Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Aún esperan ser reubicados los vecinos de Venta Vieja, Acapulco, a un año de la tormenta

*Donde antes hubo un pueblo con más de 200 habitantes ahora sólo quedan cuatro casas en pie. Recuerdan los afectados como el río Papagayo se llevó sus viviendas una a una  mientras ellos veían desde los cerros donde se refugiaron

Lourdes Chávez

Venta Vieja / Acapulco

La copiosa lluvia de la noche del 15 de septiembre de 2013 y el crecimiento inesperadamente rápido del río Papagayo, sorprendieron a los pobladores de Venta Vieja, quienes buscaron refugio en los cerros y vieron, a la mañana siguiente, como una a una sus casas fueron cediendo a la corriente del agua que salía con fuerza de la presa hidroeléctrica La Venta, desbordada y en ruinas.
El pueblo, que se fundó con familias de trabajadores que construyeron la presa hace cincuenta años, se encontraba a poca distancia del desagüe de la central hidroeléctrica, frente a la Autopista del Sol, entre Chilpancingo y Acapulco, junto al cauce del río Papagayo, pero a mayor altitud. Los afectados, reconocieron que no esperaban ese resultado.
Donde antes hubo un pueblo con más de 200 habitantes, que vivían en condiciones de alta marginación según el censo de población y vivienda del INEGI 2010, sólo quedaron en pie tres o cuatro viviendas en lo que parece una isla en medio de un río de piedras y escombro; perdieron todos sus bienes.
A la fecha, la mayoría de los afectados viven en los pueblos cercanos con familiares; cinco familias aún se encuentran en el zócalo y la comisaría municipal de Agua de Perro, la localidad más cercana a la presa, donde se instalaron los albergues; algunos volvieron a Venta Vieja.
Lucía Peralta Mendoza regresó a una de las casas en pie junto a la presa, luego de 15 días como refugiada en una primaria en Tierra Colorada, la cabecera municipal donde se albergaron en un primer momento los damnificados de la zona, y dos meses en la comisaría de Agua de Perro. Las autoridades educativas prácticamente sacaron a los damnificados de las escuelas que sirvieron de albergue, para reanudar las clases.
Lucia Peralta aclaró que la presa no representa un riesgo porque el agua que pasó por la encima de la cortina de acero hace un año destruyó las partes principales de la central hidroeléctrica, arrastró las compuertas y no está en operaciones. Hoy se puede observar el agua turbia y “chocolatosa” de la nueva temporada de lluvias salir sin freno de la cortina abierta.
Silvestre Peralta, que también vive en lo que queda de Venta Vieja con su familia, recordó que antes del siniestro, personal de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Acapulco (Capama), llegaba a primera hora luego de una noche de lluvia a verificar que las compuertas de la presa estuvieran abiertas el menor tiempo posible, para evitar la turbiedad del agua que afecta las bombas del suministro en el puerto. Consideró que por esa razón, la presa casi estaba llena.
El desbordamiento de la presa también ocasionó la inundación de Omitlán, ubicado junto al río del mismo nombre, que se une al Papagayo antes de llenar la central hidroeléctrica.
Hace cuatro meses, la CFE reconoció que el lodo de La Venta ocasionaba la turbiedad, afectando la producción de agua en la planta potabilizada de El Cayaco (en Acapulco) al taponar los filtros por las grandes cantidades de tierra que lleva el agua. Para atender este problema, dijo que se aplicaron “mayores cantidades de químicos para poder cumplir con el proceso de potabilización… y evitar el taponamiento por algas en los módulos sedimentadores”. No se precisaron las sustancias que le ponen al agua.
En Venta Vieja parece que el tiempo se detuvo. No se notan cambios desde la contingencia, pues todo el pueblo será reubicado fuera de la cañada del río. Lucia Peralta, con otros afectados, coincidió en que la entrega de las viviendas se prevé para el próximo domingo 14, como para conmemorar el primer aniversario de la inundación.
En un recorrido, señaló el sitio donde estaba su casa con techo de lámina, con un corredor y una cocina amplios, justo frente a la telesecundaria, de la que no quedaron rastros. Recordó que la iglesia no había cumplido un año de construcción cuando ocurrió la tempestad, “ahí quedó todo aplastado”, dijo mostrando el escombro. De las nuevas casas, confirmó que le va a tocar una “aunque quepa parada, ni modo, como me la den”.
De la contingencia, recordó que fue de las últimas en salir de su domicilio, confiaba en que la crecida del río no la afectaría porque su casa estaba cerca de la falda del cerro, y tiene una menor con discapacidad que era necesario sacar cargando. Pero el nivel del agua rebasó todas las consideraciones, llegó a la primera hilera de árboles en la ladera de los cerros, el nivel puede distinguirse por las raíces que dejó al descubierto.
Indicó que a las 7 de la mañana del domingo 16 salió con su familia a refugiarse en el cerro, como todas los demás, con los riesgos de deslaves, subieron como pudieron a la Autopista de Sol. Alrededor de las 4 de la tarde una patrulla de la Policía Federal los llevó a Tierra Colorada.
Cerca de las casas en construcción para los damnificados, una de las afectadas que viven en Agua de Perro, Rosa Icela Ojeda Reynoso, observó con optimismo los avances de las viviendas, porque a la fecha vive en el pequeño quiosco de Agua de Perro que acondicionó como residencia temporal.
De la tormenta, recordó que la mayoría de los vecinos estaban despiertos por la fiesta del grito de Independencia y porque se transmitía la pelea de box con El Canelo en televisión abierta.
Indicó que la mayoría de los niños estaba corriendo por todos lados cuando trabajadores de la CFE, que también son vecinos del lugar, les avisaron que el nivel del río estaba subiendo muy rápido, así que se alistó para subir al cerro a pasar la noche; su hijo, incrédulo, la siguió después.
Añadió que cuando amaneció el pueblo estaba inundado, y en el momento que cayó con un gran estruendo el techado de lámina de la cancha de basquetbol, se dio cuenta que sus casas tendrían el mismo destino, “con cada casa que se caía, iba un pedacito de corazón”, dijo.
Ojeda Reynoso reconoció que en ese momento pensaba volver a sus tierras, pero la lluvia no cedía y a las 4 de la tarde, las familias rezagadas comenzaron a subir hacia la carretera de cuota, que se observa desde la parte baja junto al río, para buscar refugio.
Hace mes y medio, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) informó que en Venta Vieja estaba en proceso la construcción de 112 casas, de 63 metros cuadrados cada una, en un terreno de reubicación para evitar riesgos por inundación.
Anunció que en la comunidad se acondicionará una escuela, una cancha deportiva, calles, servicio de agua potable y luz eléctrica.
Esta semana se constató que muchas casas estaban terminadas en obra negra, continuaba el levantamiento del total de las viviendas sobre varias colinas bajas que fueron aplanadas para colocar encima la nueva infraestructura. Faltan las calles y los servicios.
Entre el relieve de las lomas, hay bajadas de agua que sirven de escurrimientos de los cerros, que permite suponer que además de calles, los vecinos podrían necesitar algunos puentes en temporadas de lluvia. El terreno, de acuerdo con la Sedatu, debe contar con dictámenes de vivienda de Protección Civil.

468 ad