Arrastre de arena y mobiliario y exposición de nidos de tortuga en playas de la bahía, deja el alto oleaje
Karla Galarce Sosa
Las marejadas que provocó el huracán Polo arrastraron arena de playa Hornos y depositaron en su lugar piedras, además de que formaron diques que no había en playa Dominguillo y cambió la morfología de la franja de arena en algunas áreas de la bahía de Santa Lucía.
Además del arrastre de mobiliario de playa y la destrucción de toldos o sombrillas a particulares o cooperativistas asentados en la zona federal, el alto oleaje descubrió nidos de quelonios marinos en playas como La Gamba y Hornos, que no lograron ser rescatados por los prestadores de servicios turísticos, aunque sí un escaso número fueron resembrados por el integrante de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Miguel Licea Gonzálezm el miércoles por la tarde.
En un recorrido por la bahía, los prestadores de servicios turísticos y comerciantes comentaron que las marejadas causaron encharcamientos en algunas playas como Tamarindos, Dominguillo y en la Papagayo, donde ellos mismos tuvieron que abrir pequeños canales en la arena para permitir que el agua fluyera.
En playa Tamarindos, el fuerte oleaje arrastró parte de la arena, redujo las dunas de arena que había y dejó la playa “parejita” como la describieron algunos comerciantes.
Rogelio Lázaro Romero informó que el mar destruyó ocho toldos grandes y cinco pequeños de su negocio, de los que estimó una pérdida de más de 25 mil pesos tan sólo en ese material. Además de los toldos perdió también algunos barrotes de madera que utilizaba para colgar hamacas y ofrecerlas a los turistas.
La concesionaria Elodia Sánchez Torres comentó que en ese tramo de playa el miércoles por la mañana las olas alcanzaban más de cinco metros de altura y llegaron hasta la plaza Estados Unidos, donde el mar se estancó hasta que algunos empleados de otros negocios que fueron inundados como el de ella y tuvieron que cavar una zanja para permitir que el agua saliera de allí.
En esa playa, Sánchez Torres indicó que el agua descubrió al menos cuatro nidos de tortugas marinas que fueron reubicados en espera de que el cambio de zona afecte a los embriones, pues mencionó que Miguel Licea le informó que por la consistencia de los huevos, las tortuguitas estaban listas para nacer.
Fue el mismo caso de la playa La Gamba, donde el mar también descubrió algunos nidos, pero que no corrieron con la misma suerte y el agua los arrastró.
Comentaron que en un tramo de playa Papagayo, el mar arrastró la arena y depositó en su lugar piedras y que los materiales eran removidos de una playa a otra, por lo que las texturas de la zona federal serían diferentes después del fenómeno.




