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Por Tomás Tenorio Galindo

¿La hora de la izquierda?

El secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, declaró el martes de la semana anterior que al gobierno estadunidense no le importaría que en México se estableciera un gobierno de izquierda, siempre y cuando fuera elegido democráticamente en las urnas.

Esa declaración dio lugar a algunas reacciones interesantes. Por ejemplo, el empresario Claudio X. González, director general de la firma Kimberly Clark y presidente del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, dijo que efectivamente México está preparado para un gobierno de izquierda, pero introduciendo un matiz agregó que de “izquierda moderna, no para una izquierda retrasada, vieja, populista, recalcitrante, y que no quiere ni tiene la audacia de realmente hacer lo que se tiene que hacer”. Y para ilustrar “lo que se tiene que hacer”, recordó los casos de España, Chile y Gran Bretaña, “países muy competitivos con economías de mercado incluyentes y con estado de derecho”. Y a continuación, este prominente líder empresarial hizo un elogio a tres políticos de izquierda: al senador Demetrio Sodi, al gobernador Lázaro Cárdenas Batel y a Cuauhtémoc Cárdenas (El Universal, 12 de noviembre de 2004).

Cuauhtémoc Cárdenas también hizo comentarios en torno a las palabras de Powell. Cárdenas dijo que México está encaminándose por la vía de la izquierda, como sucedió en Brasil, Argentina y Uruguay. Y, según una nota del diario Reforma, planteó que es necesario “trabajar en un proyecto de izquierda que busque espacios de coincidencia con los diversos sectores de la sociedad” (Reforma, 11 de noviembre de 2004).

Coincidentemente, una firma de consultoría económica estadunidense, Standar & Poors, hizo público el miércoles 10 de noviembre un reporte en el que sostiene que México podría ser gobernado a partir de 2006 por un partido de izquierda. Y advierte: “En la medida en que los cambios de colores políticos no impliquen un cambio grande en política económica, el riesgo de una baja en la calificación parece limitado”. En un recordatorio del contexto en el que se produjo el triunfo de Luis Inacio Lula en Brasil hace dos años, la firma indica que “tal optimismo y sentido de la oportunidad influyen las aspiraciones del Frente Amplio-Encuentro Popular de Uruguay, y del PRD en México, después de años en que ninguno de estos partidos eran considerados como una alternativa viable” (Reforma, 11 de noviembre de 2004).

Es posible asumir la declaración de Powell como un acto de reconocimiento de la realidad por parte de Estados Unidos. Reconocimiento de que América Latina ha madurado alternativas políticas serias y responsables, y de que ante ello son ya inviables las posturas cerradas de Washington. Porque, por otra parte, en México hace mucho que se sabe que la izquierda agrupada en el Partido de la Revolución Democrática constituye una alternativa de gobierno. En 1997 obtuvo el gobierno de la ciudad de México, el más importante de sus victorias electorales pero no la única, pues también gobierna en un puñado de estados.

En tanto opción de gobierno, la izquierda ha dejado de ser estigmatizada en el país. Hoy no sólo gobierna en amplias porciones del territorio nacional, sino que mantiene fuerte presencia en el debate público. En la percepción generalizada –salvo excepciones–ya no es aquella izquierda rijosa y contestataria, proclive a la oposición ciega y aun violenta que suscitaba rechazos.

La incorporación plena de la izquierda al ejercicio del gobierno y al ejercicio legislativo es una muestra ejemplar de la evolución política experimentada por nuestro país. La pluralidad, característica de las democracias, es una realidad indiscutible.

Pero para que esa transformación se diera, no sólo tuvieron que cambiar las condiciones políticas del país; sobre todo, tuvo que cambiar la izquierda. La reforma política instrumentada en el sexenio de José López Portillo debe todo a las fuerzas de izquierda, que de forma absurda estaban proscritas en México. Y la izquierda debe todo a esa reforma. A partir de ese momento, la izquierda ha crecido hasta alcanzar el escalón en el que se encuentra ahora. Con la incorporación de las fuerzas de izquierda al marco institucional, así como con el proceso de moderación y maduración que experimentaron las fuerzas izquierdistas, el país resolvió un conflicto innecesario que no podía prolongarse más tiempo sin que se incrementara la factura a pagar por ello.

Si reconocemos a Cárdenas como un vocero representativo de la izquierda perredista, podemos confirmar en sus palabras que el largo y accidentado viaje de la izquierda mexicana se acerca a su final con la adquisición de posturas democráticas, abiertas, conciliadoras. Eso significa plantear la búsqueda de “espacios de coincidencia con los diversos sectores de la sociedad”, uno de los cuales es precisamente el sector privado. Hoy, Cárdenas coincide con Claudio X. González, y éste coincide con Cárdenas. Y si a ello agregamos el mensaje explícito emitido por el Departamento de Estado, en el sentido de que Washington no tendrá objeciones si la izquierda gana la Presidencia en el 2006, es posible concluir que el país está preparado para la izquierda. Pero la cuestión ahora es otra: ¿estará la izquierda preparada para el país? Esa es la pregunta que debe ser respondida. [email protected]

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