las armas iban a ser entregadas a un “grupo guerrillero que opera en Guerrero” y que serían utilizadas el 2 de diciembre en la conmemoración de un aniversario mas de la muerte –asesinato– de Lucio Cabañas cuyos restos están en Atoyac de Álvarez, lo cual de inmediato fue desmentido por los organizadores.
No hay que olvidar que si ahora en Guerrero la población esté votando e inclinándose por la izquierda se debe en gran parte a la lucha de autodefensa y guerrilla que se dio en los años 60 y 70, desde luego reconociendo la actividad del Partido Comunista Mexicano. E incluso por esa influencia los que votan por otros sectores, incluyendo a priístas, también se han mantenido en una idea nacionalista y de defensa del Estado laico, por ello ni el PAN ni las ideas conservadoras tienen muchos adeptos.
Se tiene que revisar con amplitud social y no policiaca la actividad de Ricardo Taque, cerciorarse a quién iba ese armamento, porque a su vez de ahí se derivarían varios análisis. Uno de ellos es que no sea así, que las armas iban para guardias blancas, narcotraficantes, etc. Desde luego el análisis sería otro, pero igual hasta más delicado. Son de los incidentes que pueden surgir y si no se tratan con análisis social y político pueden desbordar conductas que no sean apropiadas para estos momentos de la campaña electoral.
No olvidemos que ya en elecciones pasadas se usaron estos incidentes para descalificar a la izquierda o bien para imponer una situación de violencia. Por cierto los medios de comunicación están creando la percepción de que en la campaña no hay propuestas para los problemas, sólo descalificaciones y argumentos de índole personal. Esto puede llevar a la abstención.
Hay que tomar en cuenta lo que nos dice el Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) en su revista El Paliacate: que los tres partidos políticos – PRI, PAN y PRD– “que gobiernan el país están perdiendo su capital político y ya estropearon cualquier confianza que algunos sectores sociales le brindaron en distintas elecciones federales y locales”. (Reforma 30 de noviembre.) O sea que ven igual a tirios y troyanos y de ahí que no existan las treguas de facto que alguna vez le ofrecieron a Heberto Castillo en 1996, allá en el poblado de El 30.
No hay que dejar ir una conducta que altamente se debe valorar. En otras elecciones intermedias tanto el EPR como el ERPI y otras agrupaciones de autodefensa se han mantenido en vigilancia y no han intervenido durante la jornada electoral. Las cosas pueden cambiar. De inmediato se deben mandar mensajes y sobre todo solucionar asuntos que están en la mesa del gobernador sobre la agenda social.
Por eso entre otras cosas, los partidos y sus candidatos, Héctor Astudillo, Zeferino Torreblanca, y Rene Juárez como gobernador deben redoblar esfuerzos y compromisos para que el clima político sea el mejor ahora y durante la jornada electoral. El clima debe ser pacífico y sin ninguna posibilidad de violencia.




