Fernando Pineda Ochoa
Retos y perspectivas del PRD en Guerrero
(Tercera y última parte)
Durante las últimas cinco décadas ha habido una confrontación entre la parte más activa de la población y el gobierno que representa los intereses de los caciques. En el transcurso de este proceso (cuyo momento más álgido 1967-1980, es conocido como la guerra sucia, periodo en el que se registran 630 expedientes de personas “desaparecidas”, sin contar el número de muertos), los hombres y las mujeres del sur han adquirido una firme conciencia de lucha, convencidos que la única manera de detener las injusticias es por medio del movimiento social organizado.
El dominio político-económico ejercido en las siete regiones que componen el estado de Guerrero, sigue imponiéndose a través del poder caciquil. Actualmente dos fuerzas son las dominantes: el grupo de Rubén Figueroa Alcocer y el de Ángel Heladio Aguirre Rivero, ambas con sus respectivos afluentes regionales y municipales. Precisamente estos clanes, más el gobernador en turno, son los que controlan al estado y fueron quienes designaron al candidato del PRI para contender en la próxima elección gubernamental.
El Partido de la Revolución Democrática
Se requiere tener siempre presente los orígenes del PRD. Este partido es producto de la movilización ciudadana, que salió a la calle a exigir el respeto al voto, que habían emitido a favor del candidato a la Presidencia de la República, del Frente Democrático Nacional el 6 julio de 1988.
Ese histórico triunfo mostró que sí era posible derrotar al PRI en las urnas y como producto de esa insurgencia cívica, fue estructurado el 5 de mayo de 1989 el Partido de la Revolución Democrática. Característica esencial del nuevo organismo partidario fue su amplia base social y su diversidad política e ideológica; pero esta última virtud, al poco tiempo, se transformó en una traba para el avance del partido. Las discusiones en torno a proyectos y principios dieron un giro e inició la confrontación por alcanzar posiciones de poder.
El PRD guerrerense tiene cualidades que lo distinguen del resto perredista. Señalaremos tres particularidades: primero, el grueso de su militancia desde su fundación, proviene de la izquierda; segundo, es un partido que tiene una vasta aceptación popular; en estos momentos gobierna al 60 por ciento de los guerrerenses y si bien no ha ganado la gubernatura se debe, principalmente, a la utilización de la maquinaria del Estado por parte de la clase gobernante que no se detiene ante nada con tal de seguir controlando el poder. Podemos decir que en cierto modo “el PRI guerrerense es un PRI ignorante y bárbaro”, pero indudablemente experimentado y sin escrúpulos en el manejo faccioso para dominar a amplias capas de la sociedad; y tercero, los perredistas surianos pusieron la mayor cuota de sangre, cuando la embestida salinista intentó acabar con la revolución democrática.
Si bien es cierto lo anterior, también tenemos que aceptar que el PRD local no escapa a las deficiencias y altibajos que han caracterizado en los últimos años al partido.
Varios son lo señalamientos: 1) poner por encima de cualquier otra actividad la lucha electoral y por este camino llegar a un pragmatismo a ultranza, donde lo importante son los puestos de gobierno y de elección popular, además de fomentar prácticas clientelares y corporativas; 2) alejamiento paulatino de las organizaciones sociales y del movimiento social en general; 3) falta de institucionalidad en la vida interna del partido; 4) desarticulación entre la dirección y los comités de base; 5) abandono de la discusión teórica y de la formación política; 6) prácticas (sobretodo en los eventos electorales internos) que nada tienen que ver con la democracia y sí mucho con los añejo vicios priístas.
Una señal inequívoca de que las cosas no se están haciendo bien son las elecciones federales de julio de 2003 para la integración de la 59 legislatura. El descontento de los mexicanos por la evidente incapacidad del gobierno foxista y su partido (PAN), para resolver problemas urgentes que asfixian a los mexicanos; el desprestigio y desconfianza que distinguen al PRI, no fueron motivo –como hubiera sido lo lógico– para que los ciudadanos buscaran una alternativa en el PRD e irremediablemente el abstencionismo mandó a la bancada perredista hasta el tercer lugar.
Esta exposición, que a nuestro criterio precisa los puntos neurálgicos del perredismo, requiere de una discusión profunda y de una autocrítica seria. Cada uno de los puntos expuestos demanda de una cirugía mayor que posibilite una transformación cualitativa del Parito de la Revolución Democrática. Este preocupante panorama reclama:
1. Abrir los espacios necesarios para realizar una discusión permanente. Las distintas expresiones: R-DIR, Cívicos, Foro Nuevo Sol, Nueva Izquierda, M-27 y otras corrientes locales, además definir la disputa política cotidiana y coyuntural (cosa que regularmente no se hace o se hace a medias), elaboren la estrategia de largo aliento. Existen una variedad de temáticas teóricas a debatir, por ejemplo: ¿Qué puede representar en México la Socialdemocracia? (Chuchos y Amalios); ¿Cuál es la validez actual del nacionalismo revolucionario? (Cárdenas y en cierta medida López Obrador); ¿Qué debemos entender por Izquierda Popular? (R-DIR, MIL y otros); ¿Qué sabemos de la Izquierda Social y de la Izquierda Institucional? (debate internacional: Globalifóbicos, EZLN ); ¿Cuál es el papel de la Democracia? (un estudio indispensable) ¿Tiene validez el marxismo y el socialismo en el Siglo XXI? (una discusión pertinente) y lo relacionado con el papel que el sindicalismo debe jugar en este nuevo milenio; obviamente es obligatorio el análisis para proponer salidas a la problemática económica-social, histórica y contemporánea de Guerrero. En ese mismo tenor debe edificarse una nueva cultura y práctica política, donde la ética y los principios ocupen un lugar prominente.
2. El modelo de partido que demandan militantes de base (añadiendo a importantes sectores de la sociedad) incluye en primer plano el respeto a la institucionalidad y ésta sólo puede lograrse implementando medidas concretas, para hacer respetar y cumplir de manera irrestricta los acuerdos y la normatividad interna. Podemos adelantar la urgente capacitación política y la instauración de instancias democráticas, como dos soportes imprescindibles.
3. El tipo de militantes, la afiliación, es un asunto a considerar. Por ahora, la línea organizativa estatutaria mantiene la idea de una inscripción abierta, discrecional; una posición distinta sería el proponer afiliados de otro tipo, es decir, serían reclutados únicamente los ciudadanos interesados en practicar una política regular. Para ello es indispensable poner requisitos mínimos: conocimiento del programa, línea política, estatuto, militantes que aporten al partido y al mismo tiempo sepan reclamar sus derechos como perredistas.
4. El fortalecimiento de los comités de base, sectoriales y municipales, donde se discutan los problemas propios de las comunidades, del sector y la mecánica del conjunto partidario. Esta práctica debe llevarnos a la descentralización de la dirección y terminar con las decisiones cupulares.
5. Inserción del partido en la lucha social. La vinculación con los principales actores permitirá visualizar correctamente los graves conflictos que aquejan a la mayoría de los habitantes de Guerrero; exigir, a la autoridad correspondiente soluciones a los mismos y participar conjuntamente en un nuevo proyecto que proporcione la viabilidad de cimentar una sociedad más igualitaria, son tareas paralelas e inmediatas.
6. La participación electoral, que es de suma importancia dado que es la forma pacífica de elegir a los funcionarios gubernamentales y a los representantes populares, debe erigirse no bajo la consigna de ganar puestos, sino con la visión de organizar transformaciones sociales en beneficio de las grandes mayorías.
7. Estructuración de una estrategia de alianzas. La única manera de cumplir con un proyecto social comprometido con los sectores populares, es integrando un amplio frente social y político (más allá de la coyuntura electoral), en el cual estén circunscritos trabajadores y empresarios. Una alianza pluriclasista y multidireccional, donde queden incluidos campesinos, indígenas, trabajadores urbanos, empresarios, miembros de la clase media, grupos minoritarios, agregando contingentes de priístas democráticos. Tanto para derrotar al actual régimen como para construir la institucionalidad democrática y terminar con rezagos sociales, se requiere una nueva mayoría, un nuevo bloque gobernante.
8. Organización, a todos los niveles, del proceso electoral. Conformar una estructura organizativa en la que participen, concientemente, contingentes importantes de la sociedad civil.
9. Elaboración de una propuesta de transformación económica, política, social y cultural para el pueblo de Guerrero. Programa de Gobierno.
10. En este ámbito se inserta el proyecto de la conformación del Polo de Izquierda tanto interno (PRD) como hacia el exterior con otras fuerzas políticas, priorizando la alianza con las organizaciones sociales y productivas, incluyendo a intelectuales, grupos indígenas y miembros de diferentes sectores. Es pertinente preparar un calendario de discusiones e implementación de tareas.




